1898 La Guerra Hispano Americana en Puerto Rico - 1898 The Spanish American War in Puerto Rico

Apuntes biográficos del comandante Don Rafael Martínez-Illescas

por Luis Miguel Pérez Adán

El Sr. Pérez Adán, licenciado en Historia, es fundador y Director del Instituto Cartagenero de Investigaciones Históricas

20 de agosto de 1998

Cartagena, España


NOTA IMPORTANTE: Los datos que figuran en estos apuntes son el principio de la elaboración de un estudio biográfico más extenso. El proceso de investigación está todavía en curso y quizás algunos puntos tengan errores y podrán ser revisados.

Se establece un orden cronológico por años, aun cuando existen importantes periodos de los cuales no se tiene al día de hoy información alguna.

Agradecemos la colaboración del Sr. Miguel Angel Fernández Paredes, sin cuya ayuda técnica no nos sería posible transmitir los datos y fotografías via e-mail.

Fotografía de Martínez Illescas original de Docloux y Pliego, tomada en Pamplona, España, en junio de 1878. La fotografía fue cedida, por los herederos de sus autores, al Sr. Pérez Adán para su uso correspondiente.

Queda prohibida la reproducción y publicación parcial o total de estos apuntes, sin el debido consentimiento del autor excepto para esta página de internet. El Autor ©

INTRODUCCIÓN.- Rafael Martínez-Illescas, mezcla de héroe y de mártir, demente o suicida aceptó el desafío que lanzó el destino contra él, convirtiéndose en protagonista de unos acontecimientos que olvidados hoy día, después de casi cien años no debemos dejar que se pierdan definitivamente en el tiempo. El drama, a la vez que la tragedia se individualiza. Son las personas y sus familias las que sufren más que las instituciones, y buena prueba de ello es lo que le ocurrió a nuestro protagonista. Estos hechos ocurridos en Puerto Rico son un capítulo más de aquel despropósito tan grande que significó la Guerra Hispano Americana del 98.

El 98, supone para España más allá de unos hechos militares y políticos, una enorme tragedia a nivel personal, personas y sus familias que sufrirán las consecuencias de una mala política, alentada por una prensa patriotera, de un gobierno sin cabeza, de un mando militar totalmente ineficaz y de un pueblo que en su mayoría se quiso mantener al margen de lo que ocurría.

Martínez-Illescas nunca regresó, no tuvo que soportar la llegada a los puertos españoles formando parte de un ejército de perdedores, de enfermos, de harapientos a los que se les desembarcaban de noche para que nadie les viera. Pero su pena fue aun mayor, su familia sí tuvo que cargar con las consecuencias, su muerte por su país significó el hambre, la miseria, el olvido y la propia muerte de su familia, como preguntó su hijo antes de morir: "¿Era mi padre un malhechor para que se nos castigue?"

Quizás cuando en 1905 un periodista español denuncia esta situación personal y afirma en la columna de un periódico:

"...... Bien muerto está Illescas, pues se obstinó en morir... mas su viuda y sus hijas no tuvieron la culpa de que él fuese un patriota.
 
".....Tenía mujer e hijos" - observó, enternecido, un periodista "yankee", corresponsal del Herald,- y España será ingrata si los olvida ....."

Conocer la vida de las personas que intervinieron en los acontecimientos es necesario para poder comprender los mismos, pues como decía Gómez de la Serna, "Si la vida interior del protagonista no interesa, menos importa la circunstancia que le rodea".

1854- El siete de marzo, en la Parroquia Castrense de San Fernando de Cartagena es bautizado solemnemente y cristianamente, Rafael Isidro Fulgencio Jesús María, que nació el seis de otro mes a la una y media de la tarde en el Arsenal de Cartagena, hijo legítimo de Don Juan Martínez Illescas, teniente de navío de la Armada y de Doña Josefa Martínez Carreño, abuelo paterno Don Juan Martínez Illescas y Doña Ana María Josefa de Egea y los maternos Don Jóse Manuel Martínez y Doña Manuela Carreño, todos naturales de esta ciudad. Fuerón padrinos el abuelo paterno y la abuela materna, siendo testigos Don José Galián y Don Benito Hernández.

España se encuentra en una singladura histórica caracterizada por la inestabilidad, una época compleja y llena de acontecimientos en donde era fácil ser partícipe directo de ellos y más aun si uno tenía la condición de militar y este será el caso de nuestro personaje.

La entrada al Arsenal de Cartagena

1855 a 1870- (....... en estudio). Su infancia independientemente de su localización, definida por los continuos destinos de su padre, tuvo un denominador común, el carácter y la rigidez de un ambiente estrictamente militar; no solo su padre que llegó a General de la Marina, también tuvo un tío Contraalmirante de la Armada, o su propio hermano Ángel (muerto como el en la Guerra Hispano Americana en la Habana cuando era Alférez de navío), lo condicionarán y lo determinarán tanto en su vocación como en su propio futuro.

1871- El 26 de junio y a la edad de 17 de años es cuando se forma militarmente como Cadete en el Regimiento de Infantería de la Reina nº 2, procedente de la clase de paisano y cursando sus estudios en la Academia del Distrito de Cataluña. Coincide con años de fuertes convulsiones internas, tras el bienio progresista y la fallida instauración dinástica de Amadeo de Saboya, se produce la proclamación de la 1ra República Federal y la insurrección Cantonal en Cartagena.

El padre, el General de Marina Don Juan Martínez-Illescas Egea.

1873- Adquiere el grado de Alférez de Infantería el 12 de mayo, cursando estudios en el mismo Regimiento que pasa ahora y por disposición del gobierno de la República a denominarse Regimiento de Infantería de Castrejana nº 2. Sólo al paso de unos meses, los generales Pavia y Martínez Campos con sus repectivas acciones y pronunciamientos en favor de la restauración propician la llegada de Alfonso XII y se vuelve a cambiar radicalmente la situación del país.

