Sermón: ¿A
qué nos estamos aferrando hoy? 12
de octubre de 2003
Juan G. Feliciano-Valera, Pastor Iglesia Metodista de Puerto Rico
"Obispo Fred P. Corson"
Textos: Salmo 22: 1-15; Job 23:1-9, 16-17; Hebreos
22:1-15; S. Marcos 10:17-31
Salmo
22:1-15:
1 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?,
{Con estas mismas palabras, recitadas en arameo, Jesús expresó sus propios
sentimientos durante la crucifixión (Mt 27.46; Mc 15.34)} ¿por qué no vienes a
salvarme?, ¿Por qué no atiendes a mis lamentos? 2 Dios mío, día y noche te
llamo, y no respondes; ¡no hay descanso para mí! 3 Pero tú eres santo; tú
reinas, alabado por Israel. 4 Nuestros padres confiaron en ti; confiaron, y tú los libertaste; 5 te
pidieron ayuda, y les diste libertad; confiaron en ti, y no los defraudaste. 6
Pero yo no soy un hombre, sino un gusano; ¡Soy el hazmerreír de la gente! 7 Los que me ven, se burlan de mí; me hacen
muecas, mueven la cabeza 8 y dicen: “Este confiaba en el Señor; pues que el
Señor lo libre. Ya que tanto lo quiere, que lo salve.” 9 Y así es: tú me hiciste nacer del vientre de mi madre;
en su pecho me hiciste descansar. 10
Desde antes que yo naciera, fui puesto bajo tu cuidado; desde el vientre de mi
madre, mi Dios eres tú. 11 No te alejes de mí, pues estoy al borde de la
angustia y no tengo quien me ayude. 12
Mis enemigos me han rodeado como toros, como bravos toros de Basán; 13 rugen como leones feroces, abren la boca y
se lanzan contra mí. 14 Soy como agua
que se derrama; mis huesos están dislocados.
Mi corazón es como cera que se derrite dentro de mí. 15 Tengo la boca
seca como una teja; tengo la lengua pegada al paladar. ¡Me has hundido hasta el
polvo de la muerte!
Job 23:1-9, 16-17: 1–2 Una vez más mis quejas son
amargas porque Dios ha descargado su mano sobre mí. 3 ¡Ojalá supiera
yo dónde encontrarlo, y cómo llegar a donde vive! 4 Presentaría ante
él mi caso, pues me sobran argumentos. 5 ¡Ya sabría
cómo responder
a lo que él
me contestara! 6 Pero él no usaría la fuerza como argumento, sino
que me escucharía 7 y reconocería que tengo la razón; me declararía
inocente, ¡me dejaría libre para siempre! 8 Pero busco a Dios en el
oriente, y no está allí; lo busco en el occidente, y no lo encuentro. 9 Me
dirijo al norte, y no lo veo; me vuelvo al sur, y no lo percibo. {...} 16 Dios,
el Todopoderoso, me tiene acobardado. 17 ¡Ojalá la noche me hiciera
desaparecer y me envolviera la oscuridad!
****{Ambos,
Salmo 22 y Job 23, son gritos de angustia y desesperación, PERO...}
Hebreos
4:12-16: 12 Porque
la palabra de Dios tiene vida y poder. Es más cortante que cualquier
espada de dos filos, y penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu,
hasta lo más íntimo de la persona; y somete a juicio los pensamientos y las
intenciones del corazón. 13 Nada de lo que Dios ha creado puede
esconderse de él; todo está claramente expuesto ante AQUEL a quien
tenemos que rendir cuentas. 14 Jesús, el Hijo de Dios, es nuestro
gran Sumo Sacerdote que ha entrado en el cielo. Por eso debemos seguir
firmes en la fe que profesamos. 15 Pues nuestro Sumo Sacerdote puede
compadecerse de nuestra debilidad, porque él también estuvo sometido a las
mismas pruebas que nosotros; solo que él jamás pecó. 16 Acerquémonos,
pues, con confianza al trono de nuestro Dios amoroso, para que él tenga misericordia
de nosotros y en su bondad nos ayude en la hora de necesidad.
