Sermón: ¿De qué nos divorciamos
hoy? 5
de Octubre de 2003
Juan
G. Feliciano-Valera, Pastor Iglesia
Metodista de Puerto Rico "Obispo Fred P. Corson"
Salmo 26
1 Júzgame, Jehová, porque yo en integridad he andado;
he confiado asimismo en Jehová sin titubear. 2 Escudríñame, Jehová,
y pruébame; examina mis íntimos pensamientos y mi corazón, 3 porque
tu misericordia está delante de mis ojos y ando en tu verdad. 4 No
me he sentado con hombres hipócritas, ni entré con los que andan simuladamente.
5 Aborrecí la reunión de los malignos y con los impíos nunca me
senté. 6 Lavaré en inocencia mis manos, y así, Jehová, andaré
alrededor de tu altar, 7 para exclamar con voz de acción de gracias
y para contar todas tus maravillas. 8 Jehová, la habitación de tu
Casa he amado, el lugar de la morada de tu gloria. 9 No arrebates con los pecadores
mi alma ni mi vida con hombres sanguinarios, 10 en cuyas manos está
el mal y cuya diestra está llena de sobornos. 11 Pero yo andaré en
integridad; redímeme y ten misericordia de mí. 12 Mi pie ha estado
en rectitud; en las congregaciones bendeciré a Jehová.
Job 1:1,
2:1-10
1 Había
en el país de Uz {Uz: Esta
región se encontraba fuera del territorio de Israel, probablemente al este de
Palestina y al norte de Edom (cf.
Lm 4.21). En Gn 22.21, Uz aparece como hijo de Nacor, el
hermano de Abraham. } un
hombre llamado Job. {Job:
El narrador no sitúa estas escenas en un momento preciso de la
historia, dándoles así un valor más universal. La experiencia de Job es un
drama humano que trasciende las fronteras de Israel. } Era un hombre perfecto y recto, temeroso de
Dios y apartado del mal. {1.1 Al poner tan de relieve las cualidades morales de
Job, el texto está dando a entender que también fuera de Israel había personas
que conocían a Dios y obraban rectamente.}
[2 Le
habían nacido siete hijos y tres hijas. {1.2 Siete hijos y tres hijas: Siete y
tres son números que simbolizaban la perfección. Véase Gn
4.18 n. } 3 Su hacienda era de siete mil
ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y
muchísimos criados. Era el hombre más importante de todos los orientales. 4 Sus
hijos celebraban banquetes en sus casas, cada uno en su día; y enviaban a
llamar a sus tres hermanas para que comieran y bebieran con ellos. 5 Y sucedía
que una vez pasados los días de turno, Job los hacía venir y los santificaba.
Se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos {1.5 Holocaustos: Cf. Lv 1. Los santificaba: En cierta medida, Job se hace
responsable ante Dios de toda su familia.
} conforme al número de todos ellos. Porque
decía Job: «Quizá habrán pecado mis hijos y habrán blasfemado {1.5 Blasfemado: lit. bendecido. Este cambio se
debe a que se consideraba blasfemo poner el verbo maldecir
junto al nombre de Dios. El mismo eufemismo vuelve a encontrarse en Job 1.11;
2.5, 9. } contra
Dios en sus corazones». Esto mismo hacía cada vez. 6 Un día acudieron a
presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, {1.6 Hijos de Dios: De este
modo se designa a los miembros de la corte divina, habitualmente llamados
ángeles. Cf. 1 R 22.19; Job 38.7; Sal 29.1; 82.1; 89.7. } y entre ellos vino
también Satanás. {1.6 Satanás: lit. el satán (cf. Job 1.7–12; 2.1–7).
Esta figura no tiene aún todas las características asignadas a Satanás en el NT
(véase Concordancia temática). Aquí no se trata de un ser demoníaco, rebelde
contra Dios, sino de un ser celestial, que integra la corte del Señor y dialoga
familiarmente con él, pero que trata de perjudicar a los seres humanos.} 7 Dijo
Jehová a Satanás: —¿De dónde vienes? Respondiendo
Satanás a Jehová, dijo: —De rodear la tierra y andar por ella. 8 Jehová dijo a
Satanás: —¿No te has fijado en mi siervo Job, que no
hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y
apartado del mal? 9 Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: —¿Acaso
teme Job a Dios de balde? {1.9 De balde: El acusador no pone en duda la piedad
y la justicia de Job (cf. v. 1); lo que se niega a
reconocer es que su piedad sea desinteresada, es decir, que no esté ligada a la
expectativa de una recompensa. De ahí el desafío que dirige a Dios (cf. v. 10–11). } 10
¿No le has rodeado de tu protección, a él y a su casa y a todo lo que tiene? El
trabajo de sus manos has bendecido, y por eso sus bienes han aumentado sobre la
tierra. 11 Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que posee, y verás si no
blasfema {1.11 Blasfema: Véase Job 1.5 nota f.} contra ti en tu propia
presencia. 12 Dijo Jehová a Satanás: {1.12 Satanás (heb.
el satán) no dispone de poder autónomo, sino que
actúa dentro de los límites fijados por el Señor (cf.
