poema

Ocaso

©Andrés Díaz Marrero

Sobre el techo de una nube
bordé el jardín de mi infancia,
paredes de hiedra y flores
de yerbabuena y albahaca.

Con los colores del iris
pinté lirios y esmeraldas,
sobre la falda del mar
pinté cancanes de gasa.

Con color de juventud,
con madreselvas y dalias
tejí guirnalda de flores
para el lecho de mi amada.

Luego, con sobrio reposo
donde la noche resbala,
sobre oscura polvoreda,
la vejez me cubrió el alma.

La nube, el mar y la noche
se deshacen en la nada...
¡Ahora el ocaso despinta
lo que una vez fue alborada!

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