Sermón: Invitación a matricularse en la Escuela de
la Restauración en Cristo
Semana de
Jóvenes, Iglesia Metodista de Puerto
Rico “El Santuario” Patillas, PR
10 de julio de
2003
Juan G.
Feliciano-Valera, Pastor de la Iglesia Metodista de Puerto Rico "Obispo Fred P. Corson," Ponce,
Puerto Rico
Texto Clave: S.
Marcos 9:2-13 La transfiguración
2 Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó
aparte solos a un monte alto. Allí se transfiguró delante de ellos. 3 Sus
vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que
ningún lavador en la tierra los puede dejar tan blancos. 4 Y vieron
a Elías y a Moisés que hablaban con Jesús. 5 Entonces Pedro dijo a
Jesús:
—¡Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí! Hagamos
tres enramadas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
6 No sabía lo que hablaba, pues estaban asustados. 7 Entonces vino
una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: «Este es mi
Hijo amado; a él oíd». 8 Y luego, cuando miraron, no vieron a nadie
más con ellos, sino a Jesús solo.
9 Mientras descendían del monte, les mandó que a nadie dijeran lo que habían
visto, hasta que el Hijo del hombre hubiera resucitado de los muertos. 10 Por
eso guardaron la palabra entre sí, discutiendo qué sería aquello de resucitar
de los muertos. 11 Le preguntaron, diciendo:
—¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías
venga primero?
12 Respondiendo él, les dijo:
—Elías a la verdad vendrá primero y restaurará todas las cosas. Pero ¿no
dice la Escritura que el Hijo del hombre debe padecer mucho y ser despreciado?
13 Pero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron,
como está escrito de él.
INTRODUCCIÓN: “Para
restaurar hay que ser transformado primero.”
Jesús mandó a
sus discípulos “que a nadie dijeran lo que habían visto, hasta que el Hijo
del hombre hubiera resucitado de los muertos.” (v. 9) La experiencia de la transfiguración de Jesús
fue tan profunda, tan importante, tan significativa, que Jesús les ordenó a sus
discípulos que no la revelaran a nadie sino hasta después de EL resucitar. Esta revelación estaba destinada, separada,
para los que pudiesen creer en la resurrección de Jesús. Esta revelación estaba reservada para los que
puedan creer en un DIOS VIVO.
DIOS es un DIOS de vivos, no de
muertos (¡Mi DIOS no está muerto, ÉL está VIVO!). DIOS es un DIOS de vida, no de muerte. DIOS es un DIOS de esperanza, no de
terror. DIOS es un DIOS de Paz y no de
guerra. DIOS es un DIOS de amor y no de
odio, ni venganza. DIOS es un DIOS de
perdón y no de resentimiento y amargura.
Un DIOS de restauración y nunca de destrucción del ser humano.
Porque DIOS es un DIOS de
vivos y no de muertos, Jesús le permitió a sus
discípulos observar que estaban vivos, Moisés (representativo de la Ley) y
Elías (representativo de Los Profetas.)
Escuchen bien; Moisés y Elías están VIVOS hoy. Todos los que mueren en el Señor, estarán
vivos eternamente. Se acabó el cuento de
los espiritistas, de los adivinos, de los embusteros: DIOS es un DIOS de vivos y solo lo
vivos lo alaban. ¡Aleluya! ¡Señor: hazme un instrumento de
restauración!
Pero Jesús, conociendo la
mentalidad, el carácter, la naturaleza humana, les dijo a sus discípulos que no
contaran a nadie lo que habían visto hasta que El no resucitase de entre los
muertos. Los discípulos tenían dudas
sobre el tema de la resurrección y Jesús quería enseñarles. Jesús es un Buen Maestro, siempre busca
oportunidades para enseñarnos Su Voluntad, Su Propósito, con nosotros y
nosotras. Jesús quiere ser nuestro
Maestro, aunque nosotros no queramos ser sus discípulos. Jesús SIEMPRE anda
buscando maneras de alcanzarnos con Su Gracia, con Su Enseñanza, con su
Amor. Jesús quería enseñarles a sus
discípulos que...
ü
Después de la muerte física, ocurre una transfiguración
(resurrección, restauración), un cambio de apariencia, se recibe un nuevo
cuerpo glorificado, con vestidos blancos, resplandecientes (lavados con Sangre
Preciosa, el mejor detergente que jamás se hayan podido inventar los seres
humanos). ¡Salvos por fe, para
predicar fe! ¡Restaurados para
restaurar!
