1898 La Guerra Hispano Americana en Puerto Rico - 1898 The Spanish American War in Puerto Rico

Lo que se escribió sobre el comandante Rafael Martínez Illescas después de su muerte (1898), al trasladarse sus restos a Cartagena, España (1915) y en el libro "Crónicas de la Guerra Hispano Americana en Puerto Rico (1922). Lo que le relató el general Oswald Herbert Ernst a Roberto H. Todd.


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Rafael Martínez Illescas, natural de Cartagena, España, era comandante del Batallón de Cazadores de La Patria Nº 25 y murió heróicamente en el combate de Coamo, Puerto Rico, durante la Guerra Hispano Americana el 9 de agosto de 1898. Su cuerpo fue sepultado en un nicho del cementerio de la ciudad de Ponce, donde permaneció hasta que por diligencias del alcalde de Cartagena, fue trasladado a esa ciudad en el transatlántico Montevideo. El Montevideo salió de la ciudad de Ponce el 20 de mayo de 1915. -Ver: Apuntes biográficos-


Lo que escribió el capitán Harry Alvan Hall a la viuda de D. Rafael Martínez Illescas poco después del combate de Coamo (20 de agosto de 1898)

Lo que escribió Félix Matos Bernier sobre el traslado de los restos (25 de mayo de 1915)

Lo que escribió el coronel Willis J. Hulings, del Regimiento de Pensylvania Número 16, al editor de "El Día" sobre D. Rafael Martínez Illescas (20 de junio de 1915 )

Lo que se escribió en "El Eco de Cartagena" con motivo de la llegada de los restos de Martínez Illescas a Cartagena, España (16 al 22 de junio de 1915)

Lo que escribió el capitán Angel Rivero Méndez, sobre el traslado de los restos de D. Rafael Martínez Illescas a España, en su libro "Crónicas de la Guerra Hispano Americana en Puerto Rico" (1922)

Lo que le relató el general Oswald Herbert Ernst a Roberto H. Todd


Lo que escribió el capitán Harry Alvan Hall a la viuda de D. Rafael Martínez Illescas días después del combate de Coamo (9 de agosto de 1898):

Ponce, P.R., 20 de agosto de 1898.

Señora doña Eugenia Bugallo, viuda de Martínez Illescas.

Señora: permítame que antes de abandonar esta Isla, teatro de escenas tan dolorosas para usted, le ofrezca mi más honda simpatía en medio de su aflicción y le exprese mi admiración profunda hacia el valor de su esposo.

Antes de sucumbir, pasó y repasó seis veces, por lo menos, toda la línea de nuestro fuego, hallándose distintamente a nuestra vista y bajo los disparos que sin interrupción les hicimos por espacio de una hora. En tales circunstancias debió comprender que su muerte era inevitable.

La rendición, que estoy seguro jamás se hubiese podido obtener mientras él viviese, sobrevino inmediatamente después de su caída. Su muerte fue la de un héroe. Señora, el dolor inmenso que la sobrecoge debe mezclarse con la íntima satisfacción que ha de producirle saber que su esposo, hasta en su manera de caer, demostró que era el tipo legendario del soldado ideal.

Le suplico tenga a bien perdonar la intención de quien, como yo, formaba parte de las fuerzas adversarias; pero la admiración hacia el enemigo intrépido y valeroso es privilegio del soldado y una de las pocas satisfacciones de la guerra, y yo entiendo que es mi deber rendir este tributo a la memoria de aquel héroe.

Quedo de usted atento y s.s.,

Harry Alvan Hall,

Capitán del 16vo. Regimiento de Pennsylvania.


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Lo que escribió Félix Matos Bernier sobre el traslado de los restos (25 de mayo de 1915):

COMENTARIOS SOBRE UN ACTO

Tomado de El Día, diario de Ponce, Puerto Rico del 25 de mayo de 1915

La fiesta patriótica celebrada con motivo del traslado de los restos del militar español Rafael Martínez Illescas, desde Puerto Rico a España, se presta a muy oportunos conmentarios.

Fué un acto espléndido, en el que palpitó el patriotismo como agente moral de los elementos españoles, y la justicia como factor moral de los elementos portorriqueños.

Al acto concurrieron muchos americanos que no escatiman su ferviente admiración por los hombres que saben defender su honor y su patria.

La ciudad de Ponce ha estado a la altura de su deber. EI municipio de la ciudad, las corporaciones sociales, políticas y financieras, extranjeros y nativos; el pueblo con todas sus representaciones, han contribuido al esplendor de esta fiesta, que hace honor a los patrocinadores y a los que la han secundado con su personal entusiasmo.