****{¿Alguien dice Amén?}
San Marcos 10:17-31: 17 Cuando Jesús iba a seguir su viaje, llegó un hombre corriendo, se puso
de rodillas delante de él y le preguntó: —Maestro bueno, ¿qué debo hacer para
alcanzar la vida eterna? 18 Jesús le contestó: —¿Por
qué me llamas bueno? Bueno solamente hay uno: Dios. 19 Ya
sabes los mandamientos: ‘No mates, no cometas adulterio, no robes, no digas
mentiras en perjuicio de nadie ni engañes; honra a tu padre y a tu madre.’ 20
El hombre le dijo:
—Maestro, todo eso lo he cumplido desde joven. 21 Jesús lo miró con cariño, y le
contestó: —Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los
pobres. Así tendrás riqueza en el cielo. Luego ven y sígueme. 22 El
hombre se afligió al oír esto; y se fue triste, porque era muy rico. 23 Jesús
miró entonces alrededor, y dijo a sus discípulos: —¡Qué
difícil va a ser para los ricos entrar en el reino de Dios! 24 Estas
palabras dejaron asombrados a los discípulos, pero Jesús les volvió a decir:
—Hijos, ¡qué difícil es para los que confían en las
riquezas entrar en
el reino de Dios! 25 Es más fácil para un camello pasar por el ojo
de una aguja, que para un rico entrar en el reino de Dios. 26 Al
oírlo, se asombraron más aún, y se preguntaban unos a otros: —¿Y
quién podrá salvarse? 27 Jesús los miró y les contestó: —Para los
hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible. 28
Pedro comenzó a decirle: —Nosotros hemos dejado todo lo que teníamos, y
te hemos seguido. 29 Jesús respondió: —Les aseguro que cualquiera
que por mi causa y por aceptar el evangelio haya
dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o terrenos,
30 recibirá ahora en la vida presente cien veces más en casas, hermanos,
hermanas, madres, hijos y terrenos, aunque con persecuciones; y en la vida
venidera recibirá la vida eterna. 31 Pero muchos que ahora son los
primeros, serán los últimos; y muchos que ahora son los últimos, serán los
primeros.
Comentario: En ninguna otra parte de las
Escrituras se ve con mayor claridad el costo del discipulado cristiano (ser
siervos (as) en el Reino de DIOS) que en el relato del joven rico. Él poseía
absolutamente todo, menos la vida eterna. La quería, pero no estaba dispuesto a
dejar todo lo demás para obtenerla (como el mono del cuento bien conocido que
no podía librarse de la trampa porque no estaba dispuesto a soltar lo que tenía
en la mano. O el cuento del hombre con el saco de papas al hombro. Cuando le dieron “pon” seguía cargando el
saco de papas en el hombro y el chofer le dijo: “amigo, puede poner el saco en el piso.” Pero el hombre contestó: “Tras que me da pon a mí, no voy a
pretender que también lleve mi saco de papas.”)
El joven rico poseía absolutamente
todo, menos la vida eterna. La quería, pero no estaba dispuesto a dejar todo lo
demás para obtenerla. Sin embargo, no hay otro camino para entrar al reino; aun
Pedro y los demás discípulos tuvieron que aprender esto (28). El hombre era
claramente amable (21) y ambicioso y sin duda moral, pero no podía encarar el
costo de seguir a Cristo. Sin embargo, Jesús prefería perder a un posible
seguidor que rebajar sus normas éticas por él; en realidad no había otra ética
o norma posible. Así que el rico se
fue triste de la presencia de Jesús y no sabemos nada más de él; había
tomado su decisión. Una “mala decisión,” pienso yo.
Jesús dijo (23) que era difícil que
un hombre rico pudiera entrar al reino de Dios, en realidad, imposible, sin la
ayuda de Dios (27.) Y no tanto por su riqueza sino por CONFIAR en su riqueza mas que en DIOS.
Todos somos tentados a confiar en nuestras “riquezas,” cuales sean, y no
en Dios.
