Sermón: “El Susurro de DIOS para los (as) desanimados (as) de hoy (no estamos solos)”            
20 de junio de 2004  Día de Los Padres

Juan G. Feliciano-Valera, Pastor Iglesia Metodista de Puerto Rico "Obispo Fred P. Corson"

 

Salmo 42

1 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. 2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? 3 Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios? 4 Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta. 5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío. 6 Dios mío, mi alma está abatida en mí; Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar. 7 Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí. 8 Pero de día mandará Jehová su misericordia, Y de noche su cántico estará conmigo, Y mi oración al Dios de mi vida. 9 Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo? 10 Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan, Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios? 11 ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.

INTRODUCCIÓN

  1. Así como la vida de un ciervo (y de cualquier mamífero, incluyendo al ser humano) depende del agua, nuestras vidas dependen de Dios. 
  2. El ciervo del Salmo 42 estaba bramando, rugiendo, gritando desesperadamente; en el decir de la Iglesia, estaba clamando a gran voz: ¡Tengo sed!  ¡Me muero sin agua!  Estaba clamando o bramando, a su manera, por la salvación de su vida.  A su manera lloraba también el Profeta Elías al saberse perseguido y que su vida corría peligro.  “Me quiero morir, ya no aguanto más,”  gritaba y se escondía en la cueva.  A su manera clamaba también el hombre de Gadara que estaba endemoniado.  Se daba contra las piedras, se desnudaba, se tiraba al piso, gritaba a gran voz; así clamaban también sus padres por él, como clamamos tantos padres por nuestros hijos.
  3. Como clamaba el ciervo por las aguas, el profeta por seguridad, el gadareno por liberación, así clamamos nosotros (as) los que reconocemos que SIN DIOS, no hay vida, no hay esperanza, no hay gozo, no hay paz, no hay salud, no hay ánimo.  Los que buscan y desean comprender a DIOS, creerle a DIOS, obedecerle a DIOS, servirle a DIOS, encontrarán una vida que no tiene fin, una vida eterna, una vida cualitativamente superior a ésta que hemos conocido hasta hoy, una vida plena, abundante.  Dice el Apóstol Pablo que todas las promesas de DIOS en Abraham, son nuestras también, por Cristo. (Gal. 3: 29 “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.) ¡Yo quiero saber si hay un Amén en La Casa de DIOS hoy!
  4. Al sentirse separado de Dios, el que ha conocido a DIOS (y decidido creerle, amarle, obedecerle, servirle) dice que no descansará hasta que su relación con DIOS se restaure porque sabe que su vida depende de DIOS.  El escritor del Salmo 42 estaba desalentado porque estaba exiliado en un lugar distante de Jerusalén y no podía ir a adorar al templo.  Sin embargo, hoy en día parecería que DIOS es el que está triste porque muchos de sus hijos que tienen carros cómodos, que viven cerca de las iglesias, deciden no venir a adorarle, ni le sirven en sus hogares, ni en sus trabajos, ni en sus comunidades, ni se involucran en la solución de los terribles problemas que aquejan a sus hermanos y hermanas.  Amados y amadas: la mejor forma de recuperarse, de restablecerse, de restaurarse, de recuperar la alegría de vivir y el gozo de la salvación (es decir, de saberse salvo) que tenemos los seres humanos es buscando una relación íntima, profunda, personal, disciplinada con DIOS; es decir, decidir buscar a DIOS, creerle a DIOS, obedecerle, amarle, servir en Su Nombre y ser discípulos de Jesucristo, para Su Gloria.  ¿Amén? 
  5. La depresión es una de las enfermedades emocionales más comunes.  Un antídoto para la depresión es meditar en la bondad de Dios para con su pueblo.  Esto apartará nuestra mente de la situación presente y nos dará esperanza de que todo mejorará. Concentremos nuestros pensamientos en la capacidad de Dios para ayudarnos y no en la incapacidad nuestra para ayudarnos a nosotros mismos.  Amados y amadas: cuando nos sintamos deprimidos, aprovechemos este salmo antidepresivo. Leamos lo que la Biblia nos narra acerca de la bondad de Dios y meditemos en ello.  ¿No sé si habrá algún Amén en La Casa de DIOS hoy?  Pongamos atención a lo que La Palabra pronunciada, hablada, inspirada, enviada, susurrada POR DIOS, nos dice.  Fijémonos por un momento en el verso 2 del Salmo 42: la pregunta que nos debemos hacer es ¿cuándo me presentaré en persona en el templo para adorar a DIOS de nuevo?  Lo que DIOS espera es una relación personal, repito: personal, con cada uno de nosotros y nosotras TODOS los días.  Su bondad, su “buenura,” no tiene fronteras, límites, ni impedimentos.  DIOS nos ama como somos y no podemos hacer nada para que nos ame más, ni podemos hacer nada para que nos ame menos. ¡Ya DIOS nos ama!  ¡No podemos darle “riversa pa’tras”!  ¡Ya DIOS nos ama! ¿Algún Amén? ¡Amén!  Por eso, DIOS espera que nos presentemos delante de ÉL para adorarlo.  
  6. El culto de adoración a DIOS y el compañerismo colectivos eran una ocasión de mucha alegría y alabanza en tiempos del AT para el Pueblo de Dios.  Por eso nos preguntamos: ¿Cuánto más felices se sentiría el Pueblo de DIOS con la venida de Cristo y su glorioso evangelio (Flp 4.4)?  Para la Iglesia de Jesucristo, el espíritu de fe habla, susurra, ahora al alma abatida, haciendo que su mirada se desvíe de las circunstancias y se dirija hacia el rostro de DIOS, hacia la bondad de DIOS. “11 ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.”  ¿Habrá algún Amén en La Casa de DIOS? ¡Amén!
  7. Pero, no creamos que la depresión solo le ocurre a las personas que no conocen a DIOS.  Le puede ocurrir a cualquiera de nosotros.  En el Primer Libro de Reyes (1 Reyes 19:1-15ª) se nos narra la depresión que sufrió el Profeta Elías. 