La figura del hombre que cayó mártir en Coamo, frente a frente del enemigo en lucha, cumpliendo con su deber militar y su conciencia, surgió del momento histórico con su propia luz y su propio contorno caballeresco y gallardo.

Más de cien automóviles llenaban la carretera y un pueblo en masa seguía los fúnebres restos con sagrado recogimiento. La multitud guardó un respeto profundo ante la ceremonia, como si se verificaran los funerales del héroe en aquel mismo día.

La ciudad comercial no se sentía y sólo palpitaba la muchedumbre con un solo corazón, lleno de esa infinita gravedad que inspiran los grandes pensamientos.

Ponce ha cumplido una vez más con su deber.

No se trataba de honores efímeros, que son como flores de un día, cuyo perfume dura lo que el día dura, sino de honores póstumos, de carácter histórico y glorioso. El heroísmo, la belleza, el talento forman el alma compleja de la historia humana. Ella lo llena todo con sus llamaradas y con su dolor. Porque esta alma es la fuente maravillosa de la naturaleza y en ella abrevan el carácter, el arte, la ciencia, con una armonía admirable y para una finalidad suprema de progreso moral y material. En el heroísmo respetamos los principios natos del carácter; en la belleza, la divinización del arte y en el talento, todas las manifestaciones del pensamiento que crea la eterna ciencia de la vida.

Es digno, pues, de aplausos y de alabanza el acto que se ha celebrado, porque, además de su patriotismo, nos habla de justicia. ¡Qué menos puede hacerse en memoria de los que mueren como aquel honrado militar, fuera de su patria, honrándola y defendiéndola! Cada vez que un hombre de esos cae, vencedor o vencido, en las cimas de la representación o en la planicie del combate, cubierto de laureles o cubierto de sangre, la humanidad está obligada a levantar sus cenizas y su nombre, como el sacerdote alza en sus ceremonias rituales la hostia que consagra el divino misterio y las extrañas fórmulas religiosas.

La leyenda de Cristo es la leyenda del deber humano. Cuando se honra aquel sacrificio; cuando se tributa a aquel visionario de la fraternidad y la libertad los honores de un dios; cuando su efigie se venera en templos y hogares, es porque su personalidad sugestiva atrae todos los respetos y todas las admiraciones. Hombre, tuvo el heroísmo, la belleza física y moral, y el pensamiento creador. Su heroísmo tenía la majestad ancestral del tipo elegido de la especie que domina desde los días brumosos de su concepción y sigue fecundando en distintas formas la enorme y sensible matriz de la vida. Y como él, y siguiendo sus huellas y aceptando su ejemplo de abnegación, pasan por esa vida, con sus nobles energías y sus eminentes virtudes, los que luchan en la tierra por sus hermanos y siembran a su paso las semillas de su amor y su justicia. Cristo de su deber, de su eterno deber, el hombre bueno y fuerte, sabio o guerrero, artista o industrial, marcha a su destino sirviendo a sus semejantes y cumple su misión como puede, sin pensar dónde ha de caer para morir o dónde ha de morir para inmortalizarse. Y lo mismo en el seno ignorado de la selva explorada en beneficio de la ciencia, que en el campo fragososo de la lucha por su derecho, las cenizas del sabio, del héroe, del artista, del filántropo, son como el polvo de oro que revela un sacrificio glorioso que la humanidad no puede ni debe olvidar..... ¡Infame humanidad, si ella violara su propia grandeza con el ingrato olvido o con el desdén inmisericordioso....!

Debemos estar satisfechos, en este día, de poder agregar a la historia de Ponce la fecha 21 de mayo de 1915, efemérides importante para España y Puerto Rico, que después de diez y siete años de silencio se dan un abrazo de amor sobre las yertas cenizas del patriota y del valiente.


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Lo que escribió el coronel Willis J. Hulings, del Regimiento de Pensylvania Número 16, al editor de "El Día" sobre D. Rafael Martínez Illescas (20 de junio de 1915 ):

Señor Editor de El Día, Ponce, P. R.

Señor:

Cierto amigo me ha enviado un ejemplar de su estimable periódico, en que aparece una hermosa necrología de D. Rafael Martínez Illescas, escrita por el señor Matos Bernier.

Después de una marcha de toda una noche por sendas escabrosas, cubiertas de malezas, los dos batallones del regimíento núm. I6, Voluntarios de Pennsylvania, que se componía de 600 hombres entre oficiales y tropa, encontraron sobre la carretera central, como a una milla al nordeste de Coamo, la retaguardia de las fuerzas españolas, compuesta de unos 300 hombres de infantería y 40 de caballería.

Después de un combate que duró cerca de una hora (la caballería se había retirado al comienzo del combate), los españoles se rindieron con pérdida de seis a ocho hombres, entre muertos y heridos y 212 prisioneros.

