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La hormiga, enojada porque un enorme
elefante le destruyó su hormiguero; abrió la
boca tan grande como pudo, y aunque le tardó
diecisiete meses lograrlo, se lo tragó
completamente. ¡Claro que, la pobrecita, no
podía moverse debido al peso del bocado! Por lo
que, sacando cuenta, llegó a la conclusión
de que le tomaría, por lo menos, el doble del
tiempo en digerirlo y concluyó que lo mejor
sería dejarlo ir.
La hormiga abrió la boca y lo dejó salir. El
elefante, tan pronto se encontró afuera,
huyó despavorido y hasta el presente no se le ha
vuelto a ver. Desde entonces, los elefantes, caminan
despacio por temor a destruir los hormigueros.
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