INTRODUCCIÓN.-
Rafael Martínez-Illescas, mezcla de héroe y de mártir,
demente o suicida aceptó el desafío que lanzó
el destino contra él, convirtiéndose en protagonista
de unos acontecimientos que olvidados hoy día, después
de casi cien años no debemos dejar que se pierdan definitivamente
en el tiempo. El drama, a la vez que la tragedia se individualiza.
Son las personas y sus familias las que sufren más que
las instituciones, y buena prueba de ello es lo que le ocurrió
a nuestro protagonista. Estos hechos ocurridos en Puerto Rico
son un capítulo más de aquel despropósito
tan grande que significó la Guerra Hispano Americana del
98.
El 98, supone para España más allá de unos hechos militares y políticos, una enorme tragedia a nivel personal, personas y sus familias que sufrirán las consecuencias de una mala política, alentada por una prensa patriotera, de un gobierno sin cabeza, de un mando militar totalmente ineficaz y de un pueblo que en su mayoría se quiso mantener al margen de lo que ocurría.
Martínez-Illescas nunca regresó, no tuvo que soportar la llegada a los puertos españoles formando parte de un ejército de perdedores, de enfermos, de harapientos a los que se les desembarcaban de noche para que nadie les viera. Pero su pena fue aun mayor, su familia sí tuvo que cargar con las consecuencias, su muerte por su país significó el hambre, la miseria, el olvido y la propia muerte de su familia, como preguntó su hijo antes de morir: "¿Era mi padre un malhechor para que se nos castigue?"
Quizás cuando en 1905 un periodista español denuncia esta situación personal y afirma en la columna de un periódico:
Conocer la vida de las personas que intervinieron en los acontecimientos es necesario para poder comprender los mismos, pues como decía Gómez de la Serna, "Si la vida interior del protagonista no interesa, menos importa la circunstancia que le rodea".
1854- El siete de marzo, en la Parroquia Castrense de San Fernando de Cartagena es bautizado solemnemente y cristianamente, Rafael Isidro Fulgencio Jesús María, que nació el seis de otro mes a la una y media de la tarde en el Arsenal de Cartagena, hijo legítimo de Don Juan Martínez Illescas, teniente de navío de la Armada y de Doña Josefa Martínez Carreño, abuelo paterno Don Juan Martínez Illescas y Doña Ana María Josefa de Egea y los maternos Don Jóse Manuel Martínez y Doña Manuela Carreño, todos naturales de esta ciudad. Fuerón padrinos el abuelo paterno y la abuela materna, siendo testigos Don José Galián y Don Benito Hernández.
España se encuentra en una singladura histórica caracterizada por la inestabilidad, una época compleja y llena de acontecimientos en donde era fácil ser partícipe directo de ellos y más aun si uno tenía la condición de militar y este será el caso de nuestro personaje.
La entrada al Arsenal de Cartagena
1855
a 1870- (....... en estudio). Su infancia independientemente
de su localización, definida por los continuos destinos
de su padre, tuvo un denominador común, el carácter
y la rigidez de un ambiente estrictamente militar; no solo su
padre que llegó a General de la Marina, también
tuvo un tío Contraalmirante de la Armada, o su propio hermano
Ángel (muerto como el en la Guerra Hispano Americana en
la Habana cuando era Alférez de navío), lo condicionarán
y lo determinarán tanto en su vocación como en su
propio futuro.
1871- El 26 de junio y a la edad de 17 de años es cuando se forma militarmente como Cadete en el Regimiento de Infantería de la Reina nº 2, procedente de la clase de paisano y cursando sus estudios en la Academia del Distrito de Cataluña. Coincide con años de fuertes convulsiones internas, tras el bienio progresista y la fallida instauración dinástica de Amadeo de Saboya, se produce la proclamación de la 1ra República Federal y la insurrección Cantonal en Cartagena.
El padre, el General de Marina Don Juan Martínez-Illescas Egea.