Job 2.6).} —Todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano
sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová. {1.12 Dios sabe que Job no lo
sirve por interés y, por eso, acepta el desafío. De ahora en adelante, el honor
de Dios estará en las manos de Job, aunque él mismo no lo sepa.} 13 Un día
aconteció que sus hijos e hijas comían y bebían vino en casa de su hermano el
primogénito, 14 y vino un mensajero a Job y le dijo: —Estaban arando los bueyes
y las asnas pacían cerca de ellos; 15 de pronto nos asaltaron los sabeos {1.15
Sabeos: tribus nómadas de Arabia, que hacían incursiones robando y matando.} y
se los llevaron, y mataron a los criados a filo de espada. Solamente escapé yo
para darte la noticia. 16 Aún estaba este hablando, cuando vino otro, que dijo:
—Fuego de Dios cayó del cielo y quemó a ovejas y a pastores, y los consumió.
Solamente escapé yo para darte la noticia. 17 Aún estaba este hablando, cuando
vino otro, que dijo: —Tres escuadrones de caldeos {1.17 Caldeos: pueblo semita
radicado al sur de Mesopotamia. Véanse Gn 11.28 n. e Índice de mapas. } arremetieron
contra los camellos y se los llevaron, y mataron a los criados a filo de
espada. Solamente escapé yo para darte la noticia. 18 Entre tanto que este
hablaba, vino otro, que dijo: —Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y
bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito, 19 cuando un gran viento se
levantó del lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, la cual
cayó sobre los jóvenes, y murieron. Solamente escapé yo para darte la noticia.
20 Entonces Job se levantó, rasgó su manto y se rasuró {1.20 Rasgarse el manto
(la ropa) y raparse la cabeza eran señal de dolor. Cf. Gn
37.34; 2 S 1.11; Jer 7.29.} la
cabeza; luego, postrado en tierra, adoró 21 y dijo: «Desnudo salí del vientre
de mi madre y desnudo volveré allá. {1.21 Cf. Sal 49.17; Ec
5.15; 1 Ti 6.7.} Jehová dio y Jehová quitó: ¡Bendito sea el nombre de Jehová!».
22 En todo esto no pecó Job ni atribuyó a Dios despropósito alguno. {1.20-22 La
total sumisión a la voluntad divina, aun en medio de los peores sufrimientos,
ha hecho de Job el prototipo del hombre paciente (Stg
5.11). Al final del largo debate poético
(40.3–5; 42.1–6) mostrará una actitud semejante, pero solo después de haber
pasado por una profunda crisis. Véase la Introducción a Job.}]
2:1 Otro
día acudieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, y entre ellos
vino también Satanás para presentarse delante de Jehová. 2 Dijo Jehová a
Satanás:
—¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a
Jehová, dijo: —De rodear la tierra y andar por ella. 3 Jehová dijo a Satanás: —¿No te has fijado en mi siervo Job, que no hay otro como él
en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?
¡Todavía mantiene su integridad, a pesar de que tú me incitaste contra él para
que lo arruinara sin causa! 4 Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: —Piel por
piel, todo lo que el hombre tiene lo dará por su vida. 5 Pero extiende tu mano,
toca su hueso y su carne, y verás si no blasfema {2.5 Blasfema: Véase Job 1.5
nota f. } contra
ti en tu misma presencia. {2.4-5 Satanás sigue sospechando que la piedad de Job
no es desinteresada. Por eso vuelve a la carga y lanza a Dios un nuevo desafío
(cf. Job 1.9–11).} 6 Dijo Jehová a Satanás: —Él está
en tus manos; pero guarda su vida. 7 Salió entonces Satanás de la presencia de
Jehová {2.7 Salió entonces Satanás de la presencia de Jehová: Esta es la última
escena en la corte celestial. Todo lo que sucederá después, incluida la
revelación final de Dios (caps. 38–41), va a
transcurrir en la tierra.} e hirió a Job con una llaga
maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. {2.7 Las
afecciones en la piel, especialmente las más repulsivas, obligaban al enfermo a
mantenerse aislado de las demás personas (cf. Lv 13). } 8 Y Job,
sentado en medio de ceniza, tomaba un trozo de tiesto y se rascaba con él. 9
Entonces le dijo su mujer: —¿Aún te mantienes en tu
integridad? ¡Maldice {2.9 Maldice: Véase 1.5 nota f.
Al maldecir a Dios, este le enviaría una muerte
pronta.} a Dios y muérete! 10 Él le dijo: —Como suele
hablar cualquier mujer insensata, {2.10 Como suele hablar cualquier mujer
insensata: es decir, con razonamientos propios de una persona impía (cf. 1 S 25.25; Sal 10.4; 14.1; Pr
1.7)} así has hablado. ¿Pues qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo
recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios.
