1898 La Guerra Hispano Americana en Puerto Rico - 1898 The Spanish American War in Puerto Rico

Impresiones sobre el bombardeo de Puerto Rico (1)

Por: Comandante Luis Alvarado

(Comandante del Parque de Artillería para la fecha del bombardeo a San Juan)

Tomado de: MEMORIAL DE ARTILLERIA. Serie IV, Tomo XII, Año 1899

(1). El Cuerpo de Artillería conoce perfectamente el estado defensivo de todas nuestras plazas y costas, como es de su obligación; pero conviene que el publico en general sepa a que atenerse en punto a los descalabros pasados, para que no eche culpas a quienes no las tengan, arrastrado por falsas ideas y vanas palabrerías. (N. de la R.)

Unico hecho de armas de esta naturaleza consumado durante nuestra fatal contienda con los Estados Unidos, el prolongado silencio que sobre él se ha guardado en esta publicación por los artilleros que tomamos parte en la defensa de la plaza, podría interpretarse como indiferencia hacia el servicio, lo cual sería muy punible, hoy sobre todo, que adelantándose los entusiasmos personales a las disposiciones superiores, se publican en esta revista estudios tan interesantes como los que recientemente hemos leído referentes a las baterías y al servicio de la artillería de costa.

Este silencio, y creo que a los demás compañeros les pasará lo mismo, ha obedecido a razones de prudencia y de conciencia profesional; de prudencia, porque el referir las deficiencias que nos impidieron obtener un triunfo más palpable y completo, apareja una censura implícita contra los que hubieran podido subsanarlas en tiempo oportuno; de conciencia profesional, porque es triste que en el más reciente o, mejor dicho, en el único combate formal sostenido entre una plaza y una escuadra moderna, sean tan escasas las deducciones técnicas que hayamos podido obtener por falta de buena observación, de sistema telemétrico, mala agrupación de las piezas y falta de algunos servicios auxiliares.

Pero a falta de un estudio metódico, publico este escrito que me apresuro a calificar meramente de impresiones por las razones que he expuesto, y animándome a hacerlo el deber que todos tenemos de contribuir a la faena común, por pequeño que sea el esfuerzo que se aporte, y además, porque juzgo que una observación sincera, hecha durante el combate verdadero, proporciona más luz que otras muchas que, aun llevadas a cabo por observadores más autorizados, se basen en combates simulados, o en fundamentos puramente teóricos.

Antecedentes. Allá por el año 1882, y por iniciativa del señor General Despujols, se redactó un proyecto de artillado en consonancia con los adelantos de la época, y recordamos que figuraban, entre otros varios, dos cañones Krupp de 30 centímetros y 35 calibres de longitud. Consiguió dicho General se consignaran 80,000 pesos anuales para artillado, pero sólo duró dos años esta consignación, pues ante exigencias parlamentarias de economías (2) y para dotar otros servicios se suprimió dicha partida; bien es verdad que hubo entonces un Gobernador General que, para facilitarlo, dijo que a él con fusiles le sobraba para defender la Isla. ¡Dios tenga en gloria a ese buen señor, cuyo nombre omitimos, aunque lo recordamos perfectamente!

(2). Hay que advertir que el presupuesto de la isla se liquidó algunos años con superabit.

Con los 160,000 pesos se compró uno de los cañones Krupp de 30, una grúa de 80 toneladas, un carro fuerte para el mismo peso y algunos otros efectos de menor importancia, y como se acabó la consignación se acabaron las compras.

Tan pronto como se pensó en artillería moderna surgieron dificultades para su emplazamiento. El punto primordial para la defensa de la plaza, respecto a ataques marítimos, era, como reconocieron todos los hombres de guerra que han visto la plaza, y el reciente ataque ha confirmado, el ocupado por el Castillo del Morro; fuerte de sistema abaluartado, pero que ciñéndose en su trazado a las rocas en que se apoya, tenía, o mejor dicho tiene, estrechísimos terraplenes y baluartes muy pequeños, en una palabra, un trazado tal, que muy bien entendido y muy suficiente para la época en que se hizo, no hay en él sitio alguno en que sea posible emplazar, ni en medianas condiciones, artillería moderna de grueso calibre. Por otro lado, era indispensable situar allí la mejor parte de nuestros fuegos, pues además de defender la entrada al puerto, frente a él se bate longitudinalmente la plaza, y ante esa necesidad se colocaron las piezas como se pudo, es decir, en malísimas condiciones.