1873-
Adquiere el grado de Alférez de Infantería el 12
de mayo, cursando estudios en el mismo Regimiento que pasa ahora
y por disposición del gobierno de la República a
denominarse Regimiento de Infantería de Castrejana nº
2. Sólo al paso de unos meses, los generales Pavia y Martínez
Campos con sus repectivas acciones y pronunciamientos en favor
de la restauración propician la llegada de Alfonso XII
y se vuelve a cambiar radicalmente la situación del país.
1874- En marzo causa baja en dicho Regimiento, siguiendo sus estudios en la Academia de Infantería hasta que pasa con el empleo de Alférez al Batallón Cazadores de Bejar. Contando con tan sólo 20 años, interviene activamente en la II Guerra Carlista y bajo las órdenes del teniente general Don José López Domínguez toma parte en la liberación de la villa de Pugerdá sitiada ésta por las tropas carlistas. El conjunto de ésta y otras acciones durante ese año le proporcionará la recompensa del ascenso a teniente.
Rafael Martínez-Illescas, cuando era Alférez, posando junto a su amigo Angel de Obregón.
1875- Cuando el nuevo rey, Alfonso XII, entra triunfalmente en Madrid, nuestro joven teniente con la experiencia superada del combate, cubrirá diversos destinos temporales, en donde ejerce como teniente en varios cargos y plazas. Así durante este año se desplaza por Albacete, Granada, Málaga, Algeciras y Cádiz.
1876- Queda incorporado el 1 de marzo en la provincia de Alava en donde permanecerá hasta la finalización de la II Guerra Carlista el 2 de julio. Posteriormente se trasladará el 6 de agosto a Estella.
1877- De servicio todo este año en Larraga y Pamplona, Martínez Illescas será testigo, cuando no participe en ocasiones obligado por sus circunstancias, de las luchas que enfrentaban entre los que querían la vuelta atrás y olvidar el paso del tiempo restaurando una sociedad estamental y los otros, los liberales que aspiraban a ver respetados unos derechos generales.
La Restauración iba a ser capaz, por primera vez en casi todo este siglo, de dar al país una cierta tranquilidad política y estabilidad. Cánovas del Castillo estaba tratando de implantar en España el modelo político anglosajón. Era necesaria una constitución que permitiera gobernar con el mismo texto tanto a los conservadores de Cánovas como a los liberales de Sagasta.
1878- Este año viene marcado por su ascenso a capitán con tan solo 24 años de edad y con una muy prometedora carrera militar. También le es concedido el derecho de usar en la medalla de la Guerra Civil los pasadores de Puente Guardiola y Castellar de Puch.
1879- Con su nuevo grado continúa ejerciendo servicio en las plazas de Zugarramundi, Olite y Calahorra. En esta última conocerá al que sería su primera esposa.
1880- A finales del año, el 18 de diciembre, y con destino en la ciudad de Calahorra, se casará con Doña María Sanz y Díaz nacida en esa misma localidad, provincia de Burgos. Este matrimonio quedará truncado apenas pasados tres años debido a la desaparición prematura de la esposa de Martínez Illescas. Desconocemos las causas del fallecimiento y de otro tipo de datos referidos a esta etapa.
En este mismo año le conceden la Cruz Blanca del Mérito Militar.
1881- Al joven capitán le nace este año su primer hijo, Francisco Martínez Illescas Sanz. Será lo único que le deje su esposa, que morirá en breve tiempo. Es trasladado a Pamplona.
1882- Un nuevo traslado y con un nuevo destino. La movilidad de los militares en aquellos momentos era muy intensa y existía una gran dificultad en echar raíces en ningún sitio. Ahora pasa a formar parte del Regimiento de Infantería Saboya.
1883.- El Regimiento se mueve y con él Martínez Illescas. Se encuentra de servicio ordinario durante ese año en Calahorra, Tudela y Logroño.
1884- Son años difíciles, viudo y con un hijo que necesita una madre, sigue ocupando el cargo de Habilitado de su batallón. Su carrera militar continúa, le conceden la medalla de Puigcerdá.