1874- En marzo causa baja en dicho Regimiento, siguiendo sus estudios en la Academia de Infantería hasta que pasa con el empleo de Alférez al Batallón Cazadores de Bejar. Contando con tan sólo 20 años, interviene activamente en la II Guerra Carlista y bajo las órdenes del teniente general Don José López Domínguez toma parte en la liberación de la villa de Pugerdá sitiada ésta por las tropas carlistas. El conjunto de ésta y otras acciones durante ese año le proporcionará la recompensa del ascenso a teniente.

Rafael Martínez-Illescas, cuando era Alférez, posando junto a su amigo Angel de Obregón.

1875- Cuando el nuevo rey, Alfonso XII, entra triunfalmente en Madrid, nuestro joven teniente con la experiencia superada del combate, cubrirá diversos destinos temporales, en donde ejerce como teniente en varios cargos y plazas. Así durante este año se desplaza por Albacete, Granada, Málaga, Algeciras y Cádiz.

1876- Queda incorporado el 1 de marzo en la provincia de Alava en donde permanecerá hasta la finalización de la II Guerra Carlista el 2 de julio. Posteriormente se trasladará el 6 de agosto a Estella.

1877- De servicio todo este año en Larraga y Pamplona, Martínez Illescas será testigo, cuando no participe en ocasiones obligado por sus circunstancias, de las luchas que enfrentaban entre los que querían la vuelta atrás y olvidar el paso del tiempo restaurando una sociedad estamental y los otros, los liberales que aspiraban a ver respetados unos derechos generales.

La Restauración iba a ser capaz, por primera vez en casi todo este siglo, de dar al país una cierta tranquilidad política y estabilidad. Cánovas del Castillo estaba tratando de implantar en España el modelo político anglosajón. Era necesaria una constitución que permitiera gobernar con el mismo texto tanto a los conservadores de Cánovas como a los liberales de Sagasta.

1878- Este año viene marcado por su ascenso a capitán con tan solo 24 años de edad y con una muy prometedora carrera militar. También le es concedido el derecho de usar en la medalla de la Guerra Civil los pasadores de Puente Guardiola y Castellar de Puch.

1879- Con su nuevo grado continúa ejerciendo servicio en las plazas de Zugarramundi, Olite y Calahorra. En esta última conocerá al que sería su primera esposa.

1880- A finales del año, el 18 de diciembre, y con destino en la ciudad de Calahorra, se casará con Doña María Sanz y Díaz nacida en esa misma localidad, provincia de Burgos. Este matrimonio quedará truncado apenas pasados tres años debido a la desaparición prematura de la esposa de Martínez Illescas. Desconocemos las causas del fallecimiento y de otro tipo de datos referidos a esta etapa.

En este mismo año le conceden la Cruz Blanca del Mérito Militar.

1881- Al joven capitán le nace este año su primer hijo, Francisco Martínez Illescas Sanz. Será lo único que le deje su esposa, que morirá en breve tiempo. Es trasladado a Pamplona.

1882- Un nuevo traslado y con un nuevo destino. La movilidad de los militares en aquellos momentos era muy intensa y existía una gran dificultad en echar raíces en ningún sitio. Ahora pasa a formar parte del Regimiento de Infantería Saboya.

1883.- El Regimiento se mueve y con él Martínez Illescas. Se encuentra de servicio ordinario durante ese año en Calahorra, Tudela y Logroño.

1884- Son años difíciles, viudo y con un hijo que necesita una madre, sigue ocupando el cargo de Habilitado de su batallón. Su carrera militar continúa, le conceden la medalla de Puigcerdá.

1885- Un nuevo rumbo en la vida de Martínez Illescas. A sus 31 años y tras un corto noviazgo contraerá matrimonio con la que a la postre sería su viuda Doña Eugenia Bugallo e Iroa, natural de la Coruña que contaba con 29 años. Una nueva vida para él y su hijo Francisco de cuatro años, huérfano de madre, un nuevo lugar, Alcalá de Henares y Madrid; un nuevo horizonte;

¿A dónde le llevaría ahora el destino?

1886- Pues el destino y más concretamente las condiciones de su profesión (en el ejército Español de entonces era obligatorio cumplir un mínimo de años de servicio en algunas de las posesiones Españolas en Ultramar), un 26 de marzo es destinado al ejército de Puerto Rico, en donde debería cubrir vacante reglamentaria.

Embarca junto a su familia el 10 de abril a bordo del vapor correo "Ciudad de Cádiz", llegando a la isla el 23 de abril de 1886.

Por espacio de siete años permanecerá en la isla y allí nacerán el resto de sus hijos. Quizás será éste el periodo de su vida en donde más asentado se encuentra y en donde verdaderamente echará raíces, tendrá buenos amigos, será querido por la sociedad puertorriqueña dado su carácter amable y abierto y para siempre será Puerto Rico un punto referencial en su vida. Lo que nunca debió imaginar que tras su marcha y posterior regreso su vida acabará en aquella tierra que para él no era diferente a las otras muchas por las que había pasado, todas eran España por la que trabajaba.

Rafael Martínez-Illescas con su familia, la madre Josefa Martínez, y sus dos hermanos, el de uniforme Angel, muerto en la Habana cuando era Alférez de Navío.

Pero volviendo al año que nos compete, una vez en Puerto Rico se incorpora al Batallón Valladolid en la capital de dicha isla. El 16 de noviembre pasa a prestar sus servicios a las órdenes inmediatas del Capitán General de la Isla.

1887- Son años aparentemente tranquilos, sin olvidar los problemas políticos que también existían en Puerto Rico: el "componte", los "secos" y los "mojados". No se tiene todavía constancia de lo que el futuro está preparando tanto para él como para España. En octubre pasa a la 4ta Compañía del Batallón de Infantería Alfonso nº 4, y es en este año cuando nace su segundo hijo varón, José Martínez Illescas Bugallo.

