Sermón:“Enseñar lo nuevo sin dejar de conservar el valor de lo antiguo” 24 de julio de 2005
Juan G. Feliciano-Valera, Pastor Iglesia Metodista de Puerto Rico "Obispo Corson"
Textos Sal. 105:1-11, 45b; Gen. 29:15-28; Rom. 8:26-39; Mat. 13:31-33, 44-52
Introducción. En S. Mateo 13.52, JESÚS concluye un discurso acerca del Reino de DIOS (¡Oiga bien, JESÚS mismo nos explica cómo es el Reino de DIOS!) Este capítulo y esta explicación están basadas en el uso, es decir, utilizando, parábolas. Hemos leído algunas de éstas estos pasados domingos de junio y julio {por ejemplo; la del sembrador; la del trigo y la cizaña; la de la semilla de mostaza y la levadura; la del tesoro escondido y la perla preciosa; y la de la red.)
Tenemos la tendencia a pensar en parábolas como relatos ilustrativos, pero la palabra en griego, “parabole,” es más amplia: transmite, además, el sentido de expresiones misteriosas que no llevan su significado en la superficie. Una parábola requiere interpretación. Como una caricatura, en sí misma no es más que un relato o cuadro; el reto está en poder penetrar en su significado. Por esa razón la misma parábola, sin explicación, para algunos da luz y para otros los deja en oscuridad.
Lo
que uno saca de cualquier cosa depende de lo que uno le pone. Igualmente ocurre
con las parábolas: el mismo mensaje, como lo ha indicado la parábola del
sembrador, ha de recibir respuestas diferentes dependiendo de la
receptividad del oyente. Al explicar las parábolas a sus discípulos Jesús
les abrió los misterios del reino de los cielos; es decir, un Nuevo Orden: ¡No por la Ley, sino por la
Gracia! Esto tiene su propia lógica, ya que el razonamiento humano no puede
penetrar los misterios del Reino de DIOS; Su Verdad debe ser revelada. Ser
un discípulo significa asistir a la escuela de la revelación. Ser un
discípulo significa aprender lo nuevo; es decir, la nueva forma de vivir en
CRISTO.
Cada parábola, utilizada por JESÚS
en el Capítulo trece de S. Mateo, explícitamente trata acerca del reino de
los cielos. Estas parábolas aclaran y revelan las demandas y las
paradojas del nuevo orden {por ejemplo: 1. No mas palabrerías, sino
semillas y corazones fértiles; 2. No mas conocimientos filosóficos, sino
corazones abiertos, mentes abiertas, brazos abiertos; 3. No mas cizaña
espiritual, fe toxica, sino Trigo del que alimenta al alma; 4. No mas desprecio
a los pequeños, sino fe en el Poder de DIOS; 5. No mas hipocresía (tesoros y
perlas), sino voluntad y compromiso para arrebatar el Reino de DIOS; 6. No mas
juego a la religión (“pesca deportiva”0 porque pronto será La Pesca Final.} Un
Nuevo Orden que Jesús había venido a establecer, y eso explica el por qué las
personas estaban reaccionando en forma tan diferente. ¿Pasará igual todavía
hoy?
A mí me relajan {yo mismo lo hago también, llamándome
“el pastor de los cuentos”} porque me paso adornando los sermones con
anécdotas, testimonios, cuentos, chistes, es decir, con parábolas modernas. Yo
sé que aquí hay personas mucho más inteligentes que yo, que captan “el
kerigma,” el mensaje, de La Palabra de DIOS inmediatamente. Estamos otros,
que necesitamos un poco de ilustración; hay otros que necesitan un poco de
música, otros que necesitan ejemplos concretos; otros que necesitan un poco de
filosofía y otros un poco de humor. DIOS nos habla a todos y todas de acuerdo a
nuestras necesidades y de acuerdo a nuestras inteligencias múltiples (porque
todos aprendemos de distintas maneras.) A veces escuchamos el mismo sermón y lo
entendemos diferente; cada uno conforme a su necesidad espiritual {porque “Aunque
tu no quieras ser su hijo, DIOS quiere ser Tu Padre.”} Por eso no me
disculpo si tengo que repetir alguna ilustración, cuento, anécdota o chiste
para comunicar el mensaje de DIOS para cada uno de nosotros. A fin de cuentas,
yo soy, como pastor, el guía espiritual que DIOS ha puesto en esta congregación
para guiarles a entender, intuir, comprender, considerar; es decir, para
educarles, advertirles, mostrarles, etc. sobre “las virtudes de AQUEL que nos
llamó de las tinieblas en las cuales vivíamos para atraernos a Su Luz
Admirable.” ¡Toda la Gloria es para JESUCRISTO, Nuestro Señor! ¿Algún Amén en la Casa de DIOS?