Jesús usó un proverbio cómico para
ilustrar lo difícil que eso es; con toda claridad un camello no puede pasar por
el ojo de una aguja.
Jesús enseñó que el resultado de
dar dinero a los pobres, o cualquier sacrificio que podamos hacer para el reino
de Dios, será atesorado no en la tierra, sino en el cielo; cuanto más demos,
tanto más atesoramos. Esto no significa que si damos dinero a la obra de Dios,
hemos de recibir más, como lo enseñan algunos “cultos de prosperidad”. Lo que
significa es que las recompensas espirituales serán mucho mayores que los
sacrificios que pudiéramos haber hecho por Cristo, aunque llegara la
persecución con tales sacrificios (30).
Cántico: “Si tu pruebas todo y
todo te falla, prueba a Cristo.”
¿A que nos aferramos hoy?
El
domingo pasado nos preguntaba DIOS ¿De qué nos estamos divorciando? Este
domingo nos pregunta ¿A qué nos estamos aferrando? ¿Será que nuestras
posesiones, propiedades, trabajos, familias, comodidades, costumbres, etcétera,
nos impiden seguir a DIOS? ¿Será que
estamos tan ocupados con nuestros asuntos que nos hemos olvidado de los asuntos
de DIOS?
Anécdota:
UNA LECCIÓN DE VIDA. Hace ya un tiempo,
un hombre castigó a su pequeña niña de 3 años, por desperdiciar un rollo de
papel de envoltura dorado. El dinero era
escaso en esos días, por lo que explotó en furia, cuando vio a la niña tratando
de envolver una caja para ponerla debajo del árbol de navidad. Sin embargo, la niña le llevó el regalo a su
padre a la mañana siguiente y dijo: "Esto es para ti, papito". El se sintió avergonzado de su reacción de
furia. Pero éste volvió a explotar cuando vio que la caja estaba vacía. Le
volvió a gritar diciendo: "¿Qué: no sabes que cuando das un regalo a
alguien se supone que debe haber algo adentro?
La pequeñita lo miró hacia arriba con lágrimas en los ojos y dijo:
"Oh, papito, no está vacía, yo soplé besitos
dentro de la caja, todos para ti, papito..." El Padre se sintió morir; puso sus brazos
alrededor de su niña y le suplicó que lo perdonara. Se ha dicho que el hombre guardó esa caja
dorada cerca de su cama por años y siempre que se sentía derrumbado, tomaba de
la caja un beso imaginario y recordaba el amor que su niña había puesto ahí.
En una
forma muy sensible, cada uno de nosotros ha recibido un recipiente dorado,
lleno de amor incondicional y besos de nuestros hijos, amigos, familia o de
Dios. Nadie podría tener una propiedad o
posesión más hermosa que ésta.
¿La
estamos aprovechando como debemos (el amor se da, para compartirlo, no para
guardarlo) o habrá cosas a las cuales nos aferramos y no podemos disfrutar las
bendiciones de DIOS?
¿De qué
cosas nos estamos aferrando hoy que nos impiden aferrarnos de DIOS?
El Señor
quiere que seamos libres de estas cosas, pensamientos, costumbres, ideas,
posesiones, propiedades, relaciones, que nos impiden seguir a Jesús en El
Camino, seguir Su Ejemplo. DIOS nos está
llamando, convocando a Su Reino, un Reino de Luz, de Paz, de Gracia. ¡No perdamos la oportunidad! La Puerta se puede cerrar en cualquier
momento, no perdamos la oportunidad de entrar al gozo del Señor que se
encuentra en el servicio a los demás. No
estamos hablando de entrar al cielo, como los que quiere enajenarse,
marginarse, olvidarse de la realidad.
Estamos hablando de entrar al Reino de DIOS, aquí, ahora, para servir a
los demás.
El
hombre rico se fue triste, sin embargo, el hijo prodigo, pobre, sin ropa, sin
alimento, regresó a la casa de su papá.
