teatro El cruce

©Andrés Díaz Marrero

Personajes:
Carlos, Rosa
Luis, Rubén

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Escena I
(A la izquierda del escenario hay una vereda flanqueada por varios arbustos. A la derecha, justo a la salida del escenario, la orilla del río. A corta distancia de la orilla un árbol frondoso. Al fondo se observa el reflejo esporádico de relámpagos y se escucha el sonido atenuado de los truenos. Entra el grupo de niños por la izquierda.)

Carlos:
—¡Vengan! Vamos a pasar por allí. (Señalando) Esa es la parte más llana del río.
Rosa:
—Hay que avanzar, pues ha estado lloviendo mucho y cuando llueve los ríos pueden tornarse peligrosos.
Luis:
—(Se detiene) ¡Esperen un poco! Yo creo que el río está creciendo…
Carlos:
—¡Bah!, ¡no seas bobo! No ves que cruzaremos por la parte más llana.
Luis:
—Es que…
Carlos:
—(interrumpiéndolo) ¡Ya!, no tengas miedo, ¡tan grande y tan cobarde!
Rubén:
—¡Déjalo hablar!
Rosa:
—Sí, déjalo que hable.
Luis:
—Escuchen el ruido de la corriente, eso significa que el agua está bajando mucho más fuerte. Y miren, (señala) miren el color fangoso que tiene y los matojos que arrastra.
Carlos:
—(Restándole importancia.) Eso siempre sucede cuando llueve.
Luis:
—Sí, pero no de esa manera.
—Es cierto, el agua se ha llenado de matas.
Rubén:
—y está completamente turbia.
Carlos:
—(En reproche, a Rosa y a Rubén.) Ustedes se han dejado meter miedo (señalando a Luis) de éste.
Rubén:
—No es miedo, es que creo que Luis tiene razón. No tenemos necesidad de arriesgarnos.
Rosa:
—Además, tenemos instrucciones de nuestros padres de que cuando el río esté crecido, esperemos.

Carlos:
—(Con coraje.) ¡Quédense ustedes! (Camina hacia el río.)
Luis:
—(Tratando de que desista corre brevemente tras él; una vez lo alcanza lo sujeta levemente por la mano y le ruega.) ¡Por favor, Carlos!
Carlos:
—(Apartándole con fuerza la mano. ) ¡Déjame quieto, cobarde! (Prosigue su camino hacia el río.)
Rubén:
—¡Carlos!
Rosa:
—¡Regresa, Carlos!
Luis:
—¡Regresa, por favor!
Carlos:
—(Se voltea hacia el grupo.) ¡Miedosos!, ¡son un chorro de miedosos! (Camina unos cuantos pasos y sale. Se oye la corriente del río golpear con más fuerza.) Telón

Escena II ( De frente al público: el río, del cual sobresalen algunos peñascos. Carlos ha comenzado a cruzarlo. Sus amigos lo observan, temerosos, desde la orilla. Camina tres pasos, vacila; quisiera retractarse; pero, prosigue temerario. Da dos pasos adicionales, se resbala y cae. Logra asirse de una de las rocas. La corriente  amenaza con arrastrarlo.)

Carlos:
—¡Ay!, ¡auxilio!
Rosa:
—¡Dios mío!
Rubén:
—¡Carlos!
Luis:
—¡Tenemos que hacer algo!
Rubén:
—Sí, pero…
Rosa:
—Hagamos una cadena con nuestros brazos.
Carlos:
—¡Ayúdenme, por favor!
Luis:
—¡Ya vamos!, sujétate bien, pronto te sacaremos. (Los tres hacen una cadena con sus brazos pero, es muy corta y aunque tratan no pueden alcanzarlo.)
Rubén:
—Está muy lejos y nuestros brazos no llegan…
Carlos:
—¡Auxilio!, ¡auxilio!, ¡por favor, sáquenme!, ¡me estoy resbalando!

Luis:
—(A Rubén.) ¡Pronto, quítate la camisa!, (Comienza a quitarse la suya.) ¡avanza!, ¡vamos!, ¡rápido, avanza!
Rubén:
—(Obedeciendo) Pero, no debemos tirarnos al río, la corriente está demasiado fuerte, nos arrastraría a nosotros también.
Luis:
—No, no haremos eso. Las camisas son para anudarlas; luego con mi cinturón amarro uno de sus extremos a la muñeca de mi mano, volvemos a hacer la cadena con nuestros brazos, Rosa se sujeta fuertemente del árbol y yo le lanzo el cordel que hemos improvisado.
Rubén:
—¡Estupendo!, ¡manos a la obra! (Rosa y Rubén anudan dos de las mangas, mientras Luis se amarra con el cinturón una de las que queda suelta. Hecho lo anterior hacen la cadena según lo acordado.) ¿Listos?
Rosa y Rubén:
—(A coro.) ¡Sí!
Carlos:
—¡Auxilio!, ¡ay!, ¡ay!, (llorando) ¡por favor..!
Luis:
—(Lanzando la cuerda improvisada.) ¡Toma, agárrate fuerte!, ¡enróllala en tu mano. Nosotros te halaremos.
Carlos:
—(No hace intento de agarrarla.) ¡Tengo miedo!, ¡ay!, ¡ay mamita!, ¡voy a morir!, ¡voy a morir!
Luis:
—¡Escucha, Carlos! Todos tenemos miedo, pero debes de hacer un esfuerzo y agarrarte de las camisas. Nosotros te sacaremos. ¡Te lo prometo! (Lanza la cuerda nuevamente. Carlos se agarra de ésta.)
Carlos:
—¡Ya!, ¡ya!, ¡ya la tengo! (asustado) ¡Por favor, sáquenme!, ¡no me suelten!, ¡no me vayan a soltar! (Rosa, Rubén y Luis halan con fuerza hasta sacarlo.)
Rubén:
—(Con alegría.) ¡Lo logramos!, ¡lo logramos!
Luis:
—¡Gracias a Dios, que lo logramos!
Rosa:
—¡Ay!, ¡ay, gracias!, ¡gracias Diosito mío!
Carlos:
—(Al grupo.) ¡Gracias, amigos!, (se abrazan.)¡Gracias por salvarme la vida… Fin


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