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El hombre corrió tras ella
abanicando el aire con golpes que tiraba hacia arriba, hacia
abajo, a la derecha, a la izquierda, hacia todos lados.
Pero ella volando en hábil zig zag se le
escapaba.
Tras una larga y agitada persecución, la mosca,
sentíase tan y tan cansada que apenas podía
volar; por lo que fue a pararse sobre la lámpara de
la habitación.
El hombre se rió con una gran carcajada; midió
bien la distancia; y descargó el golpe...
¡La pobre, apenas pudo escapar!
El azote fue a dar sobre el foco encendido,
rompiéndolo.
La habitación quedó a oscuras.
Y como el hombre no tenía otro bombillo de reemplazo,
la mosca supo que, esa noche, podría descansar
tranquila.
Antes de dormirse la mosca susurró : -Bueno,
¡mañana será otro
día...
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