1888- A diferencia de lo que ocurría en Cuba y Filipinas en Puerto Rico la situación interna no era alarmante, la metrópoli seguía ejerciendo su dominio pese a una serie de breves levantamientos contra el gobierno español, pero todos ellos fueron reprimidos. Bajo este clima la familia Martínez Illescas seguía incrementándose con nuevos miembros, nace la primera hija la cual recibirá el nombre de Carolina Martínez Illescas Bugallo.

1889- Durante el transcurso de este año y sobre el 14 de febrero, el capitán Martínez Illescas se traslada a bordo del vapor "San Juan" a la ciudad de Mayagüez, quedando incorporado al servicio en el Batallón Cazadores de Alfonso XIII.

1890- En esta nueva ciudad y al mando de la 4ta compañía del anterior batallón, nacerá su hija pequeña a la que le pondrán el nombre de Eugenia Martínez Illescas Bugallo. También es nombrado en este año Capitán Ayudante de este cuerpo.

1891- Su vida continúa junto a su familia y amigos en Puerto Rico durante el resto del año.

"..... Habiéndose sido el bravo comandante Martínez Illescas uno de estos hombres que ya como militares, ya como caballeros particulares, pasan por el escenario de la vida sin haberse creado un sólo enemigo, y habiéndose sabido captar la estimación y las simpatías de la culta sociedad de Ponce, donde se le quería y se le apreciaba por sus bellísimas cualidades de carácter....."

1892- De nuevo una contrariedad le supone cambiar de sitio. Una inesperada enfermedad (normal en el personal destinado en Ultramar), le obliga a trasladarse a San Juan, en donde será sometido a un reconocimiento médico, aprovechando su estancia allí para asistir como vocal a un Consejo de Guerra del Cuerpo. Pero finalmente el 15 de abril y con un permiso de cuatro meses, recoge a su familia y se embarcan con rumbo a la península. La enfermedad junto a la ya más que superada obligatoriedad de permanencia en servicio en territorios de ultramar lo condicionan para que sea baja definitiva en el Ejército de Puerto Rico. Su misión en aquella isla había terminado, todo hacía suponer que no volvería jamas, pero tendría que volver años más tarde y sería para morir.

Quedando después de su recuperación de servicio ordinario en Ceuta, es precisamente en esta plaza donde se dedicó afanosamente a la elaboración de una memoria sobre el tema "Fotografía aplicada a la Guerra" lo que le valió que fuera citada tal circunstancia reflejada en su hoja de servicios.

1893-1894- La situación en la colonias empieza a ser insostenible, el fracasado proyecto de Maura sobre la autonomía de Cuba, los incidentes de Melilla, y la crisis social de Barcelona agudizan aún más esta situación. Finalmente estallará la 2da Guerra de Cuba y en Filipinas sucede algo parecido. Martínez Illescas permanecerá todo este tiempo en Ceuta, la ciudad española en África.

1895- El día 5 de marzo le comunican la muerte de su madre, Doña Josefa Martínez. Nombrado Ayudante de Campo del General de División Don Antonio de la Torre de la 1ra División del 6to Ejército, pero el 18 de septiembre a la muerte de dicho general queda una vez más en situación de reemplazo, hasta que es nombrado a finales de este año profesor en la Academia de Sargentos en Pamplona.

1896- Continuando en el mismo destino como profesor le llega la comunicación de su ascenso a Comandante de Infantería por antigüedad, es el 22 de enero y Martínez Illescas tiene 42 años.

Debido al ascenso tiene que ocupar un nuevo destino. Esta vez le corresponde el Regimiento de Infantería de España nº 46 con plaza en su ciudad natal, Cartagena.

Coincide este momento con la concesión de la Cruz Sencilla de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo.

Rafael Martínez-Illescas posando con el uniforme de comandante.

1897- (.....) Permanece de guarnición en su ciudad natal. (Se está investigando en la actualidad)

Cuartel del Regimiento de Infantería de España Nº 46

1898- Llega el año clave en la vida de este militar español. No ha terminado el mes de enero cuando le comunican un nuevo destino, éste no es otro que el Ejército de Puerto Rico. De nuevo debe viajar a la isla a la cual ya pensaba que no volvería nunca. Anteriormente permaneció en ella cerca de siete años, años felices en donde nacieron tres de sus hijos.

Hacía más de doce años que había embarcado por vez primera con destino a Puerto Rico y ahora lo hacía de nuevo, pero la situación era bien distinta. El barco que lo conduce al Caribe esta empujado por vientos de una incipiente guerra que tendrá uno de sus escenarios en aquel lugar y él será un desgraciado protagonista de la misma.

Casi sin tiempo de preparación embarcan los Martínez Illescas de nuevo rumbo a Puerto Rico y lo hacen un 10 de febrero y a bordo del vapor correo Montevideo. Ironías del destino, este mismo barco traerá al comandante de regreso a España 17 años después, pero en una caja de cedro de 75 centímetros de largo por 40 de alto y ancho, con cantoneras de metal y dentro de ésta, otra de plomo soldada herméticamente. Ver: Lo que se escribió sobre Rafael Martínez Illescas después de su muerte (1898), al trasladarse sus restos a Cartagena, España (1915) y en el libro "Crónicas de la Guerra Hispano Americana en Puerto Rico (1922).

El Montevideo arriba a San Juan el día 20 del indicado mes. Para entonces el Maine había estallado cinco días antes en el puerto de la Habana. Los acontecimientos se precipitan y en Puerto Rico comienza a vivirse un clima prebélico. El 10 de marzo Teodoro Roosevelt aboga y reclama ante su gobierno de llevar la guerra a Puerto Rico; el 21 de abril la situación de la isla obliga a la suspensión de las garantías constitucionales y al día siguiente se declara el estado de guerra en todo Puerto Rico.

Tras un corto periodo de adaptación en donde toma contacto de nuevo con los numerosos amigos y conocidos de su anterior estancia, como su amigo el caballero puertoriqueño Don Miguel de Porrata Doria, es destinado al "Batallón Cazadores de la Patria número 25".