Yo había observado que durante la acción, un oficial español no había cesado de recorrer a caballo y a paso lento toda la línea de combate, bajo el nutridísimo fuego de mi fuerza, viendo caer hombres muertos y heridos a sus inmediaciones. A pesar de todo, el gallardo e intrépido oficial continuó pasando tranquilo y sereno entre sus hombres, a través de aquel huracán devorador, hasta que una bala le derribó.

Quise conocer el nombre de aquel héroe, para de su bizarría dar testimonio después a sus compañeros; el caballero, singularmente hermoso, tendido allí, victorioso aún en la derrota, ¡era el jefe de las fuerzas españolas!

Sinceramente vuestro,

Willis J. Hulings

New York, junio 20, 1915


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Lo que se escribió en "El Eco de Cartagena" con motivo de la llegada de los restos de Martínez Illescas a Cartagena, España:

NOTA: Gracias a las gestiones de los señores Luis Miguel Pérez Adán y Miguel Angel Fernández Paredes, ambos de Cartagena, contamos con esta serie de artículos periodísticos que se publicaron en la época del traslado de los restos a España y con fotografías de Cartagena y de la tumba de Martínez Illescas. Las fotografías de la tumba las pueden ver en la sección -Monumentos y Tumbas-. Agradecemos a los señores Fernández Paredes y Pérez Adán toda la ayuda que nos están brindando.

16 de junio de 1915

"Los restos de Martínez Illescas"

Al llegar a Cádiz el vapor Montevideo fueron recibidos los restos de Martínez Illescas, por el alcalde y una comisión de la Cruz Roja, la cual depositó una corona de flores con unos lazos de los colores nacionales.

Luego de rezado por el capellán de a bordo un responso, fueron trasladados los restos a un vapor auxiliar de la Transatlántica, donde quedaron depositados hasta su envío a Cartagena.

El próximo domingo llegarán a ésta, en el vapor Claudio López de la compañía Transatlántica, los gloriosos restos de nuestro heróico paisano el comandante de infantería Martínez Illescas.

Seguramente que dicho acto revestirá inusitada brillantez y solemnidad, pues Cartagena rendirá un entusiasta tributo de veneración a las cenizas de aquel preclaro hijo que sucumbió gloriosamente defendiendo a su Patria.

17 de junio de 1915

"Los restos de un héroe"

El Alcalde accidental D.Miguel Tobal y el teniente de Alcalde D.Jose Moncada, que fueron comisionados por el Excmo. Ayuntamiento para ultimar los detalles del homenaje que ha de tributarsele a los restos del heroico Comandante D. Rafael Martínez Illescas, están organizando todos los preparativos para recibir dignamente dichos restos, que llegarán el próximo domingo a bordo del vapor de la Compañía Transatlántica Claudio López.

El Ayuntamiento irá en corporación al acto del desembarco y darán escolta al féretro dos compañías del Regimiento de Infantería España."

18 de junio de 1915

Notas municipales:

"- Después el señor Tobal, puso conocimiento del cabildo que había recibido un telegrama del Alcalde de Cádiz poniendo conocimiento que los restos del heroico comandante cartagenero señor Martínez Illescas, llegaran a ésta en el vapor ........ "

19 de junio de 1915

"Los restos del Comandante Illescas"

La Alcaldía ha publicado el siguiente edicto:

"El domingo próximo llegarán a este puerto a bordo del vapor Claudio López, los restos del heroico cartagenero Don Rafael Martínez Illescas, comandante de Infantería, muerto gloriosamente en Coamo (Puerto Rico), y serán trasladados al salón de actos del Ayuntamiento donde quedarán depositados hasta las 5:30 de la tarde del lunes 21 del actual, que serán conducidos al Cementerio de Nuestra Señora de los Remedios.

Al anunciarlo por el presente no duda esta Alcaldía que el pueblo de Cartagena, sabrá rendir el homenaje merecido a quien ofrendó su vida en holocausto de su Patria, acudiendo a aquellos actos con postrer tributo.

Cartagena, 18 de Junio de 1915 - Miguel Tobal

20 de junio de 1915

"Esperando a los restos"

A la hora de entrar en máquina nuestro número de hoy, nuestro muelle presenta un hermoso aspecto, pues a lo largo de él encuéntrase un numeroso gentío que espera la llegada del transatlántico Claudio López, que a su bordo conduce desde Cádiz los restos del heroico comandante cartagenero Martínez Illescas.

