poema

Dale tu mano

©Andrés Díaz Marrero

Dale tu mano, y disminuye el paso
por el que lento tras de ti camina,
que el tiempo inexorable todo arruina
cuando nos ciñe su terrible lazo.

Tras cada amanecida hay un ocaso
que el pulsar del reloj fiel determina.
La lumbre que hoy te alumbra se termina
como el cirio se extingue sobre el vaso.

Así, transcurre la gloria que culmina:
juventud en vejez, corriente caso;
ser un poco de rosa, algo de espina

y al sentir la balanza que se inclina,
demos gracias a Dios por el abrazo
que con profundo amor nos ilumina.

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