Hebreos
1:1-4, 2:5-12
1 Dios,
habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres
{1.1 A los padres: las generaciones anteriores del pueblo hebreo, en tiempos
del AT. } por
los profetas, {1.1 Profetas: en general, los autores del AT.} 2 en estos
últimos días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo y
por quien asimismo hizo el universo. 3 Él, que es el resplandor {1.3
Resplandor: Cf. Jn 1.4–9, 14} de su gloria, la imagen
misma de su sustancia y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su
poder, {1.2-3 Así como en Jn 1.1–3, 14–18; 1 Co 8.6; Col 1.15–17, el Hijo de Dios, por medio de quien
Dios hizo el universo (v. 2) y quien sostiene todas las cosas, es el que ahora
nos ha hablado para darnos la revelación de Dios. Véase Jn
1.1 n.} habiendo efectuado la purificación de nuestros
pecados {1.3 Purificación de nuestros pecados: referencia a la obra sacerdotal
de Cristo, tema que será tratado más a fondo en Heb
9.11–10.18. } por
medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, {1.3 A
la diestra de la Majestad en las alturas: manera establecida de referirse al
Cristo exaltado y glorificado (Mc 14.62; Lc 22.69; Hch 2.33), basada en
Sal 110.1. Véase 1.13 n., y cf. también 8.1; 10.12;
12.2. } 4 hecho tanto superior a los
ángeles cuanto que heredó más excelente nombre que ellos. {1.4 El nombre del
Hijo de Dios: Cf. 1.2, 5}
[5¿A cuál de los ángeles dijo Dios jamás: {1.5-14 El autor
cita una serie de siete pasajes del AT, considerados como profecías mesiánicas,
para demostrar que Jesucristo es superior a los ángeles y a la creación
entera.} «Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy», {1.5 Sal 2.7; esta cita,
que se refería originalmente a la coronación de un rey israelita sucesor de
David, se aplica en el NT al Mesías (cf. Hch 13.33). En el salmo se usa una fórmula de adopción en
la que el rey, al ser coronado, era reconocido como hijo de Dios.} ni tampoco: «Yo seré un padre para él, y él será un hijo
para mí»? {1.5 2 S 7.14; 1 Cr 17.13} 6 Y otra vez,
cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: «Adórenlo todos los ángeles
de Dios». {1.6 El autor combina aquí Dt 32.43 y Sal
97.7, según la versión griega (LXX)} 7 Y ciertamente, hablando de los ángeles
dice: «El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego».
{1.7 Sal 104.4 (gr.); véase Heb 1.14 nota q} 8 Pero
del Hijo dice: «Tu trono, Dios, por los siglos de los siglos. Cetro de equidad
es el cetro de tu Reino. 9 Has amado la justicia y odiado la maldad, por lo
cual te ungió Dios, el Dios tuyo, {1.9 Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo:
otra posible traducción: por eso, Dios, tu Dios te ha escogido} con óleo de
alegría {1.9 Con óleo de alegría: expresión que aparece en el texto hebreo de Is 61.3 (cf. Sal 23.5)} más que a
tus compañeros». {1.8-9 Sal 45.6–7} 10 También dice: «Tú, Señor, en el
principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. 11 Ellos perecerán, mas tú permaneces. Todos
ellos se envejecerán como una vestidura; 12 como un vestido los envolverás, y
serán mudados. Pero tú eres el mismo, y tus años no acabarán». {1.10-12 Sal
102.25–27 (gr.). El título Señor, que en el salmo se refiere a Dios, se aplica
aquí al Hijo de Dios en su función creadora (v. 2)} 13 ¿A cuál de los ángeles
dijo Dios jamás: «Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por
estrado de tus pies»? {1.13 Sal 110.1. Este salmo, que se cita también en Heb 5.6, 10; 7.17, 21, era considerado por los judíos como
alusivo al Mesías, y así lo usaron Jesús (Mt 22.44 y
paralelos) y los apóstoles (Hch 2.33–35; 1 Co 15.25; Ef 1.20). Véase 1.3
nota f} 14 ¿No son todos espíritus ministradores, {1.14 Espíritus
ministradores: es decir, Espíritus al servicio de Dios; cf.
Sal 34.7; 91.11; Mt 4.11; Lc
1.19} enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la
salvación? {1.14 Salvación: El autor vuelve a este tema en Heb
2.3–4, 10, 14–18; 5.9, y trata de la obra salvadora de Jesús especialmente en
los caps. 7–10.