La solución era evidente: transformar o derribar el castillo; pero al ingeniero o al General que hubiese presentado ese proyecto, pidiendo para realizarlo unos cuantos millones, no se le hubiera hecho el menor caso (3); y esta imposibilidad de situar artillería moderna en un recinto estrecho y anticuado, sobre el cual se agolpaba el caserío, obligó a los ingenieros a situar sus nuevas baterías en sitios donde eran menos eficaces para contrarrestar los ataques que era lógico esperar. Insisto en esta digresión, porque al puntualizar defectos con toda sinceridad no encuentro a nadie personalmente responsable; más aún, me complazco en reconocer que los ingenieros militares individualmente y como colectividad estaban llenos de celo e inteligencia, no ya para comprender y corregir defectos tan palmarios, sino para haber hecho una plaza modelo; por parte de los artilleros afirmo que jamás faltó la prudente protesta, las peticiones insistentes de lo que faltaba y las reclamaciones oportunas; citaré también autoridades llenas de entusiasmo por poner la plaza en defensa y, sin embargo, llegó el momento temido y la plaza estaba en estado muy precario en cuanto a material y servicios auxiliares. ¿Quién tuvo, pues, la culpa? ¿Fue el sistema, en virtud del cual un Ministerio de Ultramar y una comisión de diputados variaban a capricho el presupuesto de países que no conocían? ¿Es nuestro modo de ser en que no cabe la previsión? ¿Acaso la corrupción, que pospone y toma a burla los peligros de la patria ante las miserias y componendas de la política? Es terreno vedado para un militar que escribe unos modestos apuntes, y vuelvo a mi historia.

(3). Ha sido preciso entrever la liquidación de nuestros desastres para que el país palpe que las victorias o las derrotas de una nación se traducen en miles de millones; lo que aún no se quiere comprender es que algunos millones empleados oportunamente son indispensables para obtener las primeras o aminorar las segundas; con cañones modernos en Santiago de Cuba, Manila y Puerto Rico, la escuadra americana hubiera sufrido pérdidas gravísimas, y entonces se hubiera firmado una paz menos leonina que el tratado de París. Abrigo el tristísimo convencimiento de que seguiremos esperándolo todo del General No importa», y olvidando el axioma de que sin huevos no se hacen tortillas, y empleo frase tan vulgar porque no merece otra la manera que gran parte de la prensa y el vulgo de levita tienen de discutir sobre la defensa nacional.

Por carecerse de muelle en que emplazar la grúa de 80 toneladas, ésta la han encontrado los americanos perfectamente cuidada y aparcada a los dieciseis o dieciocho años de haber llegado; se armó y desarmó por gusto de verla, y se quedó sin emplazar, proporcionando uno de los casos más curiosos del expedienteo español; los ingenieros militares presentaron dos o tres proyectos de muelles militares, todos buenos, pero ninguno se aceptó por no gastar el dinero que indispensablemente importaban; la Junta de Obras del Puerto decía que los muelles no podían soportar ese peso y ofrecía soluciones que nunca cumplía; los artilleros conveníamos en desembarcar los cañones sin necesidad de grúa, pero pidiendo que el barco-transporte quedara a nuestro albedrío para sacar el cañón de la cala; la Trasatlántica (que parece era la única que podía efectuar transportes) informaba también lo que se le ocurría y así pasaron años y años. En 1896 el entonces Gobernador General D. Sabas Marín, se impuso a la Junta de Obras y le hizo empezar los trabajos de un espigón para colocar la grúa, pero apenas hubo tiempo de comenzar las fundaciones. Aburridos en Madrid, y con razón, de tan largo expediente, decidieron quedarse con el cañón de 30 cm, dando, en cambio, con exceso, su valor en piezas de 15 cm Ordóñez, obuses de 24 del mismo sistema y remitir, cuando hubiera medios de transporte y desembarque, cañones de 24 cm que nunca recibimos.

Los cañones y obuses llegaron por el año 1894, y como quiera que la construcción de las nuevas baterías exigía algún tiempo, el señor General Daban dispuso que por el 12vo Batallón, auxiliado por el Parque, se emplazaran provisionalmente algunos de los cañones. Con 1,000 pesos que había consignados para escuelas prácticas, y trabajando los artilleros del 12vo Batallón, se emplazaron los cañones y obuses, que recibieron los nombres de baterías de San Antonio, San Fernando y El Carmen: ningún mérito tenían las obras ejecutadas, pero cito este detalle como argumento de que los artilleros hicimos aún más de lo que nos correspondía por el afán de tener cañones con que contestar al enemigo, y como previsión del General que dispuso la ejecución de esas obras, pues malas y todo, esas baterías hicieron mucho fuego el día 12 de mayo; mejor dicho, fueron las que más disparos hicieron.

Se sucedieron distintos mandos, y en 1896 se encargó del superior de la isla el señor General Marín, quien tanto por sus aficiones artilleras como porque comprendió la inminencia del peligro, tomó con tanto calor la cuestión de que San Juan fuese plaza fuerte, que si su mando hubiera durado más y la guerra se hubiese retardado, muy distinto hubiera sido el estado de la plaza.

En su tiempo se concluyeron y artillaron las nuevas baterías de la parte N; hizo comenzar, como en otro lado indicamos, el espigón necesario para emplazar la legendaria grúa; reiteró el pedido de artillería de tiro rápido (4) y la necesaria para defender el frente de tierra de la plaza; aprobó el proyecto de servicio telemétrico, servicio que por dificultades y retardos pecuniarios que se le pusieron después de cesar en el mando, no estuvo listo, lo mismo que el proyector eléctrico, que llegó días después del bombardeo. A fines del año 97 ya no hubo más que hacer sino pensar en sacar el mejor partido de lo que había; ya la fuerza de Artillería quedó exclusivamente dedicada a los trabajos de su instituto; se asignaron sirvientes y obreros fijos por piezas y por baterías; se habilitaron los repuestos del mejor modo posible; se acabaron de montar las piezas; se calibraron los proyectiles que lo necesitaban, y, en una palabra, se trabajó continuamente para poder romper el fuego en las mejores condiciones a la primera señal.

