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Apropiación
©Andrés Díaz Marrero
Robé a un ciego la luz que le alumbraba
estrella hermosa, fulgurante, altiva.
Señoreaba su luz todo el espacio
pero no penetraba en su pupila.
El luminoso haz que proyectaba
en su apagado abismo se perdía
insensible al destello, el ciego se quejaba
de que la lumbre en su cielo ya no ardía.
Mientras yo ensorbecido en los fulgores
del lucero radiante que me inspira
siento el candente fuego de los soles;
del firmamento toda la armonía.
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