Puerto de Cartagena en 1915. Nótese las coincidencias de esta foto y la del Montevideo en Puerto Rico. En ambas aparecen un vapor con un bote de vela latina al frente. Hasta principios de este siglo este tipo de vela era muy popular en Puerto Rico y en el resto del Caribe (en Venezuela la llamaban vela de piragua) usada sobre todo por los pescadores. Hoy día se sigue usando en Rep. Dominicana, Haití y algunas otras islas caribeñas. En Cartagena todavía es muy popular, sobre todo en su modalidad deportiva ya que se llevan a cabo regatas (competencias) de este tipo de embarcaciones.

Foto Casaú

El vapor que se calculaba que fondearía en nuestro puerto a las cinco de la tarde ha sufrido un pequeño retraso en su viaje, habiéndose recibido a primera hora de la tarde el aviso telegráfico de que no arribaría hasta las siete y como esta es hora en que cerramos nuestra edición nos vemos imposibilitados de dar cuenta a nuestros lectores del recibimiento, pues retrasaríamos la tirada hasta hora bastante avanzada de la noche y nos limitamos a dar cuenta de los preparativos.

El recibimiento

Para recoger la caja que encierra los restos de nuestro malogrado paisano, el heroico comandante de Infantería, señor Martínez Illescas, irá al transatlántico Claudio López una canoa de este Arsenal y desembarcará dichos restos en el Real Club de Regatas, en donde estará una comisión del Excelentísimo Ayuntamiento, presidido por el señor Alcalde, La Cruz Roja presidida por Don Tomás Manzanares, en representación del infante Don Fernando, Comisario Regio de esta benéfica asociación, comisiones del ejercito y armada y otra de los exploradores.

Real Club de Regatas de Cartagena

Foto Casaú

Después de ser recibidos se pondrá en marcha la comitiva fúnebre en dirección al Palacio Municipal en donde quedarán depositados hasta mañana tarde a las cinco y media que tendrá lugar el traslado al cementerio de nuestra Señora de los Remedios.

Al entrar los restos de tan heroico militar en el Palacio Municipal, quedará izada a media asta la bandera del Ayuntamiento.

La capilla ardiente

En el salón de actos del Palacio Municipal ha quedado instalada la capilla ardiente en donde han de velarse los restos del señor Martínez Illescas.

En el centro del sitio destinado para que los concejales se reúnan en cabildo, se ha levantado una severa cama imperial, rodeada de grandes candeleros en donde se colocarán cirios.

Al frente se ha levantado un sitar en el que aparece un crucifijo.

El suelo estará cubierto de flores, y la caja funeraria estará envuelta con la bandera nacional.

Se ha solicitado la competente autorización del Nuncio de Su Santidad, para celebrar mañana el Santo Sacrificio de la Misa en dicho salón.

Velaron los restos, soldados del Regimiento de España, individuos de la Cruz Roja y los exploradores.

El entierro

A las cinco y media de mañana tarde, saldrá el cortejo fúnebre del Palacio Municipal, presidiendo el duelo el Ayuntamiento en corporación, figurando en el acompañamiento nuestras autoridades de guerra y marina y numerosas comisiones de todos los cuerpos militares de esta plaza y Apostadero, la Cruz Roja, los exploradores y otras representaciones.

El itinerario que recorrerá la fúnebre comitiva es el siguiente:

Plaza de García Alix (antes Santa Catalina), calle de Isaac Peral, Plaza de Prefumo, calles de Pi y Margall, Cuatro Santos, Duque, y San Diego, despidiéndose el duelo en las puertas de San José.

Darán escolta compañías del Regimiento de Infantería de España con las bandas de música y tambores que tributarán a los dichos restos, los honores de ordenanza en sitio de costumbre.

La alocución del alcalde

Próximamente a las cinco y media de la tarde de hoy, llegarán a bordo del vapor Claudio López, los restos del heroico cartagenero D. Rafael Martínez Illescas, Comandante de Infantería, muerto gloriosamente en Como (Puerto Rico), y serán trasladados al Salón de Actos del Ayuntamiento, donde quedarán depositados hasta las cinco y media de la tarde de mañana en que serán conducidos al Cementerio de Nuestra Señora de los Remedios.

Al anunciarlo por el presente no duda esta Alcaldía que el pueblo entero de Cartagena sabrá rendir homenaje merecido a quien ofrendó su vida en holocausto de su Patria, acudiendo a aquellos actos como postrer tributo.

Cartagena, 21 de junio de 1915

- Miguel Tobal

21 de junio de 1915

"Los restos de Martínez Illescas"

Madrid, 21 de junio 9:00 horas

- De Cádiz comunican que salió de aquel puerto el transatlántico Claudio López que conduce los restos del heroico comandante cartagenero Martínez Illescas. La caja que encierra los restos va envuelta entre banderas españolas y los hijos del héroe acompañan los restos.

