|

|
Confesión
Andrés
Díaz Marrero
Confieso que tu figura
es manjar a la pupila,
panal que la miel destila,
centro de toda dulzura.
Paradigma de hermosura
que estremece de emoción
las fibras del corazón
que goloso te desea
y con desespero arrea
las bridas de la ilusión.
Vuela ilusión de mi pecho,
acércate a su figura,
revístete de ternura,
vuélvete musgo y helecho.
Rompe tu círculo estrecho
dale rienda al corazón.
Libérate de prisión,
y aunque el desdén te maltrate,
oye al que furioso late
encendido de pasión.
|
Mirarte enciende la chispa
del fuego que no se acaba.
Prende la ilusión, esclava,
su cruel aguijón de avispa.
La pupila se me encrispa
y aunque haya luz, sigo ciego,
deslumbrado por el fuego
de tu cuerpo celestial.
¡Ya estás en mi pedestal,
escucha, mujer, mi ruego!
La sangre pugna en mis venas
y desbocada se inflama.
El esplendor de la llama
aprisiona con cadenas.
Atrás se quedan mis penas,
sólo miro el porvenir,
¡Cuánto diera por asir
el rapto de tu cintura
y en horizontal locura
declararte mi sentir!
|