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En la boca de una
niña de seis años, dientes y muelas
conversaban. La niña había mudado sus dos
primeros dientes de leche. Hace unos meses se le cayeron y
fueron remplazados por dos grandes y hermosos dientes
permanentes.
Los nuevos dientes miraban burlonamente a sus vecinos de
leche.
-No sé por qué los nuevos dientes nos miran
así, todos nosotros mudaremos en permanentes
algún día, decía una de las muelas.
Entonces uno de los dientes de leche de la parte de abajo de
la boca preguntó -¿Por qué les llaman
permanentes?
Hubo silencio. Ninguno de los dientes sabía la
contestación. Entonces, otra muela dijo:
-Les llaman dientes permanentes porque no se mudan. Si no se
cuidan se pierden para siempre. A los primeros dientes que
salen se les llama temporales, o de leche.
-¡Mira quién pregunta!, si apenas puede
mantenerse derecho, está flaco y hasta un poco
virado. ¡Es un pobre diente. Lo llamaremos Dientucho! -
le murmuró uno de los dientes nuevos al otro.
Ja, ja, ja., rieron.
-No me importa que me llamen Dientucho, después de
todo ningún diente de leche es permanente. Pero cada
uno de nosotros es importante, pues para que salgan los
dientes permanentes antes tienen que salir los de leche.
Nosotros ayudamos a los niños a masticar para que
estén saludables cuando lleguen ustedes.
-Es cierto -dijo el otro diente permanente y
añadió: -cada parte del cuerpo humano es
importante.
Pasaron unas cuantas semanas, y como tenía que
ocurrir, Dientucho se cayó. En su lugar brotó
un nuevo y hermoso diente permanente. El ratoncito que
colecciona dientes le dejó un regalo a la
niña, a cambio de Dientucho.
Tiempo después, cuando la niña cumplió
once años todos sus amigos la felicitaban por tener
una hermosa y agradable sonrisa.
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