poemaLa epifanía

©Andrés Díaz Marrero

El rastro de luz de estrella
que cruzaba el firmamento
era un acontecimiento
sublime, en la noche aquella.
Extraordinaria epopeya
de Tres Magos que cruzaron
y desde lejos viajaron
hasta un portal en Belén
a traerle el parabién
al niño que allí encontraron.

Con destellos de humildad
en nuestras almas dejaron,
los Magos que allí llegaron,
la semilla de hermandad.
Para que la humanidad
comprenda que es el servir
lo que al fin habrá de ungir
de esperanza al ser humano,
que el prójimo es nuestro hermano,
nuestra razón de existir.

Un mal rey quiso engañar
a los Tres Magos de Oriente
—Sabios, estoy impaciente
por también irle adorar.
Indíquenme el lugar
cuando de verle regresen.
—Que los Tres Magos sintiesen
que mentía aquel malvado
fue el ingrediente acertado
para que ante él no volviesen.

Los Magos se dispersaron
después de lograr su empeño,
avisados en un sueño
otro camino tomaron.
A Herodes le disgustaron
las nuevas que le avisaban,
noticias que le anunciaban,
la llegada de un mesías,
mientras sus manos impías
de rabia y temor temblaban.

Nació Jesús en Belén
en tiempos del rey Herodes.
Espero no te incomodes,
contaré en un santiamén;
cuando la espada a cercén
degolló a los inocentes.
Fueron soldados carentes
de piedad y humanidad,
cegados de ira y crueldad,
desalmados e inclementes.

Tan inmensa la perfidia
fue de aquel monarca cruel
que no detuvo el tropel
de atropellos y de insidia.
Pero no pudo la envidia
evitar que sucediera
y que en pesebre naciera
entre pajas y animales
ajeno a lujos reales
y entre los pobres viviera.

¡La profecía cumplida!
Ya nada quedaba, nada.
Era inservible la espada
la criatura era nacida.
La maldad fue trascendida
pastores y Magos fueron
a verle, y allí le dieron
muestras de amor y cariño,
y entre la paja, a aquel niño
su venida agradecieron.

Vence la fe del creyente
la más afilada espada
y al final de la jornada
triunfa el amor consecuente.
Aquellos Magos de Oriente
iconos son del amor,
al mal vencen y al dolor;
representan la alegría,
y a la esperanza que guía
el alma del pecador.

Eso dice la escritura,
por eso es que celebramos
la llegada, y esperamos,
en el llano y en la altura,
con radiante contentura
de los Reyes la visita.
Nuestro corazón concita
la alegría y el amor
este día acogedor
que a ser feliz nos invita.


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