} Una salvación tan grande ]
2:1 Por
tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos
oído, no sea que nos deslicemos. 2 Porque si la palabra dicha por medio de los
ángeles {2.2 Por medio de los ángeles: Véase Hch 7.53
n., y cf. Gl 3.19} fue
firme y toda transgresión y desobediencia recibió
justa retribución, {2.2 Justa retribución: Cf. Heb
3.16–19; 10.28, 30–31} 3 ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación
tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue
confirmada por los que oyeron, {2.3 Cf. Mc 1.14–15 y
paralelos. } 4 testificando Dios
juntamente con ellos, con señales, prodigios, diversos milagros y repartimientos
del Espíritu Santo {2.4 Cf. 1 Co 12.4, 11} según su
voluntad. El autor de la salvación. 5 Dios no sujetó a los ángeles el mundo
venidero, acerca del cual estamos hablando. 6 Al contrario, alguien testificó
en cierto lugar, diciendo: «¿Qué es el hombre para que
te acuerdes de él, el ser humano para que lo visites? 7 Lo hiciste un poco menor que los ángeles, lo coronaste de
gloria y de honra y lo pusiste sobre las obras de tus manos. {2.7 En diversos ms. no aparece: Y le pusiste sobre las obras de tus manos.}
8 Todo lo sujetaste bajo sus pies». {2.6-8 Se cita el Sal 8.4–6, pasaje que
habla de la dignidad del ser humano, aplicado aquí a Cristo.} En cuanto le
sujetó todas las cosas, nada dejó que no le sea sujeto, aunque todavía no vemos
que todas las cosas le sean sujetas. 9 Pero vemos a aquel que fue hecho un poco
menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra a causa del
padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios experimentara la
muerte por todos. {2.9 Para que por la gracia... por todos: Mt
20.28; Mc 10.45; Ef 1.7; Flp 2.6–11; 1 Ti 2.6; Tit 2.14; Heb 12.2} 10 Convenía a aquel por cuya causa existen todas
las cosas y por quien todas las cosas subsisten que, habiendo de llevar muchos
hijos a la gloria, perfeccionara {2.10 Perfeccionara: tema sobresaliente en Heb (5.8–10; 7.19, 28; 9.9; 10.1, 14; 11.40; 12.23)} por
medio de las aflicciones al autor de la salvación de ellos, {2.10 Al autor de
la salvación de ellos: es decir, el Salvador; el mismo término griego se aplica
a Cristo también en Hch 3.15; 5.31; Heb 12.2. } 11
porque el que santifica {2.11 El que santifica: es decir, el Hijo de Dios.} y
los que son santificados, de uno son todos; {2.11 De uno son todos: es decir,
del mismo Padre; otra posible traducción: del mismo origen (lit.
de uno)} por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, {2.11 Mc 3.35; Jn 20.17} 12 diciendo:
«Anunciaré a mis hermanos tu nombre, en medio de la congregación te
alabaré».{2.12 Sal 22.22; todo este salmo era considerado como profecía acerca
del Mesías.}
Marcos
10:2-16
2 Se acercaron los fariseos y le preguntaron, para
tentarlo, si era lícito al marido repudiar a su mujer. {10.2 Había
diferentes interpretaciones de la ley sobre el divorcio; véase Mt 19.3 c
19.3 La pregunta gira en torno a la división que había entre los rabinos
judíos respecto a la interpretación de la Ley de Dt
24.1: los seguidores del rabino Shammai eran muy
estrictos y permitían el divorcio únicamente en caso de adulterio; los
seguidores de Hillel lo permitían por varios motivos,
incluso por algunos bastante leves. DT. 24:1»Cuando alguien toma una
mujer y se casa con ella, si no le agrada por haber hallado en ella alguna cosa
indecente, le escribirá carta de divorcio, se la entregará en la mano y la
despedirá de su casa. } 3 Él, respondiendo, les dijo: —¿Qué os mandó Moisés? 4 Ellos dijeron: —Moisés permitió dar
carta de divorcio y repudiarla. {10.4 Dt 24.1–4; Mt 5.31} 5 Respondiendo Jesús, les dijo: — Por la dureza
de vuestro corazón os escribió este mandamiento; 6 pero
al principio de la creación, hombre y mujer los hizo Dios. {10.6 Gn 1.27; 5.2} 7 Por esto dejará el hombre a su padre y a su
madre, y se unirá a su mujer, 8 y los dos serán una sola carne; así que no son
ya más dos, sino uno. {10.7-8 Gn 2.24} 9 Por tanto,
lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. 10 En casa volvieron los discípulos
a preguntarle sobre lo mismo, 11 y les dijo: —Cualquiera que repudia a su mujer
y se casa con otra, comete adulterio contra ella; 12 y si la mujer repudia a su
marido y se casa con otro, comete adulterio. {10.11-12 Mt
5.32; 19.9; Lc 16.18; 1 Co
7.10–11. Este evangelio, que parece haber sido dirigido a lectores romanos o
que vivían bajo las leyes de Roma, incluye el caso de una mujer que se divorcia
de su esposo, lo cual era permitido por la ley romana pero no por la ley
mosaica.} 13 Le presentaban niños para que los tocara, pero los discípulos
reprendían a los que los presentaban. {10.13 Diversos ms.
dicen: y los discípulos los reprendían.} 14 Viéndolo Jesús, se indignó y les
dijo: —Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales
es el reino de Dios. {10.14 El valor religioso de los niños en la sociedad
judía era incluso menor que el de las mujeres.} 15 De cierto os digo que el que
no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. {10.15 Sobre ser
como un niño, véase Mt 18.3 n.} 16 Y tomándolos en
los brazos, ponía las manos sobre ellos y los bendecía.