(4). Pedida por cable, y algunos meses antes de la declaración de la guerra, la batería de tiro rápido se concluyó algunos meses después de firmada la paz: esto prueba sencillamente que no sucede lo que mucha gente cree en España: que la artillería está de venta en los escaparates, como las pistolas de salón.

BATERIAS Y SU MATERIAL EL 12 DE MAYO

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Morro: En el Caballero o azotea, tres piezas de 15 E. en la cortina del frente NO, separadas por traveses y con pequeños repuestos; además, el parapeto, que era muy bajo, se elevó por delante de las piezas: éste fue en parte descrestado y los traveses algo destruidos, justificando así lo inteligentemente que habían sido colocados, pues evitaron el que fuera desmontada en totalidad la batería. En los baluartes extremos de esta cortina, un obús de 24 Ordóñez en cada uno, protegidos por cubos de hormigón: el uno estaba debajo de la farola y el otro del semáforo. A tiempo se hizo presente que eso constituía una excelente referencia para el enemigo y un peligro para las piezas: se nos dijo que cuando llegase la ocasión se quitaría, y así sucedió, porque a los pocos minutos del bombardeo la parte alta del faro se vino abajo sobre el obús, sin que, felizmente, se interrumpiera su fuego. No había ni montacargas ni vías para conducir los proyectiles de a 24; éstos, pues, se llevaban a rastras desde el piso inferior y al descubierto la mayor parte del camino.

Batería del Carmen: Dos C. H. E. 15 cm era la batería un pequeño patio que tenía por un costado un alto muro, y detrás, y muy próxima, una rampa: no tenía ni repuesto ni traveses, y en un hueco del parapeto, que era la terminación de una de aquellas escaleras antiguas, se colocó un montón de cargas.

Anexas al Morro: San Antonio y San Fernando: la primera 4 C. H. E. 15 cm y la segunda 4 O. H. 21 cm a cargar por la boca: careciendo de repuestos, la primera tenía sus municiones en una habitación que sirvió de dormitorio a los plantones; la segunda, de tierra y tepes, tenía sus municiones en una de las bóvedas del Morro (a 400 m de distancia), y se habilitaron unos nichos para contener cinco disparos por pieza.

Santa Elena: Cuatro C. H. S. 15 cm: sin traveses ni repuestos y de escasa cota, estaba en malísimas condiciones para sufrir el fuego.

San Agustín: Dos C. H. E. 15 cm: tenía un buen repuesto.

Castillo de San Cristóbal: En la batería llamada de Los Caballeros 3 C. H. E. 15 cm simplemente colocados en el parapeto, y éste era tan bajo que no cubría a los sirvientes más que hasta las rodillas; en la Plaza de Armas 2 O. H. 24 centímetros, y en el Macho un O. H. 24 cm, que a aquella altura, y solitario, parecía un anteojo astronómico. Faltaban montacargas y vías y tenían que transportarse las municiones por las rampas con gran trabajo.

Lo mismo en el Morro que en San Cristóbal, se echó mano de las bóvedas para convertirlas en talleres de cartuchería y en polvorines de batería; algunas de San Cristóbal eran completamente obscuras y las del Morro tenían troneras que abrían sobre una escarpa en que se contaron más de 200 impactos. Hay que convenir que no estuvieron afortunados los americanos cuando no voló el castillo.

Santa Teresa, La Princesa y El Escambrón: La primera con 2 C. H. E. 15 cm, la segunda con 2 C. H. E. 15 cm y 2 O. H. 24 y la tercera con 3 O. H. 24 cm, eran baterías modernas, amplias y muy bien trazadas: por su situación no fueron de las más batidas ni pudieron contribuir mucho al ataque de la escuadra; El Escambrón o no hizo fuego, o sólo un número muy corto de disparos, y la colocación de obuses en este sitio basta ver un croquis de la plaza para comprender lo desacertada que era, como lo sancionó la práctica.

Había además 2 C. H. E. 15 cm en San Carlos y con fuegos para la bahía, y que, por lo tanto, no dispararon.

Resulta, pues, que en el sector NO, especialmente batido por la escuadra, había emplazados 7 C. H. E. 15 cm, 2 obuses de 24, 4 de 21 cm a cargar por la boca y 4 C. H. S. 15 cm. Los fuegos de las demás baterías contribuyeron cuanto pudieron para ofender a la escuadra, pero ésta se evadía de sus fuegos tan pronto como se corría al O.

Servicios auxiliares: A falta de servicio telemétrico, ocho días antes del bombardeo se recibió orden de improvisar un medio de apreciar distancias, poniendo a nuestra disposición los aparatos que se encontraran en las oficinas del Estado, pues en el comercio de la localidad no había nada aplicable al caso. Se resolvió emplear aparatos de círculos verticales, que, emplazados en punto de cotas elevadas, dieran en función de los ángulos las distancias horizontales, calculando y copiando las tablas correspondientes. Dejo a la consideración del lector la rapidez y exactitud del procedimiento, aun siendo los instrumentos empleados los dos teodolitos que encontramos de mayor círculo. Se tendió una línea aérea y se unieron con teléfonos San Cristóbal, el Morro, La Princesa y El Escambrón; se nombraron artilleros, que se instruyeron como se pudo, y todo quedó ultimado el día 11, pero adoleciendo de los defectos inherentes a las condiciones de rapidez y pocos recursos de que se disponía.