21 de junio de 1915

"La muerte de un héroe"

- Con motivo de la llegada hoy a éste de los restos del heroico comandante cartagenero, Sr. Martínez Illescas, reproducimos la carta que el capitán del 16 Regimiento de Infantería Americana, dirigió a la viuda del finado y que publicó la "Semana Ilustrada". (Ver: Lo que escribió el capitán Harry Alvan Hall a la viuda de D. Rafael Martínez Illescas poco después del combate de Coamo (9 de agosto de 1898) y la relación del combate en que pereció Illescas, siendo el narrador un sargento que tomó parte en la lucha, publicado por "El Liberal":

Lo publicado en "El Liberal"

De estas memorias son los párrafos que siguen:"

"...... A la una de la noche emprendimos viaje al pueblo de Coamo. Era una noche tormentosa, que originaba sucesivos relámpagos, los cuales atribuíamos a resplandores eléctricos, focos que dirigían los norteamericanos para explorar nuestros movimientos; nosotros, muertos de fatiga, de hambre, de sed, caminábamos lentamente; se detuvo la columna; nos considerábamos solos. Soldado hubo que se enardeció; los que se tiraban en la carretera extenuados de fatiga; yo quería apagar la sed tocando la hierba y comiendo tierra; los tiros procedían de la avanzada, que [...] un encuentro ; en marcha nuevamente.

Estaba amaneciendo y se oyeron otros tiros en la avanzada; otra vez alto la columna; estábamos cerca de Coamo y vimos que era la señal de que el enemigo se había adelantado; pero nada ocurrió.

Llegados a Coamo, se organizó el servicio de guardias avanzados y la tropa franca se tiró en el suelo a descansar. Este descanso fue perturbado a las diez en que se comunicó la noticia de que venían soldados a nuestro encuentro. Lo que pasó en un instante es difícil describir.

Se aprestan las tropas con entusiasmo espartano; forman columnas de honor; arrían fusiles, y en correcta formación y con [...] incomparable salen corriendo en busca del enemigo, pronunciando votos y juramentos que el capellán, crucifijo en mano, traduce por preces al Altísimo. Nos habíamos desviado un kilometro del pueblo cuando se produjo otra alarma infundada; pero el comandante Illescas oye sordamente ciertas manifestaciones, y grita "¡ Adelante soldados! Tiempo tendremos de retroceder y descansar. No olvidemos que nuestro batallón se llama Patria y que hay que ser dignos de este nombre."

Seguimos otros dos kilómetros, tomando posiciones en guerrilla y cuando se exploró el terreno y se confirmó [...] retrocedimos.

Tal heroísmo se mostró en aquella ocasión, que al pueblo de Coamo, tan antiespañol como el de Juana Díaz, no pudo por menos de aclamarnos, vitorearnos, obsequiando con frenesí, con delirio.

Las mujeres lloraban de gozo al descubrir tanta valentía.

Y sin otro incidente que el mantener a raya las partidas de indígenas, capitaneados por Rodolfo Figueroa, Descartes y otros cabecillas de la causa americana, llegamos al día 9.

A las siete de la mañana nos pone alerta el sucesivo chispazo de 70 cañonazos. La mitad de los 300 ó 350 hombres que quedábamos en Coamo, se mantuvieron de guardias avanzadas en distintos sentidos. La otra mitad nos apostábamos en las trincheras de la plaza y bocacalles principales, esperando serenamente la aparición del contrario. El comandante Illescas, que no se cansaba de repetirnos la palabra Patria, nos anima con sus arengas y ejemplos y el capellán con los consejos de la fe y religión.

Un paisano se presenta al comandante anunciando que el enemigo nos había cortado la retirada; nuestro jefe ordena la concentración de los guardias y envía una compañía, al mando del capitán Don Raimundo de Hita, a la parte elevada del pueblo. Este distingue al enemigo, que estaba en los montes ocupando posiciones ventajosísimas, y comienza un tiroteo de fusilería, al que contesta la parte contraria con una avidez ensoñadora.

Abandonamos nosotros las trincheras de la plaza y partimos en retirada.

Pero al dar la vista al enemigo, fue tal el menudeo de sus balas, merced a la superioridad del número, que muchos soldados, sobrecogidos de pavor, se guarnecen en la casilla de camineros y disparan con ahínco inusitado. Aún recuerdo de un cabo de Galicia, que puesto en píe sobre la azotea endilgaba impertérrito una infinidad de balas; admiré su actitud y sonriente, le pregunté por donde se subía para formar dúo; los proyectiles llovían a torrentes, y no hubo más remedio que buscar defensa.

El comandante Illescas, que intentaba una retirada forzosa en relación con las instrucciones que tenía, desaloja a sablazos aquella tropa de valientes que no reparaba en la inutilidad de la defensa, y les arenga y les ordena tomar un atajo y saltar los montes para ocupar posiciones estratégicas y batir fuego en retirada.

