1898 La Guerra Hispano Americana en Puerto Rico - 1898 The Spanish American War in Puerto Rico

No nacimos en el 98

Por: Carmen Dolores Hernández

Tomado de "El Nuevo Día" 12 septiembre 1999, pag. 78


"En este mundo traidor," escribió el poeta, "nada es verdad ni es mentira. Todo se ve del color del cristal con que se mira". Y el cristal por el que miraron los norteamericanos a Puerto Rico en el 98 era el de la nueva óptica de una nación convertida súbitamente en imperio. ¿Cómo podía justificar un país, salido él mismo de una relación colonial hacía poco más de cien años, la adquisición de un imperio? Sólo inferiorizando a los demás, haciendo patente su necesidad de redención, dramatizando su situación de carencia. Así, con buena conciencia, los conquistadores se convertían en redentores.

Los puertorriqueños hemos mirado con demasiada frecuencia a través de esos vidrios coloreados por la óptica imperial. La exhibición que ha organizado el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, institución que dirige el Dr. Ricardo Alegría, muestra otra perspectiva: la de un país pequeño y pobre, pero que en el 98 estaba ya organizado en todos los renglones de su vida colectiva.

Nadie puede negar el atraso existente, sobre todo en comparación con la situación de las grandes metrópolis decimonónicas (pero es que aún no lo tenemos respecto a los países hoy dominantes?). Había carestía, pobreza, ignorancia: no se puede - ni se pretende- tapar el sol con una mano. Pero hay grados, contextos y relaciones. Baste un ejemplo para ilustrar el punto. Se suele citar frecuentemente que en el 98 Puerto Rico tenía de un 80 a un 90 porciento de analfabetas, infiriendo nuestra inferioridad en el momento y el progreso (innegable) alcanzado en ese renglón. La cifra parece -y es- terrible. Pierde, sin embargo, parte de su impacto si consideramos que, para esas fechas, el analfabetismo en España era de un 64%.

"Mal de muchos, consuelo de tontos", se suele decir, pero también es cierto que el contexto provee una perspectiva más certera que la consideración aislada de cualquier circunstancia. La exhibición Puerto Rico: Sociedad y cultura antes de la invasión de las tropas de los Estados Unidos en 1898, fue organizada por Alegría y montada por la bibliotecaria del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, Carmen Sylvia Arroyo, con la ayuda de Norma López de Victoria y Gerardo Peña. Su propósito es rectificar una perspectiva que demasiados puertorriqueños han adoptado acríticamente. No nacimos en el 98, no importa cuánto hayamos vivido desde entonces. Por medio de fotos, artefactos, libros y cuadros, esta exhibición nos permite calibrar lo que éramos y hacíamos antes de esa fecha. Cuadros de Campeche y de Oller, una fotografía en donde se aprecia el salón dedicado a la pintura puertorriqueña en la exposición del 1895; partituras y documentos alusivos a Tavárez y a Morell Campos, a Federico Ramos y a Anita Otero; fotos de teatros como La Perla en Ponce, el teatro Municipal de Mayagüez y el de San Juan son algunos de los elementos que nos permiten esta otra lectura de nuestro pasado.

Se documenta también el sistema educativo, sobre todo a través de unas curiosas fotos de escuelas de varones y de niñas. Eran, ciertamente, insuficientes los planteles, pero no eran inexistentes. Sobresale la presencia del Seminario Conciliar de San Ildefonso -donde se encuentra hoy el Centro de Estudios Avanzados- que educó a tantos y tan ilustres puertorriqueños.

Las viviendas que hemos visto en libros como Our Islands and Their People, escritos y publicados poco después de la invasión, son mayormente bohíos de yaguas. Aquí aparece la otra cara de la sociedad: la de un Puerto Rico minoritario, si se quiere, pero existente también. Hay fotos de casas confortables de familias de clase media en las ciudades (aparece aquí, por ejemplo, la Casa Cancio de Ponce) y de las amplias casonas de los dueños de fincas en las zonas cafetaleras.

Los récords fotográficos desplegados documentan parques (el de la Convalescencia en Río Piedras, por ejemplo), restaurantes (La Mallorquina), plazas de pueblo, lugares para ir de vacaciones (los Baños de Coamo) y se ofrece, además, un itinerario del ferrocarril, que transportaba a los pasajeros de San Juan a Ponce bordeando la Isla por el oeste.

Puerto Rico tenía una sociedad constituida antes del 98. Los libros publicados, los periódicos que circulaban, las obras de ingeniería, las transacciones financieras, así lo atestiguan. Esta exhibición provee la ventana para contemplar ese Puerto Rico del pasado que nos ayudará a considerar al de este siglo a través de un lente más claro.

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