Promesa de Navidad

Las avecillas del monte
lanzan al cielo su trino
y los robles del camino
dibujan un horizonte.
El cántico del sinsonte
despierta a la madrugada,
de arreboles la alborada
derrama luz a la gleba
y sobre el campo se eleva
la promesa, enamorada.

¡Gloria a Dios en las alturas!
Clama el creyente que ora.
El sol a las nubes dora,
el aire imparte ternuras.
A las tinieblas oscuras
las disolvió la mañana.
Con su frescura temprana
nos dice adiós el rocío
mientras las aguas del río
plateados hilos hilvana.



Escudriña con tesón
tu alma en su propio centro
y mírate bien adentro
profundo en el corazón.
Sin apartar la pasión
ni desdeñar la humildad,
haz florecer la bondad
entre los seres humanos
que todos somos hermanos:
creó Dios la humanidad.

Canta alegre el ruiseñor,
al Creador sus alabanzas,
renacen las esperanzas,
la fe, que cuaja en amor.
Ramitas de cundeamor
anuncian felicidad.
Se celebra Navidad,
se oyen trovas de alegría,
¡reinen en la patria mía:
fe, esperanza y caridad!




©Andrés Díaz Marrero
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