Al amanecer del día 14 de marzo embarca en el vapor "Villaverde" con dirección a la ciudad de Ponce que guarnecía dicho batallón, tomando el mando del mismo ya que el primer jefe se había marchado de operaciones de campaña. El 25 de julio comienza la invasión de Puerto Rico y Martínez Illescas se encuentra al mando de un batallón diezmado.

".... este batallón que guarnecía la ciudad, donde no había obras de defensa ni artillería alguna, se había segregado el día anterior en tres compañías, que a aquella hora defendían bravamente el pueblo de Guánica (Yauco), bombardeado por el enemigo (sic). Las pocas fuerzas que quedaban -320 hombres de infantería- al mando de Don Leopoldo San Martín, coronel comandante del departamento de Ponce, y del Comandante mayor del Patria, Don Rafael Martínez Illescas...."

El 27 de julio salió con la fuerza del Batallón a la playa de dicho punto (Ponce), con la misión de combatir a los Americanos que habían desembarcado en la referida playa.

"..... formados en la playa, frente a los cañones de los buques americanos, a distancia de 300 metros. Las fuerzas que enviaba el gobierno de Washington, y que ocupaban los transportes, se componían de 10,000 hombres de todas las armas, bien equipados, bien comidos, pagados con esplendidez y cuyo jefe se llamaba el general Wilson.
 
Una lancha con bandera de parlamento, conduciendo a un oficial de la marina "yankee", atracó en el muelle. Poco después el oficial y el capitán del puerto conferenciaron. De allí a poco el dilema <Bombardeo o rendición>, llevaba el terror a la ciudad donde no tardó en oirse el grito de alarma del dinero. El alcalde del pueblo, un señor amigo de la paz y los vicecónsules extranjeros en defensa de sus intereses, intervinieron por impulso caritativo y espontaneo para arreglar las cosas.... Había para ello un gran obstáculo: media hora antes en la comandancia militar, respondiendo a una trágica pregunta, se había recibido este lacónico y épico despacho, que firmaba el general Macías, gobernador de Puerto Rico: <<CUMPLID VUESTRO DEBER>>.
 
¡El cumplimiento del deber! ¿Que conciencia sin vacilaciones, hubiera podido interpretarlo? ¿Consistía en evitar, a una indefensa población, una estéril efusión de sangre? ¿Consistía en provocar, por una resistencia loca, un bombardeo bárbaro? El coronel San Martín, apremiado por los vicecónsules, entendió lo primero y decidió la retirada. Llamado por el gobernador a la capital de la isla, entregó el mando de las tropas al comandante Illescas (sic) -ver nota-, quien se retiró con ellas a la villa de Coamo, mientras los soldados yankees desembarcaban silenciosos, tranquilos, solemnes....."

El día 28 y al mandó de una columna marchó al pueblo de Juana Díaz y desde allí a Coamo, en donde organizó la retirada de las tropas.

"..... el invasor no tenía prisa. En tiendas lujosas, a sus anchas, ostentando riquezas, acampaba tranquilo. Esperaba de un momento a otro el despacho que les anunciase a sus tropas el fin de la lucha o de aquel viaje de recreo.
 
Dentro del grupo de curiosos, los que sabían inglés se enteraron de lo que ocurría. Y una hermosa niña que allí estaba, y que la pobre no tendría más que ocho primaveras, se acercó corriendo al general y exclamo entre sollozos:
 
-¡ No mates a mi papá! .....
 
El general Wilson comprendió. El rudo soldado de rostro de hielo no pudo evitar que de sus ojos saliese una lagrima. Alzó en sus brazos a la niña y la beso en la frente, murmurando a su oído estas palabras:
 
- Te prometo, niña, devolverte tu padre ¡ o muerto o vivo! ......."

El general Wilson con la hijas de Martínez Illescas en la ciudad de Ponce.

El día 9 de agosto y tras un combate cayó mortalmente herido en acción, muriendo entre las ocho y nueve de la mañana.

"........El parte anunciaba que las tropas habían encontrado resistencia formidable en las inmediaciones de la villa de Coamo, y que allí un puñado de españoles, en numero de 320, a cuyo frente estaba un loco- un Quijote- decía el parte -que se llamaba Illescas, arremetían furiosos contra 5,000 americanos, negandose a rendirse.
 
El general Wilson, sin expresar ningún asombro, parecía contrariado. Grave, impasible, dio sus órdenes y pidió su caballo para dirigirse sin demora hacia el lugar de los sucesos.
 
Cuando en las primeras horas del 9 de agosto de 1898 llegó a la villa de Coamo el general Wilson, todo había terminado. Preguntó ansioso por el comandante Illescas y al saber que había muerto en combate, exclamo conmovido:
 
-¡Pobre huerfanita...!
 
Quiero ver el cadáver.... El cuerpo del heroico Martínez Illescas lo cubría la bandera del batallón Patria. Del uniforme ensangrentado del soldado cartagenero, los soldados yankees, en su entusiasmo por el héroe, habían arrancado las insignias, las cornetillas del cuello, la escarapela del sombrero, las estrellas de la bocamanga, que querían conservar como reliquias... El jefe americano quiso saber cómo había muerto el jefe español. Supo que negandose a rendirse, a pesar de la bandera blanca con que distintas veces se le invitaba a hacerlo, fue necesario darle muerte apuntandole con insistencia, pues se comprendió que en aquel combate desigual, absurdo, quijotesco, no cesaría mientras Illescas estuviera vivo...."

Se han tenido referencias de los sucesos previos a la muerte de Illescas y de qué manera se produjo ésta. Distintas versiones sobre un mismo hecho, quizás ninguna de ellas responda a la realidad, pues sólo Martínez Illescas sabría decirnos qué le impulsó o qué lo determinó para actuar de aquella forma y esto nunca lo sabremos, murió con él.