Juicio,
confianza, escudriñar, juzgar, Misericordia (Salmo); Job [un hombre perfecto
y recto, temeroso de Dios y apartado del mal], Ángeles, Satanás, Maldecir, Bendecir (Job); DIOS
hablando a través de Su Hijo, Jesús “el resplandor de la Gloria de DIOS”, no
deslizarnos de Su Mensaje (Hebreos);
Divorcio, hombres y mujeres; Ley, Fariseos, Reino de DIOS: niños
(Marcos.)
¿Qué
quiere DIOS enseñarnos hoy? ¿Habrá
alguna enseñanza eterna en Su Palabra para nosotros hoy? ¿Habrá alguna Palabra de Fe, que edifique Su
Iglesia hoy? ¿Habrá Palabra de Vida para
nosotros hoy, que vivimos en una sociedad que está “al revés?”
MENSAJE
De la
lectura de estos pasajes bíblicos para hoy surgen una serie de conceptos y
palabras claves que nos obligan a hacernos la pregunta: ¿De qué nos estamos
divorciando, deslizando, apartándonos,
nosotros hoy? ¿Cuál será el
peligro del cual DIOS quiere advertirnos hoy?
¿Qué querrá DIOS que anuncie Su Atalaya hoy?
Veamos el tema relacionado
con “el acusador.” Hay un enemigo que
nos acusa, que nos hace la vida imposible, difícil. Uno que nos atormenta y quiere destruirnos,
matarnos. Pero, (recuerden que DIOS
siempre provee Su Gracia) hay UNO mayor que él, que quiere que tengamos una
vida abundante de gozo y paz.
{Anécdota
“LA JAULA”}
Hubo una vez un predicador de nombre George
Thomas, en un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra. En cierta ocasión, durante el sermón puso en
el centro del altar una jaula de pájaros vieja, rota y sucia. Todos los allí reunidos se quedaron
sorprendidos y murmuraban entre ellos.
Imaginándose sus comentarios, el predicador habló de esta manera: "Ayer cuando
caminaba por el pueblo observé a un muchachito que se dirigía hacia mí con una
jaula moviéndola de un lado a otro. En
su interior había tres pajaritos, temblorosos con frío y miedo. Detuve al muchachito y le pregunté: ¿Qué
llevas allí niño? "Solo unos
pájaros viejos" me respondió.
"¿Qué vas a hacer con ellos? Le pregunté. "Los voy a llevar a
casa y pienso divertirme un poco con ellos.
Les voy a molestar, arrancarles las plumas, hacerles pelear entre ellos.
Espero divertirme y pasarlo muy bien," fue su respuesta. "Pero tarde o temprano te cansarás de
esos pajaritos, verdad?" le dije. "Oh, no; yo
tengo unos gatos y a ellos les gustan los pajaritos. Cuando me canse, se los
echaré a ellos," respondió el muchacho.
El Predicador guardó silencio por un momento y luego le preguntó: “¿Por
cuánto me vendes esos pajaritos, muchacho?
"¡¡??UH??!!!! ¿Por qué le interesan a usted estos pájaros? Son
únicamente unos pájaros viejos, no cantan y ni siquiera son lindos."
"¿Cuánto?" Volvió a preguntar
el predicador. El muchachito miró al hombre pensado si se habría vuelto loco y
entonces le pidió $10.00 dólares. El
predicador sacó 10 dólares de su bolsillo y se los entregó. Tan pronto recibió
el dinero, el muchacho desapareció. El
Predicador levantó la jaula con cariño y cuidado. La llevó a un pequeño parque
donde había árboles y frutas. Abrió la
jaula y dando unos suaves golpes hizo que los pájaros volaran libremente. Esta era la razón por la cual la jaula estaba
vacía sobre el Altar. El predicador
continuó diciéndoles: Un día Jesús y el Acusador (“has Satán”) se pusieron a conversar. El Acusador acababa de llegar del Jardín del
Edén, y se notaba que estaba contento y alegre. "Si, Señor, acabo de
apoderarme del Mundo entero con toda su gente. Les tendí una trampa. Utilicé
una carnada que yo sabía que no la iban a poder resistir. ¡Los
ATRAPE!" “¿Qué vas a hacer con toda
esa gente?" Le preguntó Jesús.