1885- Un nuevo rumbo en la vida de Martínez Illescas. A sus 31 años y tras un corto noviazgo contraerá matrimonio con la que a la postre sería su viuda Doña Eugenia Bugallo e Iroa, natural de la Coruña que contaba con 29 años. Una nueva vida para él y su hijo Francisco de cuatro años, huérfano de madre, un nuevo lugar, Alcalá de Henares y Madrid; un nuevo horizonte;
¿A dónde le llevaría ahora el destino?
1886-
Pues el destino y más concretamente las condiciones de
su profesión (en el ejército Español de entonces
era obligatorio cumplir un mínimo de años de servicio
en algunas de las posesiones Españolas en Ultramar), un
26 de marzo es destinado al ejército de Puerto Rico, en
donde debería cubrir vacante reglamentaria.
Embarca junto a su familia el 10 de abril a bordo del vapor correo "Ciudad de Cádiz", llegando a la isla el 23 de abril de 1886.
Por espacio de siete años permanecerá en la isla y allí nacerán el resto de sus hijos. Quizás será éste el periodo de su vida en donde más asentado se encuentra y en donde verdaderamente echará raíces, tendrá buenos amigos, será querido por la sociedad puertorriqueña dado su carácter amable y abierto y para siempre será Puerto Rico un punto referencial en su vida. Lo que nunca debió imaginar que tras su marcha y posterior regreso su vida acabará en aquella tierra que para él no era diferente a las otras muchas por las que había pasado, todas eran España por la que trabajaba.
Rafael Martínez-Illescas con su familia, la madre Josefa Martínez, y sus dos hermanos, el de uniforme Angel, muerto en la Habana cuando era Alférez de Navío.
Pero volviendo al año que nos compete, una vez en Puerto Rico se incorpora al Batallón Valladolid en la capital de dicha isla. El 16 de noviembre pasa a prestar sus servicios a las órdenes inmediatas del Capitán General de la Isla.
1887- Son años aparentemente tranquilos, sin olvidar los problemas políticos que también existían en Puerto Rico: el "componte", los "secos" y los "mojados". No se tiene todavía constancia de lo que el futuro está preparando tanto para él como para España. En octubre pasa a la 4ta Compañía del Batallón de Infantería Alfonso nº 4, y es en este año cuando nace su segundo hijo varón, José Martínez Illescas Bugallo.
1888- A diferencia de lo que ocurría en Cuba y Filipinas en Puerto Rico la situación interna no era alarmante, la metrópoli seguía ejerciendo su dominio pese a una serie de breves levantamientos contra el gobierno español, pero todos ellos fueron reprimidos. Bajo este clima la familia Martínez Illescas seguía incrementándose con nuevos miembros, nace la primera hija la cual recibirá el nombre de Carolina Martínez Illescas Bugallo.
1889- Durante el transcurso de este año y sobre el 14 de febrero, el capitán Martínez Illescas se traslada a bordo del vapor "San Juan" a la ciudad de Mayagüez, quedando incorporado al servicio en el Batallón Cazadores de Alfonso XIII.
1890- En esta nueva ciudad y al mando de la 4ta compañía del anterior batallón, nacerá su hija pequeña a la que le pondrán el nombre de Eugenia Martínez Illescas Bugallo. También es nombrado en este año Capitán Ayudante de este cuerpo.
1891- Su vida continúa junto a su familia y amigos en Puerto Rico durante el resto del año.
1892- De nuevo una contrariedad le supone cambiar de sitio. Una inesperada enfermedad (normal en el personal destinado en Ultramar), le obliga a trasladarse a San Juan, en donde será sometido a un reconocimiento médico, aprovechando su estancia allí para asistir como vocal a un Consejo de Guerra del Cuerpo. Pero finalmente el 15 de abril y con un permiso de cuatro meses, recoge a su familia y se embarcan con rumbo a la península. La enfermedad junto a la ya más que superada obligatoriedad de permanencia en servicio en territorios de ultramar lo condicionan para que sea baja definitiva en el Ejército de Puerto Rico. Su misión en aquella isla había terminado, todo hacía suponer que no volvería jamas, pero tendría que volver años más tarde y sería para morir.