El relato de este episodio tal y como apareció en un periódico español en 1905, ya se ha hace referencia en esta misma "página" en "Lo que escribió en "El Eco de Cartagena" con motivo de la llegada de los restos de Martínez Illescas a Cartagena España:", pero ahora la narración está completa tal y como la hizo el sargento español, que presenció los hechos y tomó en ellos parte. -Ver descripción del combate por el sargento español-

Días antes, en Ponce había oído leer un telegrama del general Macías, "CUMPLID VUESTRO DEBER", decía a los soldados el gobernador de Puerto Rico. Martínez Illescas, cumplió el suyo, y aún fue más allá; ¡EL DEBER ERA MORIR!....."

El combate de Coamo duró no más de dos horas, como resultado del mismo, las fuerzas españolas tuvieron, en total las bajas de un jefe, un oficial y cuatro soldados muertos; dos guardias civiles, cinco soldados y un músico heridos; en conjunto, 14. Además resultaron también heridos una mujer y un muchacho; el número de prisioneros fue 167. -Ver lista de bajas-

Por parte Norteamericana el resultado de esta acción queda perfectamente reflejado en el telegrama que el general Miles envía a Washington, D.C. el mismo 9 de agosto, dirigido al Secretario de la Guerra de los Estados Unidos.

"... He recibido el siguiente comunicado del general Wilson:
 
La brigada del general Ernst capturó a Coamo a las ocho y treinta de esta mañana. Decimosexto regimiento de Pennsylvania, coronel Hulings, guiado por el teniente coronel Briddle, de mi Estado Mayor, cayó sobre el camino de Aibonito, media milla más allá del pueblo, capturando toda la guarnición, que monta a 150 hombres. Comandante español Illescas y capitán López, muertos; nuestras pérdidas, seis heridos, uno solo de ellos grave. Soldados y oficiales, excelente comportamiento. General Ernst, coronel Hulings y coronel Briddle los recomiendo especialmente. Esta es una importante captura y perfectamente ejecutada. Nombres de los heridos irán tan pronto los reciba. ..." -Ver lista de bajas-

Finalizado el combate, y una vez muerto Illescas su historia no termina, si no todo lo contrario, comienzan ahora los aspectos más curiosos y sorprendentes de este militar.

El cadáver del Comandante en manos de los Norteamericanos, recibirá por parte de éstos un trato especial, reflejo de la gran admiración que produjo en sus enemigos la muerte del militar español.

".... En las primeras horas de la noche de aquel trágico día, un fúnebre convoy, dirigido por un oficial del ejército yankee y rodeado por la muchedumbre, entraba silenciosamente en la ciudad de Ponce. En magnífico carro de la Cruz Roja americana, venía tirado por soberbias mulas, un ataúd, que contenía el cadáver de Illescas...."

El convoy se detuvo ante una casa .... Allí vivía, con sus tres hijos, la santa mujer que en el duro viaje de la vida había acompañado al que le hacía, enviado por el vencedor, que cumplía su palabra, una visita póstuma. Cuatro soldados yankees, con su carga orgullosos, subieron el féretro.

El once de agosto de mil ochocientos noventa y ocho y ante Don Julio Prats e Hinsch, Juez Municipal de Ponce Puerto Rico y Don Enrique Colom y Ferré, Secretario, se procede a remitir certificación del acta de defunción:

"... falleciendo en la acción de Coamo, el día nueve del corriente, entre las ocho y nueve de la mañana, cuyo cadáver fue trasladado a esta cabecera por mandato del General en Jefe del ejército americano y murió a consecuencia de herida por arma de fuego según certificación facultativa; debiendo remitir certificación del acta de defunción para su agregación a las diligencias respectivas, disponiendo la inhumación del expresado cadáver y su inscripción en el Registro Civil a los fines procedentes.- ..."
 
"... Finalmente el Jefe de las tropas americanas, general Miles, ordenó que el cadáver del valeroso Comandante fuese traído a Ponce, como así se hizo. Recibió los tristes despojos su fiel e inseparable amigo Don Miguel de Porrata Doria, que en unión de otros caballeros de alma buena también, depositaron el cadáver en el Santo Asilo de Damas. Del Santo Asilo, y acompañado siempre por su consecuente y leal amigo Don Miguel, el venerable patriarca, fue llevado al antiguo cementerio católico, donde el cadáver del infortunado Illescas recibió piadosa y cristiana sepultura en el Nicho nº 51, y donde sus restos han sido depositados...."

Otra versión que conocemos del traslado del cadáver de Illescas y de su entierro es la siguiente:

"... Los cadáveres de Martínez Illescas y Frutos López fueron trasladados, en los primeros momentos, a la casilla del peon caminero, y allí estaban, ocupando dos camillas, cuando llegaron los generales Wilson y Ernst. Frutos López, dos soldados y un corneta, quienes también murieron aquel día, fueron enterrados en el cementerio de Coamo, y allí reposan sus restos. El párroco, Don Marcelino Rodríguez, hizo construir, a sus expensas, dos sencillos monumentos que guardan los restos de aquellos cuatro hombres que perdieron sus vidas en defensa de su bandera. El cadáver del comandante Illescas fue conducido a Ponce en una ambulancia escoltada por tropas americanas; en aquella población fue mantenido en capilla ardiente toda la noche, y al otro día se le dio sepultura, con honores militares, en un nicho del cementerio, gratuitamente cedido por la Corporación municipal. ..."

El 20 de agosto un oficial entregó a la viuda de Martínez Illescas esta epístola hidalga, escrita por uno de los jefe que mandaba, en el combate de Coamo, las fuerzas de los Estados Unidos.

".......Señora: Permítame usted que antes de abandonar esta isla, teatro de escenas tan dolorosas, le ofrezca mi más honda simpatía, en medio de su aflicción, y le exprese mi admiración más profunda hacia el valor de su marido.
Antes de sucumbir pasó y repasó seis veces, por lo menos, toda la linea de nuestra fuerza, hallándose distintamente a nuestra vista y bajo los disparos que sin interrupción les hicimos por espacio de una hora.
En tales circunstancias debió de comprender que su muerte era inevitable.
 