Esta fue la visión de los
tres discípulos: Allí
estaba Jesús, resplandeciente, “transfigurado” (que no es lo mismo que
desfigurado, como nos ponemos cuando nos da coraje y no queremos perdonar, ni
ceder). Allí estaba Moisés,
representando toda la Ley, (“la Torah”) y allí estaba
Elías, representando a todos los Profetas del AT. Estos tres estaban hablando entre sí.
Pero ocurrió algo
espectacular, (porque tenemos un DIOS que nos sorprende a cada rato), ocurrió
una Epifanía y una Teofanía simultáneamente: apareció “la nube” de Jehová, la
Shekinah de Jehová, la Presencia de
DIOS y TODO se aclaró: y se escuchó la VOZ de DIOS, diciendo: “Este es mi
hijo amado, mi único hijo; escúchenlo, óiganlo, a ÉL háganle caso; obedézcanle,
síganlo, sirvan como él sirve.” Los
discípulos guardaron silencio delante de la Voz de DIOS; guardaron reverencia y
esperaron. ¿Cuántos de nosotros
estaremos dispuestos a esperar en DIOS?
APLICACIÓN
1.
Este evento de la transfiguración de Jesús y de la visión de
los discípulos y de la aparición, manifestación y la Voz de DIOS, ocurre dentro
del contexto de los tres anuncios que Jesús hace de que habría de sufrir y
morir, pero al tercer día resucitaría (Pasión, Muerte y Resurrección). Los discípulos no podían entender esto, por
eso Jesús les explica con esta visión que DIOS es DIOS de vivos, que
DIOS está presente y estará presente para siempre. DIOS estuvo
presente en el bautismo de Jesús, estaba presente en el camino con Jesús y aun
continuaría presente durante la pasión y muerte de Su Hijo, el Mesías. ¡Porque DIOS es un DIOS Omnipresente! ¡Está presente aquí!
2.
Jesús era el Cristo, el Mesías, el Enviado, el Escogido, el
Elegido, el Ungido por DIOS para comunicar el Amor y la Gracia de DIOS: “he
venido para que tengan vida y la tengan en abundancia: yo soy un DIOS de vivos,
no de muertos.” El que en ÉL cree,
no muere, sino que pasa a morar, se muda de residencia, va a un lugar especial,
preparado especialmente para él o ella, y allí se viste con ropas blancas,
resplandecientes, y continúa sirviendo a DIOS.
Estamos escondidos con Cristo en DIOS.
3.
¿Por qué se celebra, se recuerda, se hace memoria de este
evento de la transfiguración de Jesús cuando recordamos la pasión y muerte de
Nuestro Señor? Lo hacemos para recordar
que la Epifanía (la manifestación de la Gloria de DIOS en Jesús) se prepara
para tomar otro aspecto, otra forma.
Ahora tomaría la forma del sufrimiento, la traición, el dolor, el
“vía-crucis,” la vía-dolorosa, la aflicción.
Todavía es una Epifanía (una nube, una “Presencia divina”). Es una preparación para entender que DIOS nos
ama y que Su Único Hijo, Su Hijo Amado, también sufrió como nosotros sufrimos
(misericordia) y que ÉL lo hizo por nosotros y nosotras; para que tengamos la
esperanza de que así como nos vestimos de Cristo en el bautismo, así seremos
vestidos de Gloria en la muerte y la resurrección.
4.
DIOS nos invita hoy a matricularnos en una escuela (La
Escuela de Restauración en Cristo): nos invita a aprender; nos invita a vivir una vida
diferente, distinta, a la que hemos conocido hasta hoy. Es una escuela que nos prepara para la
Eternidad; es una escuela que nos prepara para el Servicio. Es una escuela de entrenamiento intensivo; es
una escuela que nos enseña a dar, a ofrendar, a entregarnos, a rendirnos, a
perdonar, a amar, a restaurar. Es una
escuela de nivel super-superior (allí no se aprende
lo material, allí se aprende lo eternal, lo espiritual). Es una escuela que continúa (no se puede
detener, ni contener en enramadas, ni chozas, ni catedrales, ni templos, ni
sinagogas, ni en salones, ni en anfiteatros); es una escuela que solo gradúa a
los valientes, a los sencillos, a lo que se rinden ante DIOS, a los que se
humillan ante DIOS, a los que le dicen al Maestro: ¡Aquí estoy, Maestro, úseme como usted quiera, para lo que usted quiera, donde
usted quiera, con usted quiera, de la forma que usted quiera, todas las veces
que usted quiera! En esta escuela
solo se gradúan discípulos, no “maestros”.
