poema

Transeúnte

©Andrés Díaz Marrero

Crujen los caminos
con mi eterno andar.
Pues, es mi vagar
de hombre peregrino,
Busco mi destino.
La vida es un viaje,
un peregrinaje,
un eterno ir.
Perpetuo fluir
de un mero celaje.

La vida es insumo
que el aire disuelve
que se va y no vuelve,
sobre el mar arrumo.
Un sueño, nada, humo
que entre cuna y fosa
transcurre azarosa,
halaga y castiga.
A veces amiga,
otras, insidiosa.

Lo que queda y flota
son buenas acciones,
meras intenciones
no cumplen la cuota.
Al final la ignota,
silenciosa muerte
todo lo subvierte,
la nada asimila.
Todo lo aniquila
y en polvo convierte.

Rosa de los vientos
la conciencia es.
Lo que sea después,
si llega, lo enfrento.
En todo momento,
viajero curioso,
con paso amoroso.
medito y camino.
Cruzo mi destino
¡la luz busco ansioso!

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