La rendición, que estoy seguro jamás se hubiera podido obtener mientras él viviese, sobrevino inmediatamente después de su caída. Su muerte fue la de un héroe, señora; el dolor inmenso que la sobrecoge debe mezclarse con la íntima satisfacción que ha de producir el saber que su esposo, hasta en su manera de caer, demostró que era el tipo de legendario soldado ideal.
 
Le suplico tenga a bien perdonar la intención de quien , como yo, forma parte de las fuerzas adversarias; pero la admiración hacia el enemigo intrépido y valeroso es privilegio del soldado y una de las pocas satisfacciones de la guerra, y yo entiendo que es mi deber rendir este tributo a la memoria de aquel héroe.
Queda de usted atento seguro servidor,
 
Harry Alvan Hall.............."
 

Hasta aquí a grandes rasgos se han señalado algunos aspectos biográficos, pero quedan muchas incógnitas por desvelar de este personaje.

1º- Quizás su muerte, en las condiciones en la que se produjo no tenga una explicación muy lógica hoy día, no era necesario su sacrificio para salvaguardar el honor de un país en decadencia. Muchos interpretaron que los españoles preferían una derrota a una rendición. Lo primero era malo, lo segundo era indigno. Tampoco resulta muy comprensible que su muerte, antes que su propia rendición, estuviera dirigida para justificar la de los hombres a su mando, que una vez muerto su comandante se rindieron en bloque, y menos todavía tiene explicación en nuestros días que alguien muera por un concepto tan místico como inútil: "más allá del cumplimento del deber". ¿Bajo qué perspectiva interpretó Illescas ese mandato de cumplir con el deber? - con la de su propia muerte.

2º- Su reconocimiento, llama la atención, desde la perspectiva en el tiempo, que la acción sostenida por Illescas, en acto de servicio, no tuviera un reconocimiento explícito en cuanto a la concesión de alguna condecoración, aún siendo póstuma. Es más como se refleja en la ORDEN GENERAL PARA EL 17 DE AGOSTO DE 1898 de la Capitanía General de la Isla de Puerto Rico firmada por el coronel jefe de Estado Mayor Don Juan Camo, en donde se destaca la loable conducta de varios soldados en el combate de Coamo, pero no hace referencia alguna a la conducta y acción del comandante y tampoco a los que murieron en dicha acción:

"... los soldados del Batallón Cazadores de la Patria, Ramón Suárez Picó, quien salvó la bandera del Cuerpo y Francisco Moreno Lorón, que hizo lo mismo con la caja de caudales al ser muerta la acémila que la llevaba, merece ser conocida para ejemplo de los demás y justo estímulo a nuevos hechos honrosos por parte de tan dignos soldados, que realizaron los antes expresados en lo más duro de la refriega y bajo el fuego nutrídisimo y muy próximo del enemigo.
 
En consecuencia he resuelto hacer pública tal conducta por medio de la presente orden general: resolviendo a la vez que sin perjuicio de la recompensa que el Gobierno de S.M. la Reina (q.D.g.), a quien doy cuenta con esta fecha de dichos hechos, tenga a bien otorgar a los individuos de referencia, se entregue a Ramón Suárez, como premio extraordinario, doscientos pesos, y cien a Francisco Moreno, ambas cantidades con cargo a los fondos recaudados por suscripción para la guerra.
 
Lo que de orden de S.E. se hace saber en la general de este día para conocimiento de todas las fuerzas del distrito. ..."

Más justificación tendría, por estar realizado al día siguiente del combate de Coamo y no tener todavía noticias extensas de lo ocurrido, el comunicado oficial del general Macías en el que se da cuenta de este combate, tampoco se hace referencia ninguna a la muerte de Illescas y cómo se produjo la misma.

"... Capitanía General de la Isla de Puerto Rico. ORDEN GENERAL PARA EL 10 DE AGOSTO DE 1898. Dos compañías del batallón Cazadores de la Patria y algunas fuerzas de la Guardia Civil que se hallaban acantonadas en la villa de Coamo, al mando del comandante de Infantería don Rafael Martínez Illescas, fueron rudamente atacadas por las fuerzas enemigas, muy superiores en número, utilizando bastante artillería.
 
Se trabó un sangriento combate que duró como hora y media, y para evitar el riesgo que se corría de verse cortado por el enemigo, se emprendió ordenada retirada por la carretera central que conduce a Aibonito, en la cual encontraron otras compañías del mismo batallón Patria salidas del citado pueblo de Aibonito, las que protegieron la retirada.
 
Un grupo como de trescientos enemigos trató, vivamente, de apoderarse de nuestra impedimenta a la salida de Coamo, pero fueron rechazados sin haber logrado su intento.
 
Ignórase aún las bajas de una y otra parte se han tenido en este encarnizado combate...."

La Hoja de Servicios de Martínez Illescas, acaba sin ninguna consideración acerca de la concesión de alguna condecoración por su actitud en el combate de Coamo, se limita a terminar de la siguiente manera:

"... El día 9 de agosto y con motivo del reñidísimo combate sostenido contra las fuerzas enemigas, cayo mortalmente herido en las inmediaciones del referido pueblo, habiendo fallecido en el mismo momento y por cuyo motivo causa baja en este Cuerpo a fin del mismo mes...."

3º- Su familia; desconocemos el porqué su familia le acompaña en el segundo viaje a Puerto Rico, sabiendo que iban a una guerra y no quedan en España. Suponemos que los vínculos con Puerto Rico eran muy fuertes, sus hijos nacidos allí en su anterior etapa en la isla, les hizo ser más puertoriqueños que otra cosa.

"... En Puerto Rico había pasado toda su juventud. Allí nacieron sus hijos. Oficial del ejército, distinguido ayudante del general Contreras, y jefe después del batallón Patria, cumplió sus deberes militares, viviendo alejado de las luchas políticas. En él la adhesión a la Metrópoli no excluía el amor a la colonia...."

Quizás, en la isla, los Illescas tenían el afecto y el cariño de sus amigos, y en España por contra no lo tenían, y posiblemente ni tan siquiera contaban con el lógico apoyo de su propia familia, según consideraciones que comentaremos con posterioridad.