Satanás le respondió:
“¡Oh, voy a divertirme! Les voy a
enseñar a casarse y divorciarse. Que se odien y abusen unos de otros, Les
enseñaré a beber, fumar y maldecir. Les voy a enseñar
cómo fabricar armas y bombas para que se maten entre ellos. ¡Sí que voy a divertirme!" "¿Y que harás luego con ellos después
de todo eso?" Le preguntó Jesús.
"Oh, matarlos," respondió Satanás
sin remordimiento alguno.
"¿Cuánto quieres por ellos?" Le preguntó Jesús.
Satanás le respondió: "Oh, no, Tú no quieres esa
gentuza. ¡No sirven para nada! Si los
recoges sólo te odiarán. Te escupirán en la cara, maldecirán Tu nombre y acabarán
matándote. ¡Créeme no vale la
pena!" “¿Cuánto?" Volvió a
preguntar Jesús. El Diablo miró a Jesús
con odio, astucia y malicia le respondió: “¡Toda tu sangre, tus lágrimas y TU
vida!"
Jesús le contestó: “¡HECHO!” Y pagó el precio.
El Predicador levantó la jaula en
alto, abrió la puertita y se marchó sin pronunciar más palabras.
“Si el hijo os libertare sereis
verdaderamente Libres.” San Juan 8:36
¡RECUÉRDALO TU ERES LIBRE! ¡SIGUE
ADELANTE! En gozo y en victoria.
LLAMADO
Ustedes me van a perdonar, pero creo
que La Palabra de DIOS es clara y precisa.
DIOS nos ha hablado a través de Su Hijo, Jesucristo, de la única manera
en que podíamos escucharlo: no con argumentos filosóficos, religiosos,
políticos, económicos, sino con la poderosa acción redentora de morir en una
cruz por nosotros, pecadores, que no merecíamos la salvación que Jesús ganó
para nosotros (as). Él pagó un precio
muy alto para que nosotros (as) podamos tener vida eterna, abundante,
fructífera. ¿Cuál será nuestra
respuesta? ¿Seguiremos viviendo vidas
apegadas a los placeres del mundo, pero divorciadas de DIOS? ¿O responderemos con corazones agradecidos,
arrepentidos y llenos de esperanza en DIOS?
La
educación puede pulir al ser humano, pero solo la Sangre de Cristo puede
salvarlo. Cristo nos abre Su Puerta para salir a descansar sobre pastos verdes. Es hora de buscar a DIOS. Vamos a la Mesa del Señor...
NOTAS:
Marcos
10:2-12 El matrimonio y el reino de Dios (ver Mat. 19:1–15; cf.
Luc. 16:18; 18:15–17). El costo del reino es grande, aun en la esfera de
las relaciones humanas más estrechas. Moisés puede haber permitido el divorcio
por la dureza del corazón humano (el fracaso en comprender el propósito de Dios
en el matrimonio), pero Jesús aclaró que el reino de Dios demanda una lealtad
de por vida a un cónyuge y lo vio como involucrado en el plan de Dios para la
creación. Esto es tan costoso que, según Mat., los discípulos decían que sería
mejor quedarse soltero que encararlo. Tanto aquí como en Mat., Jesús dijo que
la persona que se vuelve a casar después de un divorcio (sea por parte del
esposo o de la esposa) sencillamente adultera desde el punto de vista del reino
de Dios (11, 12). Podemos imaginarnos lo radical que sería una expresión como
ésta en la atmósfera moralmente relajada de Roma, al igual que lo es en la
atmósfera moralmente relajada de nuestros días donde las normas morales se
están quebrantando. Es cierto que en Mat. parece surgir una excepción en el
caso del adulterio, pero Mar. lo declara en su forma más rígida. Es posible que
esto era lo que hacía falta en la Roma de los
gentiles.
En contraste con esta severidad,
Marcos agrega aquí un relato tierno del interés cariñoso de Jesús para con los
niños pequeños. Este es el otro lado de las palabras severas acerca de la santidad
del matrimonio. Los niños, después de todo, son los que más sufren ante el
divorcio. Pero queda otra verdad acerca del reino de Dios: solamente aquellos
que lo reciben con la sencillez y confianza de los niños pueden entrar a él.
Esta es una de las pocas ocasiones en que Marcos indica que Jesús se
indignó, y es interesante ver la causa. Podríamos haber pensado que otros
asuntos pudieran ser de mayor importancia que el bienestar de la niñez, pero
Jesús los valorizó y con frecuencia usó a la niñez como ejemplo para nosotros.
Posiblemente, por esta razón la palabra “niñez” se usa en ocasiones con el
significado de “creyentes sencillos” en los Evangelios.