Personal de tropas y obreros: Los artilleros no eran bastantes; ese personal tan regateado, en tiempo de paz, apenas alcanzaba a guarnecer las baterías, tener cuidado de los repuestos, teléfonos, etc.; y como el municionamiento había que hacerlo en la mayor parte de las baterías a brazo y de largas distancias, hubo que solucionar el problema como se pudo: dispusieron las autoridades de la plaza apelar a los sentimientos patrióticos del vecindario, y en pocos días se organizaron unos llamados auxiliares de Artillería de toda clase de colores, pues los había blancos, negros y mulatos; la misma heterogeneidad había en sus cualidades y profesiones, porque al lado de empleados y dependientes de esmerada educación, formaban carretoneros, cargadores del muelle, etc. (5)

(5). El tener que recurrir antes de experimentar una baja a hombres del pueblo para servir baterías de costa en el año 1898, es más elocuente que nada para demostrar cómo andan en España los servicios.

Se escogió lo mejor, se les asignó sitio para conducir las municiones desde los lugares en que estaban almacenadas hasta las baterías, y prestaron buenos servicios; algunos derramaron su sangre, y otros, aunque los menos, permanecieron a nuestro lado hasta última hora, la inmensa mayoría, después del ataque del día 12 y a medida que las noticias iban empeorando, se evaporaron, como pasa con todas las fuerzas populares, capaces sólo de cortos arranques de entusiasmo.

El personal filiado y algunos eventuales de toda confianza se asignaron a las baterías dotándoles de las herramientas necesarias: prestaron excelentes servicios; el pericial y auxiliares cumplieron perfectamente durante aquellos trabajos extraordinarios y en el día del combate.

Los jefes y oficiales recibieron también puestos fijos, asignándose a los del Parque puestos en las baterías; los apuntadores y artificieros ya hacía algunos meses que no se les variaba, lo mismo que las compañías que tenían zonas fijas y se procuró alojarlas en las inmediaciones de las piezas que tenían que servir.

Tan agradable es el elogiar que no quiero seguir sin tributar un elogio muy merecido al personal del extinguido 12vo Batallón; libremente lo puedo hacer, porque poco o nada pude influir por mi destino en su brillante estado; trabajando en remociones, montaje de piezas y maniobras varias a todas horas del día y de la noche, siempre a la voz y a la vista de su oficiales, resistiendo sin interrupción soles tropicales y los relentes de aquellos climas, eran, en general, artilleros hechos, hombres de faena, aclimatados y llenos del mejor espíritu; lejos de decaer su salud con tan fuertes trabajos, como con los pluses que liberalmente pagaba el Parque, se les daban ranchos muy buenos y ración de vino, se sostuvieron perfectamente; como sus buenas condiciones militares y su estado físico eran debidas al tacto y buena administración de que eran objeto, este elogio resulta extensivo a los jefes y oficiales del disuelto Batallón.

Tampoco debo terminar esta relación de antecedentes sin hacer constar que en los días que precedieron y siguieron al ataque de la plaza, lo mismo el señor General Macías, Gobernador General, que el Segundo Cabo, señor General Ortega, nos facilitaron cuantos recursos y medios tuvieron a su alcance; la actividad de este último General, consagrada por su destino especialmente a la plaza, era prodigiosa, y ambos supieron con su ejemplo y dotes de mando mantener muy elevado el espíritu de la guarnición.

Al Comandante de Artillería de la plaza, nuestro coronel, D. José Sánchez Castilla, no lo he mencionado antes porque inútil es decir que cuanto por parte del Cuerpo se hizo, mandado e inspirado estuvo por él; en ésta, como en todas las ocasiones, se patentizó la solidaridad que entre nosotros existe.

EL ATAQUE DEL 12 DE MAYO DE 1898

Merced a buenos prácticos, proporcionados por gente de la localidad, y aprovechando una noche muy obscura, la escuadra enemiga, compuesta de 11 barcos, rodeó la plaza, rompiendo el fuego apenas clareaba el día; el primer rato fue el fuego intensísimo, pues con toda la artillería gruesa cargada previamente y disparando de cerca, hasta los cruceros auxiliares con sus piezas de pequeño calibre y tiro rápido algunos trozos del recinto, como el llamado campo del Morro, por la parte N, era materialmente barrido por los proyectiles; no se produjo el menor desorden en la guarnición, que tenía previamente señalados sus puestos, y a los pocos minutos las primeras, y antes de doce minutos la última, las baterías de la plaza contestaron al fuego. Desde este momento, excepto los dos acorazados Iowa e Indiana y los monitores, los demás barcos permanecieron a larga distancia, y el ataque se reconcentró contra el Castillo del Morro y baterías anexas.