Un
“escriba docto” (ver S. Mateo 13:52) quiere decir un maestro de la Ley
que, ya instruido en la Ley de Moisés (“Tesoros Viejos”), se instruye también
acerca del Reino de DIOS (encarnado en CRISTO, es decir, “Tesoros Nuevos”) y
así sabe enseñar lo nuevo, sin dejar de conservar el valor de lo antiguo. A
éste, JESÚS lo compara con un buen jefe de familia. Atención, jóvenes y adultos: DIOS nos está
llamando (¡A todos y todas!) a entender Su Palabra, preservando el valor del
Pacto Antiguo de DIOS (la Ley) y a enseñar, de todas las maneras posibles, los
valores del Nuevo Pacto en CRISTO JESÚS (La Gracia de DIOS.)
Las
investigaciones más recientes del cerebro humano demuestran que nuestros
cerebros están más activos cuando enseñamos a otros lo que sabemos (“tesoros
viejos.”). {Repetir.} Incluso, llegamos a conocer a un nivel mucho más
profundo aquello que podemos articular (“tesoros nuevos”) para otros.
{Repetir.} ¡Escúchenme bien esto, por favor! DIOS no se equivoca y DIOS lo sabe
todo. DIOS sabe cómo cada uno de
nosotros aprende. Imagine usted la
sabiduría de DIOS: cuando usted enseña, aprende más. Cuando usted enseña,
aprende mejor. Cuando usted enseña, profundiza en su propio conocimiento. Si
usted enseña basura, basura acumulará en su cabeza y en su corazón. Si usted
enseña valores espirituales del Reino de DIOS, su corazón, su vida, su mente,
su voz, su vocabulario, su conducta, su sonrisa, su mirada, se llenará de La
Gracia Sobreabundante, del Amor de DIOS, de la sabiduría del Reino de DIOS. Por
eso, el Apóstol Pablo dice: “Consolad
con la consolación con que han sido consolados.” Es decir, con lo que hemos
conocido, con lo que hemos experimentado. ¡Cuidado con estar juzgando a los
demás, según la Ley, porque como juzguemos, así seremos juzgados!
Hoy
yo he cambiado el Orden del Culto de Adoración, porque quiero tener un tiempito
extra para ministrarles una Palabra de Fe a la Congregación. Les ruego su
indulgencia. Ustedes deben saber que yo he dedicado mi corta vida a la
educación. He sido un estudiante toda la vida. Algunos dirán que estoy loco
porque yo he trabajado como profesor en la universidad por casi 25 años y digo
que soy un estudiante todavía. Quiero
explicarles por qué yo digo que soy un estudiante todavía. Mi padre espiritual,
la persona que DIOS llamó para enseñarme los rudimentos de la fe, de la Palabra
y de la predicación, fue un niño adicto a la heroína desde los 11 años. A esa
corta edad, él descubrió que el que él creía que era su papá, no podía serlo
porque su mamá y él celebraban su décimo aniversario de bodas y él ya tenía 11
años. No era “bobo,” sabía sumar y restar. Aquel mismo día se escapó de la
casa, se refugió en una casa rota y allí encontró la maldita droga que le
ofrecieron para que “olvidara las penas.” {Siempre hay un demonio dispuesto a
ofrecernos la muerte.} Desde entonces
dejó la escuela, se abandonó a las drogas y huyó de su casa. Estuvo preso en
múltiples ocasiones; deambuló por las calles de las ciudades de Philadelphia,
Nueva York y Candem. Buscó ayuda en la Iglesia y los curas le decían que nada
podían hacer por él, que él era un ladrón y un adicto, “un tecato malo.”
Hospitales, cárceles, iglesia, nada, ni nadie, podía ayudarle, pensaba él.
Pero, un día, {enero de 1970}, mientras esperaba al vendedor de la droga en
Candem, apareció su amigo “Rey” y otros jóvenes de la Iglesia. “DIOS te
bendiga, Junior Matta,” fue el saludo que le dieron. Junior tardó en reconocer
a Rey, porque estaba limpiecito, peinado, perfumado y con una Biblia debajo del
brazo. “¿Rey, eres tu?” preguntó Junior a su antiguo compinche en la droga.
“Si, soy yo,” respondió Rey. “¿Qué te pasó que estás tan cambiado?” Preguntó Junior.
