poema

Aguinaldo de Reyes

©Andrés Díaz Marrero

El niños miraba
absorto al lucero,
plateado sendero
que en lo alto brillaba.
Luz acrisolaba
su intenso fulgor,
mensaje de amor,
divina presencia,
luminosa esencia,
grato resplandor.

Sin ser estrellero
la reconocía.
En la noche fría
en tiempos de enero
le alumbra el sendero,
por divinas leyes,
a Tres Santos Reyes
que han de visitar
para regalar
a infantiles greyes.

Todo era alborozo
en su corazón.
Aquella ocasión
era puro gozo.
Cuando el jubiloso
astro señalaba
que la hora llegaba
de rayar el día,
con gran alegría
él los esperaba.

En la madrugada
cumplen la promesa,
la amorosa empresa
dan por terminada.
La hermosa alborada
nos trae alegría,
la chiquillería
despierta gozosa,
estampa gloriosa
de la epifanía.


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