Hebreos 1:1-4 La Palabra
Final de Dios
Vivimos en un mundo donde mucha gente duda de que
Dios pueda ser conocido y donde hay muchas filosofías y criterios religiosos en
conflicto. Aun entre los cristianos practicantes, a veces se pretende tener
nuevas revelaciones que contradicen o declaran ir más allá de la Escritura. Sin
embargo, Heb. no deja lugar a dudas en cuanto al
hecho de que Dios ha hablado decisivamente a Israel por los profetas,
y que ha revelado plena y definitivamente su personalidad y voluntad por el
Hijo (vv. 1, 2). La revelación del AT llegó muchas
veces a lo largo de la historia de Israel y de muchas maneras, como
por sueños, visiones y mensajes angelicales. Pero la revelación concluyente ha
venido en estos últimos días de la historia humana por medio de
Jesucristo. El autor proseguirá sugiriendo que el AT fue una preparación y un
fundamento para esta revelación definitiva (p. ej.
8:5; 10:1). En verdad, Dios continúa hablando, por medio de las Escrituras del
AT, a los cristianos en toda una gama de circunstancias (p. ej.
3:7–11; 12:5, 6). Sin embargo, para enfatizar el carácter final de la revelación
por medio de Jesucristo, el autor señala su insuperable grandeza como Hijo de
Dios.
Como quien ha estado con Dios desde el principio, él
fue el único por medio de quien Dios hizo el universo (gr. “edades”, “mundos”, que se usa de
modo similar para todo el universo de espacio y tiempo en 11:3). Además, el
Hijo ha sido designado para poseer y gobernar sobre todo lo que originalmente
era un instrumento para la creación: es heredero de todo (v. 2, cf. Sal. 2:7, l). Aunque muchos niegan su autoridad
y siguen rechazándole, finalmente él debe triunfar. Como el resplandor de su
gloria (de Dios) y la expresión exacta de su naturaleza, el Hijo
revela en su persona, no sólo en sus palabras, cómo es realmente Dios (v. 3).
Continúa sustentando la creación y ordena los hechos de la historia por la
misma palabra de su poder que en un principio hizo que todo existiera
(v. 3).
Dado que el objeto de la revelación divina siempre
ha sido la comunión entre Dios y los seres humanos, Heb.
pronto deja en claro que el papel del Hijo es el de proveer la purificación
de nuestros pecados (v. 3). Esto anticipa el argumento de 2:14–18 y pasajes
posteriores, que hablan de la necesidad de que el Hijo compartiera plenamente
nuestra humanidad, sufriendo y muriendo, de modo que pudiera cumplir el papel
de sumo sacerdote haciendo la expiación de nuestros pecados. En otros términos,
la palabra final de Dios para nosotros no es simplemente la perfecta revelación
de su personalidad en Jesucristo sino también su obra salvadora, haciendo posible
que disfrutemos de todo lo que ha sido prometido por Dios a su pueblo en
estos últimos días.
La secuela de su obra expiatoria
fue su acto de sentarse a la diestra de la Majestad en las alturas (cf. Sal. 110:1). La entronización celestial del Hijo
de Dios es tan significativa que Heb. aquí no
menciona la resurrección y la ascensión que la hicieron posible. Más bien,
cuando la introducción llega a su conclusión, el autor indica que ha de extraer
las implicaciones de esa entronización. Establecerá la absoluta superioridad
del Hijo sobre los ángeles, o sea los seres sobrenaturales que en Israel se
consideraban como los más cercanos a Dios (v. 4).
Hebreos 2:5-14 La humillación y exaltación del Hijo
Habiendo indicado que el mensaje del Hijo se refiere
a la salvación, el autor prosigue en esta sección explicando cómo fue alcanzada
la salvación y qué significa para nosotros. El tema de la entronización de
Cristo y su dominio celestial se toma de nuevo y se nos muestra por qué el Hijo
por un tiempo tenía que ser menor que los ángeles antes de ser coronado de
gloria y de honra. El Sal. 8:4–6 es el texto clave, aunque se usan otras
tres citas del AT como apoyo (cf. 2:12, 13).
Jesús es el hombre que “cumple” el Sal. 8, padeciendo la muerte y siendo
exaltado a la diestra de Dios. Luego Heb. analiza las
implicaciones de este “perfeccionamiento” de Cristo para nosotros (2:10–16). El
Hijo tuvo que compartir nuestra humanidad, sufrir y morir, para que pudiéramos
compartir su gloria. En 2:17, 19 esta enseñanza vuelve a expresarse haciendo
referencia al llamado al Hijo para ser “un sumo sacerdote misericordioso y
fiel”.
5 El mundo venidero recuerda la esperanza de Israel de una era
futura de gloria, involucrando la renovación de la creación o el
establecimiento de “nuevos cielos y nueva tierra” (p. ej.