Pero ¡ay! aquel corazón de hierro, aquel esforzado caballero, aquel militar insigne, cuando se consideraba con más bríos en el mundo, con más juicio, cae exámine del caballo, y yo le considero desvanecido; me acerco a él, le llamo y observo un orificio en el centro del bolsillo; el de una bala que le había partido el corazón. Veo los estertores de su agonía, sus ojos mirando al cielo, cerrandose poco a poco, su cuerpo rígido con los miembros extendidos, ¡esta muerto!

Y pocos segundos después, y a corta distancia cae como un gazapo, con la cabeza oculta entre los brazos, el capitán que le seguía en el mando (Frutos López) y después varios soldados; y tanto se activaba el fuego del enemigo, que quien asomaba la cabeza por encima de la carretera, que la tomamos como trinchera natural, iba a ingresar en el número de víctimas.

Oficiales y tropa marchan desorganizadamente en retirada, como antes lo había hecho la mitad del contingente de Coamo, que prestaba el servicio de guardia, y que pudieron unirse a nosotros por imperio de las circunstancias, y sólo quedamos en la línea de la carretera, ocupando una extensión de un kilometro, unos 40 hombres, que después de nutrido tiroteo contestamos con toallas, pañuelos, etc, a la bandera blanca con que se nos invitaba a la paz.

Estábamos entregándonos, cuando apareció la compañía del capitán Hita, quien a su vez, también capitula.

Después comprendimos que 200 hombres, por heroísmo propio y la notable dirección y ejemplo del comandante Illescas, nos habíamos batido, durante dos horas y media, contra una legión de 5,000 soldados, escondidos entre la maleza y ocupando posiciones ventajosas, amén del empleo de balas de dinamita.[...]

Así acabo Illescas. Por él en la pequeña Antilla, cayó con honra España [...].

-Ver mapa del combate- / -Ver página sobre la ciudad de Coamo-

 

22 de junio 1915

"Los restos de Martínez Illescas"

LA CAPILLA ARDIENTE

Cerca de las ocho de la noche quedó depositado en la cama imperial que se había colocado en el Salón de Actos del Palacio Municipal, la caja que encierra los restos del malogrado y heroico Comandante D. Rafael Martínez Illescas.

Plaza del Ayuntamiento de Cartagena en 1915

Foto Casaú

La caja estaba cubierta con la bandera nacional y el manto de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno a la que perteneció el finado.

En el catafalco se colocarán coronas con las siguientes dedicatorias:

-Recuerdo a la memoria del heroico Comandante Martínez Illescas, Familia Ballester Moret.

- La Junta Local de la Unión de Puerto Rico, de Ponce (P.R.). A la memoria del heroico militar Martínez Illescas.

- El Ayuntamiento de Ponce(P.R.) al bizarro militar Comandante Martínez Illescas que murió heroicamente en defensa de su nación.

- Miguel Roselló Manresa y Señora.- Ponce (P.R.)

- Encarnación Díaz de Casas Novas.- Ponce (P.R.)

- María Amstrong de Bonín.- Ponce (P.R.)

- Miguel de Porrata Doria y familia.- Ponce (P.R.)

- Recuerdo de la familia Poventud al Comandante Illescas.

- Emilio Ascensión Suan.

- Rafael Ribete Esbri, Alcalde de la ciudad de Ponce (P.R.) al Comandante Rafael Martínez Illescas, que dio su vida en el combate de Coamo, por el honor de España, nuestra antigua madre patria.

¡Gloria al valor y al deber!

- Pedro Fullana y señora.

- José González Ossorio.

- Mariano Hedilla González.- Ponce (P.R.)

Las inscripciones que contenían las cintas de las coronas eran las siguientes:

- El Centro Español al valeroso Comandante Martínez Illescas.

- La Casa de España. Homenaje al heroico Martínez Illescas.

- La oficialidad de bomberos de Ponce al valeroso Comandante Illescas que fue nuestro compañero.

- A su heroico jefe el Comandante Illescas, José Noriega y P. Iglesias González, soldados del batallón Patria.

- Los esposos Valdecilla Monjil.

Una de siemprevivas del señor Hédilla con la siguiente inscripción:

- A la memoria del heroico Comandante Illescas.

Y otra con cintas pero sin letrero.

En la capilla ardiente esperaban la llegada de los restos la familia del heroico Comandante, formada por Don Félix Martínez y señora, excelentísimo señor don Antonio Alcocer, doña Concepción Martínez Illescas, viuda de Salazar; doña Concepción Salazar viuda de Martínez Illescas; doña Herminia Rodríguez de Martínez Illescas, y el hermano e hijo, respectivamente del difunto, don Francisco Martínez Illescas y don Francisco Martínez Illescas Saez, todos acompañados de sus hijos y demás familia.