Los barcos se movían continuamente con gran velocidad y, a nuestro juicio, con gran concierto y sin que jamás ni se aglomeraran los barcos ni hubiera entre ellos ninguna mala inteligencia de señales o cosa análoga. Su ataque, que duró tres horas escasas, se redujo a tres avances consecutivos; avanzaban en primera línea los acorazados y monitores, descargaban la mayor parte de su artillería, y sin disminuir velocidad volvían hacia fuera y regresaban, manteniéndose siempre los barcos débiles a distancias superiores a 5,000 m; los barcos que más se aproximaron fueron los dos acorazados de combate, que en el último avance llegaron a 1,500 m. del saliente del Morro, contra el cual dispararon los cañones de sus torres casi simultáneamente, retirándose esta vez ya en definitiva.

Dispararon con frenesí y tiraron muy mal; baste decir que en tres horas pasarían de 2,000 disparos de grueso y mediano calibre (6), y triple o cuádruple número de las piezas de pequeño calibre Nordenfelt y Hotchkis; y con tanto acero arrojado inutilizaron un solo obús 24 cm, y detuvieron sólo el fuego de la batería del Carmen, donde fue herido el oficial y varios artilleros. No se notó ni que rectificaran el tiro ni que se detuvieran un instante para asegurar su efecto, solamente tirar muchísimo y tirar muy deprisa.

(6). Según los datos oficiales de la escuadra americana, se aproxima a 2,000 el número de proyectiles de estos calibres.

No hicieron uso de granadas de metralla felizmente, pues si las que cayeron en los terraplenes hubieran sido de esa clase, la gente hubiera quedado fuera de combate en gran número, y ya hemos dicho que no había con quién reemplazarla. Se recogió gran cantidad de proyectiles con espoleta y sin carga explosiva, y, entre otros trozos, uno que probaba que la pieza que la disparó, de 13" por más señas, debió quedar inutilizada, pues el cuerpo del proyectil se había sentado de tal modo, que las estrías del cañón habían rayado profundamente el acero de aquél; la mayor parte de los proyectiles eran de esmeradísima construcción, de muy buen material y de las longitudes usadas en los proyectiles modernos; otros, en mucho menor número, eran antiguos, de poca longitud y procedían evidentemente de los monitores. De 12" y de 13" se recogieron sin explotar unos ocho proyectiles, alguno a más de 10 km de la plaza.

No pudimos comprobar las averías de la escuadra; en el parte oficial cablegráfico del Almirante Sampson dice que sus barcos sufrieron averías; se recogieron despojos, una caja de herramientas y otra de botiquín rotulada Amphytrite, que era el nombre de uno de los monitores; al retirarse la escuadra vimos ya en el horizonte que uno de sus barcos de gran porte era abordado por otros dos como convoyándolo, y posteriormente, aquella noche se recibieron telegramas de los pueblos de la costa N. confirmando que un barco de los mayores se retiraba remolcado; los periódicos y corresponsales de Cap Haitienne, hostiles todos a España, refirieron el entierro de varios marineros y un oficial, a quien se hicieron honores, el día 13; ignoramos la verdad de lo ocurrido, pero ninguno de estos detalles influye nada para el juicio del combate (7).

(7). El Mundo Naval, de 15 de agosto, extracta noticias de publicaciones americanas referentes a. la guerra; según ellas, un sólo barco, el Iowa, recibió ocho proyectiles de 15 centímetros en el casco, y sobre cubierta uno, que destruyó un bote y produjo cinco incendios de poca importancia.

Por nuestra parte, se mantuvo el fuego con la mayor tranquilidad y orden, como lo prueba que el número de disparos hechos por la plaza en las tres horas fue de 441; no se tiró sino, cuando disipados el polvo y el humo, se veía la escuadra, y siempre apreciando antes la distancia y corrigiendo el tiro en lo posible; al retirarse la escuadra, nuestro fuego era más regular y sostenido que al comenzar el combate.

Los destrozos en el material fueron: un obús 24 centímetros, inutilizado por un proyectil, que se llevó el cierre, matando un sirviente e hiriendo otros, y en la batería del Carmen un pescante torcido, al mismo tiempo que quedaron fuera de combate el oficial y cuatro sirvientes de la pieza. Inmediatamente, detrás de la escuadra americana, salió de la bahía el crucero francés Regnault de Saint Angely, cuya tripulación, al ver a los artilleros en lo alto de los parapetos vitoreando nuestra bandera, a su vez vitorearon a la guarnición, y especialmente a los artilleros, al ver cómo habían sostenido el fuego a pesar de lo violento y continuado del ataque. No podemos adivinar el objeto de la escuadra enemiga, ni justificar su conducta como Marina militar. ¿Era su objeto destruir la propiedad urbana de una población que pensaban conquistar? No es verosímil. ¿Apoderarse de la plaza forzando la entrada del puerto? No lo hicieron. ¿Apagar los fuegos de la plaza? Pues con tres horas de combate sólo inutilizaron un cañón. Sin duda tenían tan mala idea de nosotros, que contaban con que la plaza se iba a rendir nada más que ante un fuego desordenado y rápido.

Han dicho que su ataque se basaba en la hipótesis de que estuviera en bahía la escuadra de Cervera: aparte de que tenían espías y simpatizadores sobrados para saber la verdad, ¿se sostiene un fuego de tres horas y se consume media dotación de municiones para averiguar eso? Si al terminar el bombardeo hubiera aparecido la escuadra española, aun con la superioridad material de la americana, se hubiera encontrado ésta en malas condiciones para el combate; el mismo Sampson dijo que tuvo que suspender el fuego porque sus piezas ardían y la gente necesitaba descanso.