{1 Reyes 19:1-15ª: 1 Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas. 2Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos. 3Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado. 4Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. 5Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. 6Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. 7Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. 8Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. 9Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? 10El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. 11El le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. 12Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado {un susurro}. 13Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías? 14El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. 15Y le dijo Jehová: Ve, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco.}

 

  1. Jezabel estaba furiosa por la muerte de sus profetas (profetas de Baal) porque le habían dicho todo lo que ella quería escuchar, profetizando su futuro de poder y gloria. El trabajo de ellos era deificar al rey y a la reina, y ayudar a perpetuar su reino. (OJO: ¡Cuidado con ese espíritu!) 
  2. Jezabel también estaba enojada porque la gente que la apoyaba había sido eliminada, y su orgullo y autoridad habían sido dañados. El dinero que había invertido en estos profetas estaba ahora perdido.
  3. Elías, el que causó la muerte de los profetas, era una espina clavada (un aguijón) en Jezabel porque siempre estaba prediciendo oscuridad y fatalidad.  Por eso, Jezabel no pudo controlar sus acciones e hizo un voto para matarlo. Mientras el profeta de Dios estuvo ahí, ella no pudo llevar a cabo todo el mal que quería.
  4. Elías experimentó la intensidad de la fatiga y del desaliento después de sus dos grandiosas victorias espirituales: la derrota de los profetas de Baal y la respuesta a su oración por lluvia. A menudo, después de grandes victorias espirituales, llega el desaliento.  Especialmente después de aquellas que requieren gran esfuerzo físico o que producen una gran emoción.  Elías dependía tanto de Dios que quería morir.
  5. Para sacarlo de la depresión, Dios permitió primero que Elías comiera y descansara. Luego, lo confrontó con la necesidad de regresar a su misión en la vida (¡OJO!): hablarle de parte de Dios a Israel. Las batallas de Elías no se habían terminado, todavía había trabajo que realizar (“largo camino te resta...”). Cuando te sientas deprimido después de una gran experiencia espiritual, recuerda que el propósito de Dios para tu vida todavía no se ha terminado.  Igual ocurrió con aquel hombre gadareno que fue liberado de las ataduras demoníacas. ¿Recuerdan?  El Evangelio dice que: “38 Y el hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que le dejase estar con él; pero Jesús le despidió, diciendo: 39 Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él.”   (¡Fue OBEDIENTE!)
  6. Elías conocía el susurro gentil de la voz de DIOS y se dio cuenta de que Dios no se revela a sí mismo solamente en formas milagrosas y poderosas. Buscar a DIOS sólo en cosas grandes (reuniones multitudinarias, mega-iglesias, grandes conferencias o congresos, líderes muy reconocidos) puede significar perder a DIOS, porque a menudo DIOS se encuentra en un susurro, en la tranquilidad de un corazón humilde.
  7. ¿Escuchas tú a Dios? Retírate del ruido y de la actividad de tu vida ocupada, y escucha humilde y tranquilamente la dirección de DIOS.  Puede llegar cuando menos la esperes y de la forma más extraña que te puedas imaginar.
  8. Antes que la fe en Cristo nos libertara, estábamos atrapados en pecado, abatidos por errores pasados y sofocados por deseos pecaminosos.  Dios sabía que éramos prisioneros del pecado y por ello proveyó una vía de escape: la fe en Jesucristo.  Sin Cristo todos estamos atrapados en las garras del pecado y sólo aquellos que depositan su fe en Él pueden quedar libres.  Mira hacia Él: te quiere alcanzar para darte libertad. [Repito.]

LLAMADO

El relato preciso de Lucas ofrece un cuadro completo del interés del Salvador por restaurar cada parte de la vida del ser humano;

(a)              nuestra relación con DIOS, el Padre;

(b)              nuestra quebrantada personalidad y servidumbre;

(c)               nuestra salud física; y finalmente,

(d)              nuestro rescate de la muerte misma en la resurrección.

Jesucristo es el Salvador del ser humano, en su totalidad.  ¿Qué más esperas? ¿Un trueno? ¿Un relámpago? ¿Un temblor de tierra? ¿Un huracán? 

Solo haz escuchado un susurro de DIOS.   Creo que es suficiente.