“Fue CRISTO, que vino a mi vida y me cambió y ahora ya no necesito la droga
más. ¿Quieres que ÉL haga lo mismo contigo?” Fue la respuesta de Rey. “Mira,
Rey, si DIOS hace conmigo lo que ha hecho contigo, yo le sirvo toda la vida,
pero ya he ido ha hablar con el cura muchas veces y él me dice que yo no tengo
remedio. Así que yo no me hago de ilusiones.” Respondió Junior, decepcionado,
aturdido, confundido... “No importa, Junior, le dijo Rey, ven con nosotros a
casa del pastor y ya veremos.” Junior accedió y cuando llegaron a casa del
pastor, allí oraron por él, lloraron por él, clamaron por él, lo presentaron
delante de DIOS (creo que la Biblia dice que lloremos con los que lloran y
riamos con los que ríen. He escuchado que debemos orar por los que no pueden
orar; que debemos interceder por los demás; que debemos pedir perdón por los
que no pueden pedir perdón; que debemos llorar por los que no pueden llorar;
que debemos reír por los que no pueden reír.) Cuando Junior escuchó la oración,
el llanto de intercesión, cuando se dio cuenta de que aquello era real, era en
serio, que aquella gente estaba llorando por él, un tecato despreciado, él retó
a DIOS. Le dijo: “DIOS, si tú eres real, si tu me amas como dicen esta gente y
si tu me quitas este vicio, yo te voy a servir el resto de mi vida.” Allí se
operó el milagro; la sangre de CRISTO lavó a este hombre y le hizo una nueva
criatura. Sirvió a DIOS como evangelista
por 17 años, con Yiye Avila y 10 años como pastor de una Iglesia Metodista en
Milwaukee, WI. En el año 1998, DIOS lo llamó a Su Presencia. ¿Saben quién
estaba a su lado cuando su espíritu fue levantado? Yo, su hijo espiritual. Les hago esta historia para que conozcan la
Gracia de DIOS, para que conozcan el Amor de DIOS, tan grande que no reconoce
fronteras, ni color de piel, ni condición social, ni escolaridad, ni vicios, ni
religiosidad. Ese mismo DIOS está hoy aquí y quiere decirte que te ama, sin
reservas, sin reproches..
Aquel
hombre, que no terminó el 10mo grado de escuela elemental, fue mi
guía espiritual, mi maestro, mi mentor, mi pastor, mi padre espiritual, mi
amigo del alma. Luis Arcadio González-Román, hijo ilegítimo, pero adoptado por
DIOS y hecho coheredero juntamente con CRISTO de todas las riquezas de DIOS en
Gloria. Este hombre, me contó en una
ocasión, que lo invitaron a hablarle a unos jóvenes en una universidad en
América Latina. Me contó que se sintió temeroso porque él no tenía mucha
escuela, pero que había aprendido a confiar en DIOS. Me contó que cuando
comenzó a hablar, les dijo a los estudiantes que la definición de “ser
estudiante” era “ser un ignorante.” Me contó que lo abuchearon, que por poco le
tiran piedras, pero que, al rato, pudo explicarles que un estudiante es un
discípulo que es sincero y reconoce que ignora ciertas cosas y que desea
aprender lo que sabe su maestro y más. Les dijo que él había venido a
presentarles al Mejor Maestro, JESUCRISTO, e invitarlos a ser discípulos de ÉL,
como él lo había hecho. Entonces logró, no solo la atención de ellos, sino la
conversión de cientos de “ignorantes” a CRISTO.
Así mismo me alcanzó a mí. ¡Aleluya!
¡27 años sirviéndole al Señor!
Llamado. Por eso yo digo que soy un estudiante, no
solo porque me gusta más que pensar que soy un “ignorante,” sino porque
quiero aprender cada día más de Mi Maestro, CRISTO. ¿Habrá alguien más que
se sienta así en la Casa de DIOS esta mañana? No se sienta mal que le digan
estudiante, ignorante o discípulo: al contrario, diga: ¡Amén! ¡Yo quiero
aprender de CRISTO! ¡Quiero ser un discípulo fiel! ¡Quiero hablar el lenguaje
del Cielo! ¡Quiero conocer más y más de ÉL! ¡Y quiero hablarle a otros de
ÉL! Recuerden: nuestros cerebros están
más activos cuando enseñamos a otros lo que sabemos. Incluso, llegamos a
conocer a un nivel mucho más profundo aquello que podemos articular para otros.
Si quieres ser un discípulo fiel a Tu Maestro JESUCRISTO, tienes que enseñarle
a otros, con tu ejemplo, con tu testimonio, con tu amor, con tu compasión, con
tu misericordia, con la enseñanza hablada. ¡Con la ayuda del ESPÍRITU SANTO,
enseña sobre la Gracia de DIOS! Pero
recuerda esto, querido hermano y querida hermana: “Nadie pueda dar lo que no
tiene.” Por lo tanto, tenemos que llenarnos de La Palabra de DIOS para
poder impartirla a otros y otras. ¿Amén? Amén. Ven, te invito a la Escuela de
JESÚS. ¡Matricúlate hoy! Recuerda: Ser un discípulo significa asistir a la
escuela de la revelación.
Cantemos: Estoy aquí, Maestro. Respondamos a Su
Llamado.