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El vendaje ayuda a prevenir lesiones
en jugadores de voleibol "Las primeras se producen en los bloqueos -al tapar un remate del contrario- y afectan sobre todo a los extensores. El impacto con el balón hace que el dedo vaya hacia atrás y se lesionen los ligamentos", comenta. Este gesto, según Andrés, provoca el 90 por ciento de las lesiones de los dedos. Muchas veces aparece lo que se conoce como dedo en martillo, que provoca la rotura del extensor del segundo, tercer o cuarto dedo y que en ocasiones está asociado al desplazamiento o arrancamiento de la segunda falange. El bloqueo también origina capsulitis -inflamación de la cápsula articular- y sinovitis traumáticas. También influye en la aparición de esguinces en la articulación metacarpo-falángica, que se localizan fundamentalmente en los ligamentos laterales de las articulaciones interfalángicas del segundo tercer y cuarto dedo, así como en el primero en el caso de los colocadores, que son los jugadores encargados de habilitar buenos balones a los rematadores. "Esta dolencia se produce más en los niños por la gran importancia que tiene la técnica en su prevención", afirma el especialista. Luxaciones Los jugadores de voleibol también están acostumbrados a convivir con las luxaciones y subluxaciones de las articulaciones interfalángicas. Según Andrés, "es habitual que la distal se monte sobre la medial y que ésta lo haga sobre la proximal, lo que hace que el dedo adquiera una forma de escalón. En estos casos hay que comprobar si se ha producido una lesión capsular, ya que no es infrecuente". El tratamiento inmediato consiste en reducir la luxación presionando la estructura que se ha descolocado hacia atrás y abajo. Uno de los mecanismos que provoca esta dolencia es el contacto directo del balón con la punta del dedo mientras se encuentra completamente extendido. En baloncesto y balonmano también se repiten con asiduidad. Existe un vendaje específico para cada una de estas lesiones. Para prevenirlas hay que tener especial cuidado en proteger los ligamentos laterales, flexores y extensores. Tal ha sido la aportación del vendaje a la prevención de este tipo de lesiones que su incidencia ha disminuido significativamente en los últimos años a diferencia de otras, como el esguince de tobillo o la tendinitis del hombro, que siguen apareciendo con la misma frecuencia. En el tobillo repercuten especialmente los saltos que terminan en un apoyo irregular del pie. No es raro que en el aterrizaje se acabe pisando a un compañero. En el caso del hombro, la repetición del gesto de remate es la antesala de la lesión. A. García |
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