"... El bizarro Comandante Illescas que selló con su sangre generosa un juramento de honor, vivió mucho tiempo entre nosotros, aquí tenia su hogar y aquí también nacieron algunos de sus hijos. En todos los actos del infortunado Illescas, brilló siempre la hidalguía y la honradez. En estos momentos tristísimos de su partida volvió los ojos llorosos y sombríos sobre la hospitalaria ciudad de Ponce, donde dejaba, en un hogar puertoriqueño, los pedazos de su corazón: su esposa y sus hijos albergados en el virtuoso hogar del noble patriarca Don Miguel de Porrata Doria, su consecuente y leal amigo...."

Su familia sufre penalidades incluso para poder subsistir una vez que son repatriados, no deja de ser paradójico que un hombre que dio su vida por su país, este no fuera capaz ni tan siquiera de proporcionar a la viuda e hijos de unos mínimos elementos para sobrevivir con cierta dignidad.

Incluso un periodista americano que como corresponsal del HERALD, seguía al ejército americano, en una de sus correspondencias al periódico neoyorquino escribe:

"... Martínez tenía mujer e hijos. España será ingrata si los olvida. El héroe de Coamo era la fuerte raza de los que se rompen pero no se doblan. Peleó cuando ya no había esperanza. Echó su carta en el terrible juego que siempre tienta a los verdaderos soldados. Si hubiera salido vivo, los grandes honores lo aguardaban. Muerto, ha hecho de su vulgar apellido, un apellido ilustre. Al lado de Ruiz, del dos de mayo, estará Martínez de Coamo...."

El olvido al que menciona el periodista norteamericano, lamentablemente sí se produjo. Sólo pasaron seis años y la figura de Illescas está totalmente olvidada, y lo que es peor, su familia apenas puede mantenerse. Así queda denunciado en el "LIBERAL", un periódico madrileño que el 3 de enero de 1905 publica un extenso artículo de la mano de Antonio Cortón, periodista y ex diputado por Puerto Rico en donde se denuncia esta situación y en donde se manifiesta de una manera concluyente la viuda de Illescas.

"..... Y el caso que un día, hace un par de semanas, en una casa amiga, por azar, que yo quisiera bendecir, tuve el honor, el grande honor, de ser presentado a la viuda y las hijas de Martínez Illescas. No tuvieron suerte de morir como murió el hijo de Vara de Rey, en el mismo sitio donde el padre inmoló su vida. Viven, viven aún. Vive la madre, dolorida, imagen del dolor y el desconsuelo, y viven las hijas, la mayor de diecisiete años - la que en Ponce un día negro, pedia la vida de su padre,- de dieciséis la otra, y las dos sonriendo al infortunio, con esa sonrisa que la inexperta juventud tiene para desafiar la injusticia del mundo y la miseria de las cosas.
 
Me atreví a interrogar a la viuda de Illescas sobre las vicisitudes de su vida, después de la repatriación. Sin exhalar ninguna queja, como si el dolor y el sacrificio fuesen para la pobre mártir cosa normal y sencilla, o pruebas que a la humanidad impone un Dios justo, respondió sonriendo:
 
- Soy coruñesa, compatriota de María Pita, y sé que debemos por la patria luchar y sufrir.
 
Insistí en mis preguntas... Asediada por ellas, me hizo al fin, poco a poco, algunas confidencias íntimas. Antes de dejar la isla donde el comandante Illescas descansa en paz, necesitó la viuda, para poder comprar la modesta lápida del héroe, vender un objeto familiar, lo único que tenía, la máquina de coser. En el vapor correo que trajo a España los periódicos que hablaban de Illescas, llegaron la viuda y los tres hijos. La prensa de Madrid, la de provincias, celebraron la hazaña. La colonia española de Puerto Rico inició suscripciones, después abandonadas, para levantar un monumento que perpetuase el heroísmo del soldado español. Un periódico de Cartagena, donde Illescas nació, pidió que su restos se trasladasen a la patria por cuenta del Ayuntamiento de aquella capital. Y después... ¡nada! ¡El silencio, el olvido, cayendo con pesadez de plomo, como un nuevo sudario, sobre la memoria del caudillo a quien los yankees arroparon en el mortuorio lecho con la bandera española ...
 
Temiendo a la contestación que mi pesimismo adivinaba, insinué:
 
- Pero, al menos el Estado habrá sido justo con usted.
 
- El Estado, me señaló la pensión ordinaria a que tenía derecho como viuda de un comandante: veintidós duros y tres pesetas al mes.
 
No entiendo de cosas de milicia; mas pensé que es injusto que un comandante que sucumbe de muerte natural o una enfermedad tal vez ridícula, y en cómodo lecho y bien asistido por sus deudos y por su familiares, obtenga para su familia la misma recompensa póstuma que un jefe que cae, acribillado de heridas, en el mismo campo de batalla, después de haber luchado bravamente al frente de 300 hombres contra 5,000.
 
- Y menos mal -continuó la viuda, - si esos veintidós duros, íntegros viniesen a mis manos. Para atender a mi hijo, en su última enfermedad, tuve que empeñar la paga, y hoy sólo percibo doce duros.
 
- ¿ Perdió usted un hijo?
 
- Cuando salimos de Puerto Rico, eramos cuatro. ¡Que calvario de nueve años! Luego hubo una baja. Mi hijo, al fin hace dos años, descansó. Tuberculosis, diagnosticaron los médicos; pero yo sé que el probrecito se murió de hambre, de frío, de tristeza. Y estas dos infelices, si Dios no lo remedia se morirán también.
 
La dejé llorar, llorar copiosamente, y cuando, al fin, se serenó, me despedí, no sin hacerle los ofrecimientos de rigor, solicitando al mismo tiempo las señas de su domicilio, para ir a rendirla el homenaje que yo tributo únicamente a esa augusta y sublime majestad del dolor.
 