Quedando después de su recuperación de servicio ordinario en Ceuta, es precisamente en esta plaza donde se dedicó afanosamente a la elaboración de una memoria sobre el tema "Fotografía aplicada a la Guerra" lo que le valió que fuera citada tal circunstancia reflejada en su hoja de servicios.
1893-1894- La situación en la colonias empieza
a ser insostenible, el fracasado proyecto de Maura sobre la autonomía
de Cuba, los incidentes de Melilla, y la crisis social de Barcelona
agudizan aún más esta situación. Finalmente
estallará la 2da Guerra de Cuba y en Filipinas sucede algo
parecido. Martínez Illescas permanecerá todo este
tiempo en Ceuta, la ciudad
española
en África.
1895- El día 5 de marzo le comunican la muerte de su madre, Doña Josefa Martínez. Nombrado Ayudante de Campo del General de División Don Antonio de la Torre de la 1ra División del 6to Ejército, pero el 18 de septiembre a la muerte de dicho general queda una vez más en situación de reemplazo, hasta que es nombrado a finales de este año profesor en la Academia de Sargentos en Pamplona.
1896- Continuando en el mismo destino como profesor le llega la comunicación de su ascenso a Comandante de Infantería por antigüedad, es el 22 de enero y Martínez Illescas tiene 42 años.
Debido al ascenso tiene que ocupar un nuevo destino. Esta vez le corresponde el Regimiento de Infantería de España nº 46 con plaza en su ciudad natal, Cartagena.
Coincide este momento con la concesión de la Cruz Sencilla de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo.
Rafael Martínez-Illescas posando con el uniforme de comandante.
1897- (.....) Permanece de guarnición en su ciudad natal. (Se está investigando en la actualidad)
Cuartel del Regimiento de Infantería
de España Nº 46
1898- Llega el año clave en la vida de este militar español. No ha terminado el mes de enero cuando le comunican un nuevo destino, éste no es otro que el Ejército de Puerto Rico. De nuevo debe viajar a la isla a la cual ya pensaba que no volvería nunca. Anteriormente permaneció en ella cerca de siete años, años felices en donde nacieron tres de sus hijos.
Hacía más de doce años que había embarcado por vez primera con destino a Puerto Rico y ahora lo hacía de nuevo, pero la situación era bien distinta. El barco que lo conduce al Caribe esta empujado por vientos de una incipiente guerra que tendrá uno de sus escenarios en aquel lugar y él será un desgraciado protagonista de la misma.
Casi sin tiempo de preparación embarcan los Martínez Illescas de nuevo rumbo a Puerto Rico y lo hacen un 10 de febrero y a bordo del vapor correo Montevideo. Ironías del destino, este mismo barco traerá al comandante de regreso a España 17 años después, pero en una caja de cedro de 75 centímetros de largo por 40 de alto y ancho, con cantoneras de metal y dentro de ésta, otra de plomo soldada herméticamente. Ver: Lo que se escribió sobre Rafael Martínez Illescas después de su muerte (1898), al trasladarse sus restos a Cartagena, España (1915) y en el libro "Crónicas de la Guerra Hispano Americana en Puerto Rico (1922).
El Montevideo arriba a San Juan el día 20 del indicado mes. Para entonces el Maine había estallado cinco días antes en el puerto de la Habana. Los acontecimientos se precipitan y en Puerto Rico comienza a vivirse un clima prebélico. El 10 de marzo Teodoro Roosevelt aboga y reclama ante su gobierno de llevar la guerra a Puerto Rico; el 21 de abril la situación de la isla obliga a la suspensión de las garantías constitucionales y al día siguiente se declara el estado de guerra en todo Puerto Rico.
Tras un corto periodo de adaptación en donde toma contacto de nuevo con los numerosos amigos y conocidos de su anterior estancia, como su amigo el caballero puertoriqueño Don Miguel de Porrata Doria, es destinado al "Batallón Cazadores de la Patria número 25".
