1898 La Guerra Hispano Americana en Puerto Rico

Olvido Ingrato

Por Luis Miguel Pérez Adán

Licenciado en Historia

Artículo publicado por el diario "La Verdad" de Cartagena, España, el día 8 de agosto de 1998

Mañana domingo 9 de agosto, se cumplirán 100 años de la muerte del comandante cartagenero Don Rafael Martínez-Illescas. Este militar murió en el transcurso del combate de Coamo en Puerto Rico durante la Guerra Hispano Americana del 98.

Su muerte, que constituye el acto más relevante por lo que es conocido, se produjo como un acto de valentía extrema, que sorprendió tanto a propios como a los provocantes de la misma. Los testimonios históricos, sobre todo los norteamericanos, reflejan claramente la admiración que les causó el heroísmo y la decisión de este militar cartagenero.

Pero hoy, en vísperas del centenario de su muerte deberíamos acercarnos más al personaje. La historiografía clásica ha dejado secularmente los problemas humanos de los personajes intervinientes en los acontecimientos históricos alejados del estudio y su atención prestada a este orden de problemas ha sido mínima y tratada colateralmente a los hechos.

Actualmente las últimas tendencias historiográficas, marcan otra línea de investigación en la que se ha revalorizado el papel del sujeto en la historia, se analiza el individuo como fenómeno singular y de importancia dentro de la historia, en conexión con su contexto espacial y temporal.

Es precisamente en función de lo anterior y dejando a un lado la descripción y valoración de los hechos, intentar introducirnos un poco en recordar las consecuencias personales que, por ejemplo, causó su muerte en su propia familia.

No olvidemos que su muerte responde a un acto premeditado, no es un suicidio ni tan siquiera un accidente, él se expuso innecesariamente al fuego enemigo, más como fruto de un convencimiento reflexivo en base al cumplimiento de un deber, una respuesta lógica desde su forma de pensar con su condición de oficial de un ejercito de finales del siglo diecinueve.

Quizás él no pensó en las horas anteriores de su muerte, que su excesivo patriotismo podía justificar en algo la rendición de sus tropas o era lo que le exigían sus jefes en el cumplimiento de su "deber", pero lo que sí está claro, que no justificó en modo alguno el abandono a su familia, mujer y tres hijos que permanecían con él en Puerto Rico. Su muerte sólo sirvió para que los suyos quedaran en el mayor y absoluto desamparo, comenzando para ellos una serie de penalidades y sufrimiento que, de no haber muerto él seguramente no se hubieran producido.

Puntualmente un periodista americano, que como corresponsal del Herald, seguía los acontecimientos de la guerra en Puerto Rico, en una de sus correspondencias al periódico neoyorquino escribió:

"... Martínez tenía mujer e hijos. España será ingrata si los olvida. El héroe de Coamo era de fuerte raza, de los que se rompen pero no se doblan (...). Si hubiera salido vivo, los grandes honores lo aguardaban. Muerto, ha hecho de su vulgar apellido un apellido ilustre..."

Sólo un breve apunte sobre este tema, veamos en qué situación nos encontramos a su familia en 1905 y quien mejor que su propia viuda, Eugenia Bugallo, para que nos describa la situación:

"... Después de nuestro regreso a España, el Estado me señaló la pensión ordinaria a que tenía derecho como viuda de un comandante: veintidós duros y tres pesetas al mes, no entiendo de cosas de milicia; mas pensé que es injusto que a un comandante que sucumbe de muerte natural o de enfermedad tal vez ridícula, y en cómodo lecho y bien asistido, obtenga para su familia la misma recompensa póstuma que un jefe que cae en el mismo campo de batalla (...), y menos mal, si esos veintidós duros, íntegros vinieran a mis manos, pero para atender a mi hijo en su última enfermedad, tuve que empeñar la paga, y hoy sólo percibo doce duros (...), mi hijo, hace dos años que descansó, tuberculosis diagnosticaron los médicos; pero yo sé que él murió de hambre, de frío, de tristeza (...), ahora vivo en este pueblo de Carabanchel Bajo, con mis dos hijas, en una casa desmedrada y húmeda, por cuyas puertas, con los cristales rotos, penetra a sus anchas el frío, sin calefacción, sin muebles, sin estera en los pisos y sin lumbre en el fogón, en la miseria (...), la despensa vacía (...), una manta para cubrirse tres seres humanos, y las hijas vestidas de percal, con los zapatos rotos, trabajando la una para el público, como bordadora, y la otra como lavandera ..."

- ¿ "... España será ingrata si los olvida ..."?

España fue ingrata y los olvidó, como olvidó a tantos otros en aquella desafortunada guerra, que supuso para España más allá de unos hechos militares y políticos, una enorme tragedia a nivel personal; personas y familias que sufrieron las consecuencias de una mala política, alentada por un prensa patriotera, de un gobierno sin cabeza, de un mando militar ineficaz y de un pueblo que en su mayoría se quiso mantener al margen de lo que ocurría.

No perdamos de nuevo la ocasión de al menos restituir en el recuerdo a una de estas familias que lo dieron todo y a cambio no recibieron nada, 100 años de olvido son suficientes.

Fotografía de Martínez Illescas original de Docloux y Pliego, tomada en Pamplona, España, en junio de 1878. La fotografía fue cedida, por los herederos de sus autores, al Sr. Pérez Adán para su uso correspondiente.


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