Después del arreglo del catafalco, comenzó a desfilar un numeroso público hasta las doce de la noche que se cerró el salón, quedando velando los restos soldados del regimiento de España e individuos de la Cruz Roja y empleados municipales.

EL ENTIERRO

Momentos antes de la hora señalada para el traslado de los gloriosos restos del Comandante Martínez Illescas, la plaza de Santa Catalina, hoy Gracia Alix, presentaba un hermoso aspecto pues se encontraba completamente llena de un numeroso público en el que estaban confundidas todas las clases sociales, de las fuerzas del Regimiento de España, de los individuos de la Cruz Roja, de los exploradores y de los representantes que han de formar parte del cortejo para el traslado de dichos, restos.

Soldados del Regimiento España. Al fondo se observan las tumbas del Cementerio de los Remedios.

Foto Casaú

La caja que contiene los restos era llevada a hombros por los camilleros de la Cruz Roja y daban guardia de honor los maceros del Ayuntamiento.

Seguía el clero con Cruz Alzada, el Ayuntamiento en corporación y después la presidencia en la que figuraba el Alcalde accidental, Sr. Tobal, el Comandante general de este Apostadero, el Gobernador Militar en representación del Capitán General de esta región, el Almirante de la Escuadra, el Comandante General del Arsenal, el Vicario Castrense, D. Tomás Manzanares, representando al Infante D. Fernando, Comisario Regio de la Cruz Roja, D. Francisco Bosch, D. Antonio Alcocer, los coroneles de los regimientos de guarnición en esta plaza, D. Francisco Conesa Balanza, el Director del Penal, D. Luis Angosto, el Director de Sanidad de este Puerto, el Director de la Escuela de Capataces de Minas, representaciones del Instituto y otros más que no recordamos, y numerosas comisiones de todos los cuerpos de guerra y marina de esta Plaza y Apostadero.

De la caja pendían seis cintas con los colores nacionales, que eran llevadas por cuatro tenientes coroneles de diferentes cuerpos, por Don Francisco Díaz Garrido, en representación de la familia, y por el teniente Alcalde don José Moncada, representando al Ayuntamiento.

Cerraban el séquito fuerzas del regimiento de Infantería de España, al mando del Teniente Coronel de dicho cuerpo.

En la Parroquia Castrense y en la de Santa María de Gracia, se cantaron responsos a dichos gloriosos restos, y las fuerzas les han tributado los honores de ordenanza.

La brillante banda de España ha estrenado en este solemnísimo acto una hermosa marcha fúnebre titulada "La muerte del Mártir" original de nuestro querido y colaborador don Julio Hernández. El traslado de los restos de tan valiente militar ha resultado solemnísimo.Reciba nuestra felicitación don José Moncada, organizador de este grandioso acto.

Foto de Don José Pérez Gilabert uno de los muchos participantes en las honras fúnebres.

Foto Luis M. Pérez Adán

-Ver tumba de Martínez Illescas-


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Lo que escribió Angel Rivero Méndez, sobre el traslado de los restos de D. Rafael Martínez Illescas a España, en su libro "Crónicas de la Guerra Hispano Americana en Puerto Rico"(1922):

El comandante de infantería D. Rafael Martínez Illescas.-El héroe máximo de la guerra hispanoamericana.

El 26 de enero de 1915, un cartagenero ilustre, D. Juan Moncada Moreno, publicó en El Porvenir, diario de Cartagena, un luminoso trabajo excitando el celo de todos para restituir a la Patria las gloriosas cenizas del heróico comandante D. Rafael Martínez Illescas.

El resultado de esta gestión honra por igual al iniciador del proyecto y a todos aquellos que a su realización contribuyeron: S. A. Real, el Serenísimo Infante D. Fernando María, consiguió del marqués de Comillas el transporte gratuito de los restos de Illescas, en uno de los vapores de la Trasatlántica, el Montevideo, el mismo vapor que condujo al fenecido comandante a Puerto Rico, y el mismo que repatrió al general Ortega y a los últimos remanentes del ejército español en dicha Isla.

La Casa de España de San Juan y la de Ponce, representadas por el ilustre abogado D. Antonio Sarmiento, por D. Félix Saurí y auxiliados por el noble español D. Luis Rubert, costearon todos los gastos de la exhumación, regalando, además, una lujosa caja de plomo, encerrada en otra de cedro con acabados de plata.