Al amanecer del día 14 de marzo embarca en el vapor "Villaverde" con dirección a la ciudad de Ponce que guarnecía dicho batallón, tomando el mando del mismo ya que el primer jefe se había marchado de operaciones de campaña. El 25 de julio comienza la invasión de Puerto Rico y Martínez Illescas se encuentra al mando de un batallón diezmado.
El 27 de julio salió con la fuerza del Batallón a la playa de dicho punto (Ponce), con la misión de combatir a los Americanos que habían desembarcado en la referida playa.
El día 28 y al mandó de una columna marchó al pueblo de Juana Díaz y desde allí a Coamo, en donde organizó la retirada de las tropas.
un
momento a otro el despacho que les anunciase a sus tropas el
fin de la lucha o de aquel viaje de recreo.
El día 9 de agosto y tras un combate cayó mortalmente herido en acción, muriendo entre las ocho y nueve de la mañana.
Se han tenido referencias de los sucesos previos a la muerte de Illescas y de qué manera se produjo ésta. Distintas versiones sobre un mismo hecho, quizás ninguna de ellas responda a la realidad, pues sólo Martínez Illescas sabría decirnos qué le impulsó o qué lo determinó para actuar de aquella forma y esto nunca lo sabremos, murió con él.
El relato de este episodio tal y como apareció en un periódico español en 1905, ya se ha hace referencia en esta misma "página" en "Lo que escribió en "El Eco de Cartagena" con motivo de la llegada de los restos de Martínez Illescas a Cartagena España:", pero ahora la narración está completa tal y como la hizo el sargento español, que presenció los hechos y tomó en ellos parte. -Ver descripción del combate por el sargento español-
Días antes, en Ponce había oído leer un telegrama del general Macías, "CUMPLID VUESTRO DEBER", decía a los soldados el gobernador de Puerto Rico. Martínez Illescas, cumplió el suyo, y aún fue más allá; ¡EL DEBER ERA MORIR!....."
El combate de Coamo duró no más de dos horas, como resultado del mismo, las fuerzas españolas tuvieron, en total las bajas de un jefe, un oficial y cuatro soldados muertos; dos guardias civiles, cinco soldados y un músico heridos; en conjunto, 14. Además resultaron también heridos una mujer y un muchacho; el número de prisioneros fue 167. -Ver lista de bajas-
Por parte Norteamericana el resultado de esta acción queda perfectamente reflejado en el telegrama que el general Miles envía a Washington, D.C. el mismo 9 de agosto, dirigido al Secretario de la Guerra de los Estados Unidos.
Finalizado el combate, y una vez muerto Illescas su historia no termina, si no todo lo contrario, comienzan ahora los aspectos más curiosos y sorprendentes de este militar.
El cadáver del Comandante en manos de los Norteamericanos, recibirá por parte de éstos un trato especial, reflejo de la gran admiración que produjo en sus enemigos la muerte del militar español.
El convoy se detuvo ante una casa .... Allí vivía, con sus tres hijos, la santa mujer que en el duro viaje de la vida había acompañado al que le hacía, enviado por el vencedor, que cumplía su palabra, una visita póstuma. Cuatro soldados yankees, con su carga orgullosos, subieron el féretro.
El once de agosto de mil ochocientos noventa y ocho y ante Don Julio Prats e Hinsch, Juez Municipal de Ponce Puerto Rico y Don Enrique Colom y Ferré, Secretario, se procede a remitir certificación del acta de defunción:
Otra versión que conocemos del traslado del cadáver de Illescas y de su entierro es la siguiente:
El 20 de agosto un oficial entregó a la viuda de Martínez Illescas esta epístola hidalga, escrita por uno de los jefe que mandaba, en el combate de Coamo, las fuerzas de los Estados Unidos.
Hasta aquí a grandes rasgos se han señalado algunos aspectos biográficos, pero quedan muchas incógnitas por desvelar de este personaje.