Otra de las cosas que aparece en una de las comunicaciones de Sampson es que, según dice, había recibido informes erróneos del Departamento de la Guerra, pues añade: las fortificaciones, aunque antiguas, son sólidas, y no débiles, como le habían dicho»; esto explica, más que nada, la conducta de la escuadra y su manera de tirar, que fue varias veces avanzar los acorazados y disparar de cerca los cañones de las torres, como para demoler el castillo; pero ese error no le absuelve del suyo. ¿Por débiles que sean unas fortificaciones permanentes, se derriban sin un fuego metódico y regular?

Dijo el Almirante que dejaba la plaza destruida, y ya hemos visto que, a excepción de un obús, toda la plaza le despidió a cañonazos; fuera cual fuera su propósito, fracasó completamente, y si comparamos las fuerzas que se disputaron la victoria, el juicio resulta más severo para los americanos (véase una de las notas finales). Por una parte, acorazados de primer orden y cruceros protegidos tan perfectos como el Iowa y el New York con cañones de acero de 32 centímetros y numerosísima y perfecta artillería de tiro rápido; por nuestra parte, cañones de hierro de 15 cm, poquísimos obuses 24 cm, y ni una sola pieza de tiro rápido como medios ofensivos, y como defensivos, baterías a barbeta bien rudimentarias, como las del Morro, las otras el Carmen, San Fernando, etc., eran sencillamente cañones colocados tras el adarve.

¿Deduciremos de aquí que la artillería emplazada en tierra es invulnerable para las escuadras? De ningún modo; como se verá en la nota final, todos nuestros terraplenes recibieron proyectiles, los parapetos fueron descrestados y los traveses destruidos en parte; lo que sí es evidente, es que tirando casi siempre de lejos y ciegamente, no se produce más daño que el que por casualidad resulta; si nuestra artillería no fue desmontada, culpa fue de los americanos, que ni para asegurar el tiro se detenían un momento y que no quisieron arriesgar nada para salir airosos de su empeño (8).

(8). Un solo barco que hubiera repetido la maniobra del Cóndor cuando el bombardeo de Alejandría por la escuadra inglesa, nos hubiera obligado a abandonar las baterías bajas; si en aquella época tuvo éxito la maniobra, hoy con los cañones-revólvers y las ametralladoras perfeccionadas ¿cómo se hubiera podido resistir?

Esa escuadra poderosa se retiró después de tres horas de fuego, ante una plaza pobremente artillada, sin conseguir un solo momento aminorar el fuego de la artillería de la plaza, de quien recibió averías, según confesión propia; hizo bien, porque de continuar el ataque, hubiera vaciado completamente sus pañoles, y con arreglo al cálculo de probabilidades, habría desmontado, por junto, otra pieza más.

El más poderoso fracasó por lo desordenado y ciego de su ataque; el más débil venció por su disciplina y su continente tranquilo. ¡Bien merecieron, pues, aquellos artilleros que en gran parte se foguearon aquel día, las alabanzas que se les prodigaron!

OBSERVACIONES

No quiero concluir sin consignar mis observaciones personales sobre el combate.

1.a -Nuestra pólvora produce demasiado humo; en varias ocasiones se tuvo que suspender el fuego porque no se veían absolutamente ni los barcos ni el mar; bien es verdad que era un rato de calma absoluta; pero las escuadras, árbitras de iniciar el combate, escogerán siempre esas ocasiones para evitar balances; además, el perjuicio del humo excesivo (la pólvora de los americanos producía muy poco) no es mutuo; los barcos, en continuo movimiento, se alejan del que producen y no les impide la visión, mientras que el de las baterías ciega a los defensores y diseña perfectamente la posición de las mismas.

2.a -Hay que huir en las baterías de todo lo que sea mampostería; sólo en el declive interior o en la parte baja de los traveses puede admitirse, y siempre en éstos recubierta de tierra y yerba; ni a retaguardia ni a los flancos debe haber una pulgada de cemento o mampostería al descubierto.

3.a -Las baterías a barbeta necesitan por lo menos 14 ó 16 metros de cota; baterías bajas a barbeta, a no ser en situación muy especial, no pueden sostenerse si son atacadas con decisión, empleando los barcos el fuego de sus cofas.

4.a -Son tan breves los momentos en que se pueden batir barcos que evolucionan con velocidad de 12 ó 14 millas, que para hacerlo eficazmente es preciso que haya agrupadas bastantes piezas, que sean de fuego muy rápido, y además que cada batería tenga medios propios para apreciar las distancias, pues mudan de aspecto y situación con tal rapidez, que las indicaciones recibidas de una estación central no podrán aplicarse sino con vacilación y perdiendo un tiempo que les quitará su oportunidad.

5.a -Como defensa para ataques audaces de los barcos, y aun como telémetro, todas las baterías deben tener algunas piezas de pequeño calibre y tiro rápido; ocupan poco sitio: con un hombre cada una tiene bastante y para defensa e indicaciones las juzgamos indispensables.