Vino con intenciones de decirle a su papá: “hazme como a uno de tus
jornaleros, uno de tus obreros.” Pero el
papá, al verlo venir, corrió a su encuentro y lo abrazó, lo vistió, e hizo
FIESTA. (Dicho sea de paso, cuando el
hijo mayor llegó, el papá también salió a buscarlo, recibirlo y a invitarlo a
SU Fiesta.)
LLAMADO
¿De que
cosas tendrás que despojarte hoy para regresar y entrar a la casa de tu Padre
celestial? Dice la Escritura que Jesús
se despojó a sí mismo de toda la gloria que gozaba como Hijo de DIOS para
hacerse uno como nosotros y mostrarnos El Camino al Padre. Se hizo pobre, se hizo perseguido, se hizo
desnudo, se hizo ABANDONADO para que tu y yo podamos
tener vida en abundancia, podamos tener paz y podamos tener nuevas vestiduras
para entrar al Banquete con el Señor.
¿Cuáles propiedades
tendremos que soltar hoy? ¿A cuales de
nuestras preferencias tendremos que decirle “bye, bye” (adiós, adiós) hoy?
El joven rico no pudo, ¿Podremos nosotros? Solo con la ayuda de DIOS. Por eso es que hay que venir a EL, hoy. Y hay que venir como somos, con lo que
tenemos, ahora, aquí. No podemos estar
con argumentos y excusas. DIOS nos llama
hoy. El Padre espera por sus hijos,
hoy. ¡Quizás hoy será, el día que regreses! ¡Quizás hoy podrá tu rostro acariciar y
decirte que te ama como siempre, que nada ha cambiado, que todo sigue igual: SU
AMOR no ha cesado, sigue igual!
¡Quizás hoy
será! ¿Qué vamos a responder?
No se
trata de dinero, ni de propiedades materiales, se trata de tu corazón. Por eso, Jesús les explica a los discípulos
que “el que no se niegue a sí mismo, tome su cruz y le siga, no es digno de
entrar al Reino” (a Su Casa.) DIOS
espera que tu devuelvas tu corazón a ÉL. No lo retengas para ti, entrégale tu
corazón. DIOS sabe mejor que tú lo que
tiene que hacer con él. DIOS tiene una
caja dorada para ti. Allí están
guardadas todas sus promesas, sus “besos de amor” para ti. Es La Biblia.
Allí están todas las promesas del Señor de tu vida, el Señor de tu
corazón. DIOS tiene grandes bendiciones
para regalar. Confía en Él, ÉL
hará. {Anécdota del joven graduando que
quería un carro nuevo y su papá le regaló una Biblia, pero dentro estaba un
cheque por la cantidad exacta de lo que costaba el carro} ¿Será La Biblia tu cajita dorada?
Hebreos 4:12
“Porque la
palabra de Dios tiene vida y poder. Es más cortante que cualquier espada
de dos filos, y penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta lo
más íntimo de la persona; y somete a juicio los pensamientos y las intenciones
del corazón.”
"Un
día nací, un día moriré, y nada me llevaré,” dice la gente. Pero, ¿Estamos realmente viviendo la vida que
DIOS nos ofrece y que Cristo vino a ganar para nosotros (as)?" "Una
casa está hecha de roca y madera... pero, un hogar... un hogar está hecho de
amor y entrega."
Cristo
te invita a SU Hogar, a La Casa de Su PADRE, de Su Papá, que quiere ser el tuyo
también (porque, aunque tu no quieras ser su hijo,
ÉL quiere ser Tu Padre.) ¿Cómo
responderemos hoy?
§
“No, Señor, tu sabes que tengo muchos
compromisos y mucho trabajo; yo no me puedo comprometer contigo, ni con tu
Iglesia, pero déjame terminar mi trabajo y mis compromisos y después
veremos. O...
§
“Cuando me jubile, entonces te voy a
dedicar mas tiempo”
¿No será
que entonces sea muy tarde? ¿Cómo responderemos a la Invitación Especial,
firmada con Sangre Preciosa, al Banquete Celestial que se vive aquí y
ahora? “Si tu has probado todo y todo
te ha fallado: ¡Prueba a Cristo!