1º- Quizás su muerte, en las condiciones en la que se produjo no tenga una explicación muy lógica hoy día, no era necesario su sacrificio para salvaguardar el honor de un país en decadencia. Muchos interpretaron que los españoles preferían una derrota a una rendición. Lo primero era malo, lo segundo era indigno. Tampoco resulta muy comprensible que su muerte, antes que su propia rendición, estuviera dirigida para justificar la de los hombres a su mando, que una vez muerto su comandante se rindieron en bloque, y menos todavía tiene explicación en nuestros días que alguien muera por un concepto tan místico como inútil: "más allá del cumplimento del deber". ¿Bajo qué perspectiva interpretó Illescas ese mandato de cumplir con el deber? - con la de su propia muerte.
2º- Su reconocimiento, llama la atención, desde la perspectiva en el tiempo, que la acción sostenida por Illescas, en acto de servicio, no tuviera un reconocimiento explícito en cuanto a la concesión de alguna condecoración, aún siendo póstuma. Es más como se refleja en la ORDEN GENERAL PARA EL 17 DE AGOSTO DE 1898 de la Capitanía General de la Isla de Puerto Rico firmada por el coronel jefe de Estado Mayor Don Juan Camo, en donde se destaca la loable conducta de varios soldados en el combate de Coamo, pero no hace referencia alguna a la conducta y acción del comandante y tampoco a los que murieron en dicha acción:
Más justificación tendría, por estar realizado al día siguiente del combate de Coamo y no tener todavía noticias extensas de lo ocurrido, el comunicado oficial del general Macías en el que se da cuenta de este combate, tampoco se hace referencia ninguna a la muerte de Illescas y cómo se produjo la misma.
La Hoja de Servicios de Martínez Illescas, acaba sin ninguna consideración acerca de la concesión de alguna condecoración por su actitud en el combate de Coamo, se limita a terminar de la siguiente manera:
3º- Su familia; desconocemos el porqué su familia le acompaña en el segundo viaje a Puerto Rico, sabiendo que iban a una guerra y no quedan en España. Suponemos que los vínculos con Puerto Rico eran muy fuertes, sus hijos nacidos allí en su anterior etapa en la isla, les hizo ser más puertoriqueños que otra cosa.
Quizás, en la isla, los Illescas tenían el afecto y el cariño de sus amigos, y en España por contra no lo tenían, y posiblemente ni tan siquiera contaban con el lógico apoyo de su propia familia, según consideraciones que comentaremos con posterioridad.
Su familia sufre penalidades incluso para poder subsistir una vez que son repatriados, no deja de ser paradójico que un hombre que dio su vida por su país, este no fuera capaz ni tan siquiera de proporcionar a la viuda e hijos de unos mínimos elementos para sobrevivir con cierta dignidad.
Incluso un periodista americano que como corresponsal del HERALD, seguía al ejército americano, en una de sus correspondencias al periódico neoyorquino escribe:
El olvido al que menciona el periodista norteamericano, lamentablemente sí se produjo. Sólo pasaron seis años y la figura de Illescas está totalmente olvidada, y lo que es peor, su familia apenas puede mantenerse. Así queda denunciado en el "LIBERAL", un periódico madrileño que el 3 de enero de 1905 publica un extenso artículo de la mano de Antonio Cortón, periodista y ex diputado por Puerto Rico en donde se denuncia esta situación y en donde se manifiesta de una manera concluyente la viuda de Illescas.
Queda de una manera
clara la situación tan deplorable en la que se encuentran
los Illescas. Situación que no alcanzamos a comprender
del todo hoy día, si el Estado había abandonado
a uno de los muchos que habían dado su vida por la "patria",
cosa no de extrañar pues solía hacerlo frecuentemente
y éste no es más que otro caso, lo verdaderamente
llamativo es el abandono y la indiferencia que la familia sometió
a la viuda e hijos del Comandante.
Desconocemos qué familia le podía quedar a la viuda y si ésta tenía recursos económicos como para que pudieran darle cobijo, pero sí conocemos que el comandante tenía hermanos y tíos, con cierto estatus social, incluso ocupando altos cargos en el estamento militar y social , ¿por qué nadie hizo nada por ellos?, ¿por qué dejaron morir en la miseria a uno de los hijos del comandante? Son cuestiones que hoy no tiene respuestas, solo hipótesis sin ningún tipo, al día de hoy, de confirmación.