En esta escuela solo reciben honores los que más sufren. En esta escuela nadie fracasa; nadie es
expulsado; nadie “se cuelga”. En esta escuela todos valen, hay educación especial; hay
educación especializada; hay educación individualizada, personalizada. Esta es una escuela de la comunidad de
fe. Eso sí: es la escuela del
sufrimiento, pero se recibe consuelo y se puede llorar. Es la escuela de la Paz y de la Esperanza y
se aprende a estar en paz con DIOS y con los demás. Es la escuela en donde lo que NO ES se ve
como si fuera, porque es la escuela de la fe.
Es la escuela en donde lo débil de DIOS se hace lo mas
fuerte en el mundo; aquí se aprende la aflicción y se recibe el consuelo para
consolar. Aquí se vive en la esperanza
de la victoria eterna sobre todos los males: Restaurados para restaurar.
5.
Hoy quiero darles una Buena Noticia: ¡Hay Matricula Abierta para esta
escuela! Aquí está el Maestro con Sus
Manos traspasadas y Sus Brazos Abiertos para recibirles y darles la
Bienvenida. SU Padre dijo: “Este es
mi Hijo Amado, a ÉL escuchad.” Este
Maestro no tiene igual en la Tierra, ni en el Cielo, ni debajo de la
Tierra. Este NO es de los que dicen “vayan
a trabajar y a servir que yo me quedo aquí esperándoles.” Este no es de los que vienen para que otros
le sirvan; este no es ni como los demás “protagonistas”; este sufrirá una
agonía brutal, una traición, un falso juicio, un abandono terrible, una condena
injusta, una muerte lenta, aun siendo “El Hijo de DIOS.” Pero, todo esto lo sufrió por nosotros; para
enseñarnos y amarnos hasta el final.
6.
Por eso, los discípulos de este Maestro, los que se
matriculan en la Escuela de Cristo, cuando lloran, lloran como los que saben
que serán consolados. Gozan como los que
saben que el Gozo del Maestro es eterno.
Sufren como los que saben que Su Maestro sufrió; sirven como su Maestro
sirvió. Oran porque su Maestro oró. Velan porque su Maestro veló. Aman porque Su Maestro Amó hasta el
final. Perdonan porque Su Maestro
perdonó. Restauran porque han sido restaurados. Estos discípulos esperan el día en que se
pondrán togas blancas, vestiduras blancas, limpias, resplandecientes, como Su
Maestro les enseñó. Esperan como Su
Maestro les enseñó a esperar. Estos
discípulos le dan toda la gloria a Su Maestro.
Si se ganan algún honor, lo traen a Los Pies de Su Maestro y lo dedican
a Él.
Estos discípulos saben que
El Maestro siempre está presente, aunque no haya milagros, prodigios, gritería,
danzas, música, algarabía; aunque no se haga lo que ellos piden, sino lo que El
Maestro desea: ¡Ellos saben que Él está presente! Este Maestro no se aparta a ningún lado sin
llevarse a sus discípulos con Él. El
siempre está pendiente de ellos. Por eso
le llaman “El Buen Pastor.” Estos
discípulos dicen: ¡NO ME SIGAN A MÍ, SIGAN A MI MAESTRO! Estos discípulos dicen: no me alaben a
mí, alaben a Mi Maestro; no me oigan a mí, oigan a mi Maestro; no me hagan caso
a mí, obedezcan a mi Maestro. Estos
discípulos dicen: No me elijan a mí, elijan a Mi Maestro; No me miren a mi, miren a Mi Maestro.
Estos discípulos, cuando llega el día de la graduación, dicen: “Siervo
inútil soy, pues solo hice lo que tenía que hacer” y no quieren recibir los honores. Ellos y ellas dicen: “Esperamos, con
paciencia, el día, cuando el Maestro dirá: “Buen siervo y fiel; en lo poco
fuiste fiel, en lo mucho te pondré; entra en el gozo de Tu Maestro.” Allí estará DIOS con los Brazos Abiertos para
abrazarnos; y los ángeles y los redimidos del Señor darán un aplauso de
bienvenida.
LES INVITO A MATRICULARSE
EN ESTA ESCUELA HOY.
{En la Mesa Abierta del
Señor hay boletos de matrícula: todos están invitados a pasar.}