6.a -Hacen falta muchos oficiales en las baterías de costa; aparte de las exigencias técnicas, para mantener con el ejemplo, la serenidad y disciplina de gente que tiene que aguantar a pie firme un fuego del que puede substraerse sólo con correr algunos metros.

7.a -Nuestro cañón de a 15 E es de muy lenta puntería para su pequeño calibre; los obuses de 24 cm, de muy trabajosa carga; si no se presenta el proyectil perfectamente en dirección del eje, cuesta trabajo retirarlo y suele venirse detrás el anillo, éste se alavea con facilidad y hay que cambiarlo; en el combate a que me refiero, hubo que reemplazar el anillo de los dos obuses; y como en el fuego hay que substituir a veces a los artilleros, no debe fiarse nada a la habilidad adquirida a fuerza de práctica; también creemos indispensable un ajustador por cada dos o tres piezas.

8.a -En el artillado de una plaza marítima no deben faltar algunas piezas capaces de perforar los gruesos blindajes; pero, sobre todo, deben abundar los calibres medios (alrededor de 20 cm.), de muy rápida carga y puntería; las piezas de fuego curvo tienen su sitio tan indicado, que su número debe depender de las posiciones que proporcione el terreno, puesto que deben estar agrupadas en suficiente número, en situación elevada y siempre batiendo sitios en que forzosamente tenga que colocarse la escuadra; jamás batiendo el mar libre.

Y al hacer punto final, repito una vez más que en el servicio de costa no caben improvisaciones; para obtener resultados tangibles hay que tener aquilatado hasta el último detalle; y como temo que acaso muy pronto vuelvan nuestros compañeros a verse en situación análoga a la que arrostramos los artilleros el 12 de mayo de 1898, termino haciendo votos porque, si así sucede, la Providencia les conceda igual fortuna que con la que a nosotros nos favoreció.

NOTAS

l.a -Relación oficial de los desperfectos ocurridos en el Castillo del Morro después del combate del día 12 de mayo de 1898. Datos suministrados por nuestro amigo el Comandante de Ingenieros Sr. Rávena:

Batería del Carmen: Destruida la bóveda y un volumen de 5 m3 del muro antiguo.

En la escalera del macho, que forma como el espaldón de la batería, un proyectil ha derribado un volumen de medio metro cúbico, y otro próximo al piso un desperfecto análogo.

Caballero o macho. Entre el cañón de 15 cm Ordóñez y el central, ha sido desmontado un volumen de parapeto de 2.25 m3 entre la pieza central y la Este, desmontado un volumen de 0.20 m3.

En el repuesto de la pieza Este, un casco rompió la ventana; la capa de tierra fue atravesada por un proyectil, que quedó incrustado en el hormigón.

En el cobertizo situado al O, han sido desmontados l6 m3 de azotea, y 5 m3 del muro NE.

En la cañonera central de la batería de cañones, ha sido destruido 0.50 m3 de cresta de parapeto.

Destruido el macizo de 1 m3 donde estaba antiguamente colocado el paso del semáforo y la cresta de una de las cañoneras.

En el parapeto de hormigón del obús del N. hay dos impactos, uno de ellos a 0.50 m del plano de fuego, que ha determinado una grieta de una profundidad igual al tercio de la longitud del parapeto; el otro impacto a determinado otra grieta análoga.

En la escarpa de este caballero o macho hay unos 46 impactos de grueso o mediano calibre.

Rampa de bajada a la batería de Santa Bárbara: Un proyectil de 15 centímetros atravesó la escarpa y penetró en un calabozo, perforando un muro de mampostería de 3 m próximamente.

En la otra rampa un proyectil desmontó 3 m3 de hormigón.

Bateria de Santa Bárbara: En la tercera cañonera un proyectil desmontó 1.50 m3 de merlón y parte de la escarpa. Otro desmontó 0.25 m3 en la cañonera próxima. En la garita 0.25 m3 desmontados, y en la parte inferior del ángulo correspondiente, un proyectil produjo un derrumbamiento de 2.50 m3. Hay otros desperfectos de 0.25 m3 próximamente en una cañonera, frente a los repuestos de esta batería.

El efecto de un proyectil de grueso calibre que chocó con el ángulo N, produjo un derrumbamiento de 16 m3. En el ángulo O se ha derrumbado la garita por efecto de un proyectil, que al chocar con la escarpa destruyó 15 m3 de mampostería. Otro volumen igual obstruyó la escalera de bajada de la batería del Carmen. En la escucha de esta batería hay un derrumbamiento de 8 m3, y en toda la escarpa gran número de impactos de todos calibres.

Los impactos de proyectiles de grueso y mediano calibre producidos en las escarpas además de los citados, son unos 200.

En todas las demás baterías, incluso las modernas, hubo desperfectos, y unos cuantos edificios militares fueron casi arruinados; también se iniciaron en la población dos incendios.

2.a -Damos la lísta de barcos de la escuadra tal como los designamos desde la plaza; habrá error en los nombres de algunos, pero habría que substituirlos por otros del mismo tipo, y por tanto, de igual armamento.