La sociedad de entonces era algo distinta a la nuestra. Quizás ese matrimonio en segundas nupcias nunca estuvo bendecido por la familia del comandante. Pudiera darse la circunstancia de que Eugenia Bugallo no tuviera el beneplácito ni la consideración debida en el entorno Martínez-Illescas, y éste explique en cierta forma que la familia fuera más feliz en Puerto Rico que en España sirviendo este argumento de explicación a que todos juntos embarcasen hacia Puerto Rico, aún conociendo que pronto habría una guerra allí.
Otra cuestión a tener en cuenta es la posición del primogénito, Francisco, el hijo de su primera esposa, que no los acompañó en el segundo viaje a la Isla junto a su madrastra y hermanastros, pero que fue el único que asistió a la llegada de los restos de su padre a Cartagena.
Llegada de los restos en donde sí están presentes todos los Martínez- Illescas; hermanos, tíos, primos pero que en ningún momento aparecen los verdaderos herederos del comandante, su viuda y sus hijas, ¿ por que ?.
Estas son algunas de las incógnitas que rodean siempre a los personajes, pero que también son importantes. La investigación historiográfica moderna marca otra línea de investigación en la que se ha revalorizado el papel del sujeto, la historia, en donde se analiza al individuo como un fenómeno singular y de importancia dentro de la historia, en conexión con su contexto espacial y temporal.
Con frecuencia ocurre en los estudios históricos, que los hechos se analizan se valoran y se interpretan, pero se olvidan de los personajes y de las circunstancias que los hacen posibles, mi intención con estos apuntes es intentar acercarme al personaje en sí, y que al mismo tiempo que se ponen en conocimiento unos hechos, las personas muchas veces anónimas, que intervienen en los mismos y que tienen nombre y apellidos sean los verdaderos protagonistas.
Uno de estos protagonistas fue un hombre que murió hace 100 años en Coamo, Puerto Rico, se llamaba Rafael Martínez Illescas. ( Continuará....)
Nota: El mando le fue entregado al teniente coronel de la Guardia Civil Julián Alonso.
1.- LIBROS
Calvo Poyato , José. "El desastre del 98". Barcelona, 1997.
Pablo Fusi , Juan y Niño, Antonio. "Vísperas del 98, orígenes y antecedentes de la crisis del 98". Madrid, 1997.
Figueroa, Javier y Santa Cecilia, Carlos G. "La España del Desastre". Barcelona, 1997.
Rodríguez González, Agustín. "La Guerra del 98, las campañas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas". Madrid, 1998.
Marco, José María. "La Libertad traicionada". Barcelona, 1997.
"Historia de España". Editorial Planeta, 1994.
Negrón, Flores. "Homenaje a un Héroe. Datos y antecedentes relacionados con el homenaje rendido en Ponce, - el 21 de mayo de 1915 - a la memoria del Comandante del ejercito D. Rafael Martínez Illescas". San Juan. (Puerto Rico), 1915.
Rivero Méndez, Angel. "Crónica de la Guerra Hispano Americana en Puerto Rico". Rio Piedras Puerto Rico, 1972.
2.- ARCHIVOS
Archivo General Militar de Segovia .
Instituto de Historia y Cultura Naval.
Archivo Municipal de Cartagena.
Archivo de la Iglesia Parroquial Castrense de Santo Domingo de Cartagena.
Archivo personal de Don Angel Martínez Illescas Pichardo.
Archivo Fotográfico Casaú.
Hemeroteca Municipal de Madrid.
3.- ARTÍCULOS DE PERIÓDICOS
El Liberal; Diario de Madrid, Barcelona, Bilbao, Murcia y Sevilla. (Una deuda de España - Corton, Antonio, 1908)
El Eco de Cartagena; Diario de Cartagena, 1915.
El Porvenir; Diario de Cartagena, 1915.