Reacción de los padres a la situación de tener un hijo con necesidades especiales.
Por: José M. Alvarez (Manolo)
www.manolo.net
Cuando los padres llegan a saber que su niño tiene una necesidad especial, comienza una jornada en
su vida que muy a menudo esta llena de emociones fuertes,
alternativas difíciles, interacciones con profesionales y
especialistas diferentes, y una necesidad continua de búsqueda de
información y servicios.
Al comienzo, los padres pueden sentirse aislados y solos, y
puede ser que no sepan donde comenzar su búsqueda de
información, asistencia, entendimiento y apoyo.
Cuando los padres llegan a saber acerca de alguna dificultad o
problema en el desarrollo de su niño, esta noticia llega como
un golpe tremendo.
Reacciones más Comunes
Al saber que su niño puede tener una necesidad
especial, la mayoría de los padres reaccionan en formas que han sido
compartidas por todos los padres quienes antes que ellos también
han estado enfrentados con éste desafío
enorme. Una de las reacciones iniciales es la negación
"Esto no puede estar sucediendome a mi, a mi niño, a nuestra
familia."
La negación rápidamente se fusiona con el enojo, el cual puede
ser dirigido hacia el personal médico involucrado en proporcionar la
información acerca de la condición del niño. El enojo puede además
afectar la comunicación entre esposos o con los abuelos u otros
seres queridos de la familia. Pareciera que en las primeras etapas el
enojo es tan intenso que toca casi a todos, porque es reflejado por
sentimientos de dolor y una pérdida inexplicable con la cual uno no
sabe como tratar o explicar.
El miedo es otra respuesta inmediata. A menudo la gente teme
a lo desconocido mas que lo conocido. El tener un diagnóstico
completo y algún conocimiento de los prospectos futuros del niño
puede ser más fácil que la incertidumbre. Sin embargo, en cualquier
caso, el miedo al futuro es una emoción común:
¿Que va a suceder a este niño cuando tenga cinco años de edad, cuando tenga doce años de edad, cuando tenga veinte años de edad"?
¿"Que va a suceder a éste niño cuando yo no exista?"
Entonces se presentan otras preguntas:
"¿Aprenderá algún dia?
¿Irá a la universidad?
¿Tendrá la capacidad de amar, vivir, reirse, y hacer todas las
cosas que teníamos planificadas?"
Otros asuntos desconocidos también inspiran miedo. Los
padres temen que la condición del niño sea peor de lo que
posiblemente pudiera ser.
Uno espera lo peor. Vuelve a la memoria el recuerdo de
personas con necesidades especiales que uno ha conocido. A veces se
siente culpa por algún desaire cometido años atras hacia una persona
con necesidades especiales.
Existe también el miedo del rechazo de la sociedad, miedo
acerca de como los hermanos y hermanas seran afectados,
preguntas de si habra mas hermanos o hermanas en esta familia, y
preocupaciones acerca de si el esposo y la esposa
amaran a éste niño. Estos temores casi pueden paralizar a algunos
padres.
Entonces hay culpabilidad y preocupación acerca de si los
mismos padres han causado el problema.
La falta de poder para cambiar lo que está sucediendo es muy
dificil de aceptar. En efecto, no se puede cambiar el hecho de que el
niño tiene una condición, y sin embargo los padres quieren sentirse
competentes y capaces de manejar las situaciones
de su propia vida. Es extremadamente dificil ser obligados a
depender de juicios, opiniones, y recomendaciones de otros.
Combina el problema con el hecho de que estos otros son
generalmente personas extrañas con las cuales ninguna atadura de
confianza ha sido establecida.
El rechazo es otra reacción que experimentan muchos padres.
El rechazo puede ser dirigido hacia el niño o hacia el personal
médico o hacia otros miembros de la familia.
No todos los padres pasan a través de éstas etapas, pero es
muy importante para los padres identificarse con todos los
sentimientos potencialmente penosos que pueden presentarse, de
modo que sabrón que ellos no están solos.
No podemos perder de perspectiva, que lo más importante en
este proceso, es el niño.
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