Isa. 65:17–25), a veces asociado específicamente con la obra del Mesías (p. ej. Isa. 11:1–9). En otra parte, Heb.
habla sobre el prometido “descanso” de Dios (4:1–11), la esperanza de “una
patria mejor” (11:16) o “una ciudad permanente” (13:14). Estas diversas
imágenes se usan para describir el nuevo orden mundial, que estará sujeto al
Hijo de Dios y no … a los ángeles (cf. 1:13). Sin embargo, Heb.
da a entender que la edad venidera ya ha sido establecida por la entronización
de Cristo a la diestra de Dios. Sus beneficios son experimentados por
adelantado por los creyentes (p. ej. 2:4; 6:4–6;
12:22–24), mientras esperan el regreso de Cristo para introducirlos al pleno
gozo de la salvación que ya ha ganado para ellos (p. ej.
9:28; 10:36–39).
6–8 El Sal. 8:4–6 se cita para explicar cómo el Hijo obtuvo el dominio
mesiánico. En su contexto original, estos versículos celebran la posición
exaltada de los seres humanos en la creación de Dios. Sin embargo, el salmista
habla en términos ideales, dado que el pecado, la muerte y el demonio nos
impiden ejercer el dominio en este mundo como Dios quería (cf.
Gén 1:26–31 y 3:13–19). El dominio completo se
promete al Mesías en el Sal. 110:1 y Heb. toma ese
pasaje como una clave para el significado definitivo y la aplicación del Sal.
8:4–6. El papel del Hijo es el de cumplir el destino de la raza humana. Pero
ahora no vemos todavía todas las cosas sujetas a él. ¿Cómo podemos estar
seguros de que el mundo venidero le estará sujeto?
9 El autor usa por poco tiempo fue hecho menor que los ángeles
como una referencia de la humillación del Hijo de Dios, experimentada cuando
vino a compartir plenamente nuestra humanidad (cf.
2:14–18). Note la introducción del nombre humano Jesús en este punto
del argumento. Coronado de gloria y honra se refiere a la exaltación
celestial que él experimentó por el padecimiento de la muerte. La
ascensión del Mesías crucificado a la diestra de Dios es la certeza de que Dios
finalmente someterá todas las cosas “debajo de sus pies”. La muerte fue el
camino para esa gloria para él pero, por la gracia de Dios, también es
el medio de salvación para nosotros. Los versículos siguientes continúan con la
explicación de lo que significa para él que gustase (experimentara) la
muerte por todos.
10 El plan de Dios para la humanidad fue cumplido por medio de un
hombre, Jesucristo (cf. Rom.
5:12–21). Aquello convenía a Dios en grado sumo, como quien había creado
todas las cosas para sus propios propósitos, pues así podía conducir a
muchos hijos a la gloria. Jesús es la cabeza de una gran multitud,
destinada a compartir su honor y gloria. Se los designa de diversas maneras en
este pasaje como hijos (vv. 10, 13), hermanos
(vv. 11, 12) y descendencia de Abraham (v.
16). Jesús es el Autor (gr. como en 12:2) de la salvación, o
quizá más adecuadamente “el pionero” (Besson, “jefe”;
BJ, “el que iba a guiarlos”). Ciertamente realizó algo único en beneficio de
otros (v. 9) y es llamado correctamente “Autor de eterna salvación” en 5:9.
Pero el escritor también quiere subrayar que en algunos aspectos Jesús es el
líder que actuó como quien abre el camino para que otros sigan (cf. 6:20; 12:1–3). Tres veces se nos dice que fue
hecho perfecto (gr. 5:9; 7:28). No ha habido aspecto en el cual él haya
sido moralmente imperfecto, pero por medio de su sufrimiento y tentación, su
muerte y exaltación celestial, fue “calificado” o “hecho plenamente adecuado”
como salvador de su pueblo. Las implicaciones de esta profunda enseñanza se
clarificarán a medida que progresa la argumentación.
11–13 Como salvador “perfeccionado”, Jesús santifica
o “consagra” un pueblo para Dios (cf. 10:10,
14, 29; 13:12). Heb. usa tres pasajes del AT para
mostrar cómo ocurre esto. El Sal. 22:22 habla sobre la proclamación de la
liberación de Dios por alguien que había experimentado terribles sufrimientos y
rechazo. Estas palabras se aplican en grado sumo a Jesús como Señor resucitado
y ascendido, proclamando la victoria alcanzada por medio de su muerte. Al
hacerlo, reúne a su alrededor y sostiene la congregación o iglesia de
sus hermanos espirituales (v. 12). Isa. 8:16–18 habla acerca de Isaías y sus
discípulos como unidos por su confianza en Dios, por lo que se convierten en
señales y símbolos al Israel incrédulo. Heb. toma una
frase de Isa. 8:17 (Yo pondré mi confianza en él) como un indicador de
la fiel confianza de Jesús en el Padre para cumplir su ministerio terrenal (v.
13). Isa. 8:18 se usa entonces para identificar a la iglesia como los hijos
dados a Jesús por Dios. Su perseverancia en la fe, aun al extremo de la muerte,
hace posible que ellos tengan fe. La fe unifica a la familia de Cristo en uno.