El día 20 de mayo de 1915, y a las cinco de su tarde, tuvo lugar el acto de exhumación, que fué rodeado de toda clase de seguridades y con asistencia del juez de la Corte de Distrito, D. Domingo Sepúlveda; del fiscal D. Libertad Torres Grau; de D. Felipe Salazar, vicepresidente del Ayuntamiento, en representación del alcalde D. Rafael Rivera Esbri; de D. Juan Seix, primer jefe de bomberos; de D. Ramón Cordero Matos, secretario del alcalde; y asistiendo también el presidente del Centro Español, D. Félix Saurí, D. Damián Morrell, D. Pedro J. Bonnin, D. Antonio Arbona, D. José González, D. Bartolomé Arbona, D. Manuel Meiriño y D. Martín Aparicio, todos los cuales firmaron el acta correspondiente.

Los restos Ilegaron a Cádiz y allí fueron transbordados al vapor Claudio López, que siguió viaje al puerto de Cartagena, donde fondeó en la mañana del 22 de junio, llevando su bandera y grimpolas a media asta. Fueron a bordo, además de las autoridades, un hermano del finado, D. Francisco, guardaalmacén mayor de la Armada y otros miembros de la familia.

Venía la caja mortuoria en el camarote de primera clase, envuelta en la bandera española y toda ella cubierta de coronas ofrecidas en Puerto Rico, dándole guardia de honor los marineros de la Trasatlántica, en traje de gala y custodiándola D. Francisco Martínez Illescas, hermano del difunto y abogado de renombre.

EI féretro fué conducido en solemne procesión hasta el palacio municipal, en cuyo salón de actos fue colocado en capilla ardiente, en una cama imperial, cubierta con la bandera nacional y con el manto de la Cofradía de N. P. Jesús. Al pie del túmulo se colocaron hasta 18 coronas con sentidas dedicatorias, todas ofrecidas en Puerto Rico, por la familia Ballester-Moret, Unión de Puerto Rico, Ayuntamiento de Ponce, Miguel Roselló y señora, Encarnación Díaz de Casas Novas, Mario Armstrong de Bonnin, Miguel de Porrata Doria y familia, familia Puventud, Emilio A. Suau, Rafael Rivera Esbri, Pedro Fuliana, José González Ossorio, Mariano Hebilla y algunas más.

Dieron guardia de honor los soldados del Regimiento de España y camilleros de la Cruz Roja y millares de personas desfilaron ante los gloriosos restos del ilustre muerto.

A la caída de la tarde del siguiente día tuvo lugar el solemne entierro de los restos, acto que fue una nueva manifestación de duelo, y al cual no faltó nadie en Cartagena. ¡Noble pueblo! Pueblo generoso que así honra a su hijo heróico, muerto por la Patria, es pueblo merecedor de los más altos destinos. Y por esto, y desde estas páginas, yo envío a los habitantes todos de la nobilisima ciudad de Cartagena el testimonio de mi respeto y mis alabanzas por aquellos actos hermosos realizados en honor del que en vida fué mi compañero y excelente amigo el comandante don Rafael Martínez Illescas, héroe no superado por otro alguno en aquella desgraciada campaña del año I898.

Y si algún día mi buena suerte me permitiera llegar hasta Cartagena, iría yo a su cementerio a doblar mis rodillas junto a la tumba de Illescas y a colocar sobre ella las siemprevivas y las azucenas de mi cariño de compañero y como tributo de justicia a su valor, a su heroicidad rayana en delirio, que le obligó a buscar la muerte de manera que causó profunda admiración a sus mismos enemigos, y para que no se dijese que un jefe de tropas españolas, 200 hombres o poco más, casi copados por toda una brigada, se habían rendido sin combatir, retirándose por un camino de herradura que a espaldas suyas había.

No figura el nombre de Illescas entre los que decoran el grandioso monumento que se levanta en el Parque del Oeste, en Madrid y como tributo a los héroes de aquella guerra; mas no importa; algún día será reparada esta omisión y un nuevo nombre en letras de oro mostrará a las generaciones venideras cómo el soldado español, en todas partes, encuentra muerte gloriosa por defender el honor de su bandera.


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Lo que le relató el general Oswald Herbert Ernst a Roberto H. Todd

En una entrevista, que a solicitud del capitán Angel Rivero Méndez tuviera Roberto H. Todd con el general Ernst, éste le relató con respecto a la muerte de Martínez Illescas: "...Illescas se había portado como un valiente soldado, pero que durante toda la acción parecía que le guiaba la idea del suicidio, pues mientras sus soldados estaban a cubierto por las trincheras, él se exponía, constantemente, recorriendo a caballo toda la línea, sin ocultarse y como si invitara, en vez de rehuirlas a las balas enemigas".

Nota: El general Ernst observó la última parte del combate desde el pueblo de Coamo.


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