Comparación numérica entre las artillerías de la plaza y escuadra:

 Barcos y cañones
Indiana  : 4 de 13", 8 de 8", 4 de 6" y 30 de tiro rápido, ametralladoras, etc.
 Iowa  : 4 de 12", 8 de 8", 6 de 4" y 30 id. id.
 New York  : 6 de 8", 12 de 4", y 16 id. id.
 Amphytrite  : 4 de 10", 2 de 4", y 6 id. id.
 Terror  : 4 de 10", y 8 de tiro rápido
 Detroit  : 9 de 5" y 10 id.
 Montgomery  : 9 de 5" y 10 id.
 Castine  : 8 de 4" y 8 id.
 Pebret  : 4 de 6" y 7 id.
 Womphatuck  : 8 de 4" y 10 id.
 Otro cañonero  : 8 de 4" y 10 id.

El sector especialmente batido contaba con 9 C. H.E. de 15 cm, 3 C. H. S. 15 cm, 2 O.H. 24 cm y 4 O. H. 21 cm.

La escuadra tenía cañones:

 De acero superiores a 15 cm: 38  La plaza 6 obuses de hierro de 21 y 24
 Idem. Id. id. id. id. id. de 15, 12 y 10 cm: 70  La plaza 12
 Idem. Id. id. id. de tiro rápido y ametralladoras: 145  La plaza ninguno

L. ALVARADO

Información enviada via e-mail por el Coronel de Artillería Francisco Rodríguez Padrón de la Academia de Artillería en Segovia. El Coronel Rodríguez Padrón también tiene la página Gran Atlas de la Artillería Española Siglo XX.


Nota del editor de la página web: Entre los datos del artículo del Comandante Luis Avarado y los que ofrece el capitán Angel Rivero en su libro: Crónica de la Guerra Hispano Americana en Puerto Rico hay algunas diferencias, principalmente en cuanto al número por tipo (el total es el mismo) y distribución de los cañones de costa en las diferentes baterías de la Plaza de San Juan (Alvarado no enumera los cañones del frente de tierra). Coronel de Artillería Francisco Rodríguez Padrón de la Academia de Artillería en Segovia, nos ha prometido tratar de encontrar, entre los archivos de esa ciudad, algún otro documento que aclare las diferencias.

Para beneficio de nuestros visitantes colocamos una tabla comparativa con los datos de los dos artilleros:

 

Batería

Comandante Luis Alvarado

Nº y tipo de cañón

Capitán Angel Rivero

Nº y tipo de cañón
El Caballero (El Morro)
3 cañones Ordóñez de 15 cm
2 obuses Ordóñez de 24 cm
3 cañones Ordóñez de 15 cm
2 obuses Ordóñez de 24 cm
El Carmen (El Morro) 2 cañones Ordóñez de 15 cm 2 cañones Ordóñez de 15 cm
San Antonio 4 cañones Ordóñez de 15 cm 4 cañones Ordóñez de 15 cm
Santa Catalina No informa 1 cañón Ordóñez de 15 cm
El Caballero (San Cristóbal) 3 cañones Ordóñez de 15 cm
2 cañones Ordóñez de 15 cm
2 obuses Mata de 15 cm (frente tierra)
Plaza Armas/Macho (San Cristóbal)   3 obuses Ordóñez de 24 cm 3 obuses Ordóñez de 24 cm
Santa Teresa 2 cañones Ordóñez de 15 cm 3 cañones Ordóñez de 15 cm
San Jerónimo No informa  2 cañones de bronce de 16 cm (f. t.)
El Caminero No informa 4 morteros Mata de 15 cm (f. t.)
San Fernando 4 obuses sunchados de 21 cm 3 obuses sunchados de 21 cm
Santa Elena 3 cañones Sunchados de 15 cm 3 obuses sunchados de 21 cm
San Agustín 2 cañones Ordóñez de 15 cm 3 cañones Sunchados de 15 cm
San Carlos 2 cañones Ordóñez de 15 cm 3 cañones Ordóñez de 15 cm
La Princesa
2 cañones Ordóñez de 15 cm
2 obuses Ordóñez de 24 cm
4 cañones Ordóñez de 15 cm
2 obuses Ordóñez de 24 cm
El Escambrón 3 obuses Ordóñez de 24 cm 3 obuses Ordóñez de 24 cm
San Ramón No informa 5 cañones Plasencia de 12 cm (f. t.)
Totales
20 cañones Ordóñez de 15 cm
10 obuses Ordóñez de 24 cm
4 obuses sunchados de 21 cm
3 cañones Sunchados de 15 cm
 
No informa sobre cañones de 16 cm,
obuses Mata de 15 cm, morteros
Mata de 15 cm y cañones Plasencia
de 12 cm por estar situados en el
frente de tierra y no pertenecer a las
baterías de costa.
22 cañones Ordóñez de 15 cm
10 obuses Ordóñez de 24 cm
6 obuses sunchados de 21 cm
3 cañones Sunchados de 15 cm
2 cañones de bronce de 16 cm
2 obuses Mata de 15 cm
4 morteros Mata de 15 cm
5 cañones Plasencia de 12 cm

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Fotografía del coronel Sánchez Castilla tomada del libro del Cap. Angel Rivero: Crónica de la Guerra Hispano Americana en Puerto Rico (Editorial Edil, San Juan, P.R.). Fotografía del bombardeo del Morro obtenida del libro: Puerto Rico 5 siglos de historia


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