Y en estos días pasados, días de fiesta y holgorio, cuando hasta los seres más necesitados tuvieron un minuto breve de expansión y alegría, estuve en el pueblo de Carabanchel Bajo, donde reside con sus hijas la infortunada viuda de Martínez Illescas; y allí, en una casa desmedrada y húmeda, por cuyas puertas, con los cristales rotos, penetra a sus anchas el aire frío de la llanura, y sin calefacción, sin muebles, sin estera en los pisos y sin lumbre en el fogón, contemplé un cuadro de miseria que me llenó de espanto. Y no me lo contaron, no. ¡Mis ojos lo vieron! Vieron que en la casa la despensa estaba vacía. Vieron que para cubrirse tres seres humanos no había más que una manta, donativo de la Sociedad de Santa Rita. Vieron que las hijas de Martínez Illescas estaban vestidas de percal, con los zapatos rotos, trabajando la una para el público, como bordadora y la otra como lavandera...
 
La viuda, un si es no es avergonzada al verme presenciar tanta miseria, me dijo entre sollozos:
 
-Mi hijo, en sus últimos momentos, nos preguntaba: ¿Era mi padre un malhechor para que así se nos castigue?...."

Queda de una manera clara la situación tan deplorable en la que se encuentran los Illescas. Situación que no alcanzamos a comprender del todo hoy día, si el Estado había abandonado a uno de los muchos que habían dado su vida por la "patria", cosa no de extrañar pues solía hacerlo frecuentemente y éste no es más que otro caso, lo verdaderamente llamativo es el abandono y la indiferencia que la familia sometió a la viuda e hijos del Comandante.

El único homenaje y recuerdo de la ciudad de Cartagena a un heroico hijo suyo, una calle en un barrio periférico.

Desconocemos qué familia le podía quedar a la viuda y si ésta tenía recursos económicos como para que pudieran darle cobijo, pero sí conocemos que el comandante tenía hermanos y tíos, con cierto estatus social, incluso ocupando altos cargos en el estamento militar y social , ¿por qué nadie hizo nada por ellos?, ¿por qué dejaron morir en la miseria a uno de los hijos del comandante? Son cuestiones que hoy no tiene respuestas, solo hipótesis sin ningún tipo, al día de hoy, de confirmación.

La sociedad de entonces era algo distinta a la nuestra. Quizás ese matrimonio en segundas nupcias nunca estuvo bendecido por la familia del comandante. Pudiera darse la circunstancia de que Eugenia Bugallo no tuviera el beneplácito ni la consideración debida en el entorno Martínez-Illescas, y éste explique en cierta forma que la familia fuera más feliz en Puerto Rico que en España sirviendo este argumento de explicación a que todos juntos embarcasen hacia Puerto Rico, aún conociendo que pronto habría una guerra allí.

Otra cuestión a tener en cuenta es la posición del primogénito, Francisco, el hijo de su primera esposa, que no los acompañó en el segundo viaje a la Isla junto a su madrastra y hermanastros, pero que fue el único que asistió a la llegada de los restos de su padre a Cartagena.

Llegada de los restos en donde sí están presentes todos los Martínez- Illescas; hermanos, tíos, primos pero que en ningún momento aparecen los verdaderos herederos del comandante, su viuda y sus hijas, ¿ por que ?.

Estas son algunas de las incógnitas que rodean siempre a los personajes, pero que también son importantes. La investigación historiográfica moderna marca otra línea de investigación en la que se ha revalorizado el papel del sujeto, la historia, en donde se analiza al individuo como un fenómeno singular y de importancia dentro de la historia, en conexión con su contexto espacial y temporal.

Con frecuencia ocurre en los estudios históricos, que los hechos se analizan se valoran y se interpretan, pero se olvidan de los personajes y de las circunstancias que los hacen posibles, mi intención con estos apuntes es intentar acercarme al personaje en sí, y que al mismo tiempo que se ponen en conocimiento unos hechos, las personas muchas veces anónimas, que intervienen en los mismos y que tienen nombre y apellidos sean los verdaderos protagonistas.

Uno de estos protagonistas fue un hombre que murió hace 100 años en Coamo, Puerto Rico, se llamaba Rafael Martínez Illescas. ( Continuará....)

Nota: El mando le fue entregado al teniente coronel de la Guardia Civil Julián Alonso.

 

BIBLIOGRAFÍA

1.- LIBROS

Calvo Poyato , José. "El desastre del 98". Barcelona, 1997.

Pablo Fusi , Juan y Niño, Antonio. "Vísperas del 98, orígenes y antecedentes de la crisis del 98". Madrid, 1997.

Figueroa, Javier y Santa Cecilia, Carlos G. "La España del Desastre". Barcelona, 1997.

Rodríguez González, Agustín. "La Guerra del 98, las campañas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas". Madrid, 1998.

Marco, José María. "La Libertad traicionada". Barcelona, 1997.

"Historia de España". Editorial Planeta, 1994.

Negrón, Flores. "Homenaje a un Héroe. Datos y antecedentes relacionados con el homenaje rendido en Ponce, - el 21 de mayo de 1915 - a la memoria del Comandante del ejercito D. Rafael Martínez Illescas". San Juan. (Puerto Rico), 1915.

Rivero Méndez, Angel. "Crónica de la Guerra Hispano Americana en Puerto Rico". Rio Piedras Puerto Rico, 1972.

2.- ARCHIVOS

Archivo General Militar de Segovia .

Instituto de Historia y Cultura Naval.

Archivo Municipal de Cartagena.

Archivo de la Iglesia Parroquial Castrense de Santo Domingo de Cartagena.

Archivo personal de Don Angel Martínez Illescas Pichardo.

Archivo Fotográfico Casaú.

Hemeroteca Municipal de Madrid.

3.- ARTÍCULOS DE PERIÓDICOS

El Liberal; Diario de Madrid, Barcelona, Bilbao, Murcia y Sevilla. (Una deuda de España - Corton, Antonio, 1908)

El Eco de Cartagena; Diario de Cartagena, 1915.

El Porvenir; Diario de Cartagena, 1915.


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