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Publicado: jueves, 18 de diciembre de 2003 |
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Alondra
con ímpetu de volar alto
Por Sandra Rodríguez Cotto
End.srodriguez@elnuevodia.com
José
Luis Cartagena y Grissel Rivera junto a sus hijos Alondra e Isaac.
Enid
M. Salgado - Especial |
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Nota de la redacción: Este caso fue referido
por la lectora Lerian M. Fuentes Mercado.
Alondra Cartagena vive en su mundo interior. Cuando
no está en su silla de ruedas, yace en su cama, con la mirada perdida.
Si tiene hambre o sueño, emite un gemido, parecido a un llanto y
así se hace sentir. Pero cuando se ríe, contagia con su sonrisa.
Sonrisa, que sus padres José Luis Cartagena
y Grissel Rivera nunca han visto, pero que la sienten cuando le acarician
la boca. Ambos son no videntes, al igual que su pequeña hija, de
tan sólo dos años de edad.
Para ellos, Alondra es como un ángel. Atenderla
de emergencia durante sus constantes enfermedades, o cuando le comienzan
las convulsiones, sería un reto para cualquier persona, aún
más para un matrimonio con limitaciones físicas. Sin embargo,
José Luis y Grissel agradecen a Dios todos los días por la
bendición de tener a Alondra.
"Ella es nuestro ángel. Nos ha fortalecido como
familia y como personas porque a pesar de sus condiciones, hemos salido
adelante", dijo José Luis.
Al momento de su nacimiento, Alondra sufrió
un derrame cerebral y el desprendimiento de dos de los ventrículos
del cerebro. Esto le provocó perlesía cerebral, condición
que se asocia con el retardo mental. Se le diagnosticó además
microcefalia (cerebro pequeño), un reflujo severo que degeneró
en esofagitis y retraso severo en el desarrollo. Alondra además
es epiléptica, sufre de ataques de asma y, como sus padres, es ciega.
"Alondra fue prematura. Pesaba tres libras cuando nació,
pero ha seguido luchando", dijo Grissel. "Gracias a Dios ha ido mejorando.
Ahora las citas médicas son de rutina pero ha estado internada en
intensivo muchas veces. El año pasado estuvo tres veces en intensivo,
dos por convulsiones y la otra por problemas respiratorios".
Esas constantes hospitalizaciones obligaron a la madre
a salir de su trabajo, al punto que usó todos los días que
tenía disponible en su licencia por enfermedad y por vacaciones.
Por eso, desde hace tres meses, Grissel no devenga un salario. Ella es
maestra de español y matemáticas para estudiantes de educación
especial en la escuela elemental Jesús María Quiñones
en Río Piedras.
José Luis también es maestro. Enseña
lectura y escritura Braile, para no videntes, en el centro "CAT"
de la Administración de Rehabilitación Vocacional.
"La situación económica se nos ha hecho
bien difícil. A uno no le gusta estar pidiendo ni dependiendo de
nadie. Para eso trabajamos. Los dos somos maestros. Pero a veces uno piensa
¿Cómo vamos a salir adelante?", dijo José Luis.
Hace un mes tuvieron a su segundo hijo, el bebé
Isaac.
Esto dificultó aún más sus necesidades
económicas ya que coincidió con una operación que
le hicieron a Alondra. A la niña le hicieron una gastrostomía,
por lo que se le administra el alimento por un tubo en el estómago.
Además, a la niña se le administran los
anticonvulsivos Topamax y Depaketh; los medicamentos para combatir el reflujo
Prevacid, Zantax y Reglam. Para sus problemas respiratorios usa Pulmocol
y para el asma, Singulair.
Todos esos medicamentos le cuestan a la familia un
promedio de $500 al mes, pero esa cantidad aumenta si Alondra se enferma.
"Tenemos plan médico, que es Cruz Azul, pero
el problema es que ya vencimos la cuota de $1,500 al año en medicamentos",
dijo José Luis.
Por el salario de ambos padres como maestros no cualifican
para beneficios del gobierno como el plan de la Reforma de Salud o el Programa
WIC. Hasta ahora han podido superar la crisis gracias a amistades y familiares,
quienes también llevan a la niña a las citas. Pero desde
que Grissel se quedó sin salario, la situación es peor.
"En vez de compar los pañales para un mes como
hacíamos antes, ahora nos limitamos y tenemos que comprar menos.
No tenemos ningún lujo. Todo es para Alondra", dijo el padre.
El Sueño de Navidad de Alondra es un aparato
que la asista a poder pararse, conocido como un "standing frame", que le
ayudará a evitar que sus músculos se sigan atrofiando. El
equipo está valorado en $3,000 y sus padres no pueden adquirirlo.
Este equipo es necesario para las terapias que Alondra
recibe en el Centro Educativo de Desarrollo Integral, en SER de Puerto
Rico y en la escuela Loaíza Cordero. Recibe terapias visuales, físicas,
ocupacionales y de lenguaje.
Necesita además pañales y pañitos
para limpiarla, conocidos como "Chubs" . Además, como se alimenta
mediante un tubo en el estómago, necesita suplementos como Pediasure.
"Hace dos semanas que estamos alternando y le damos a veces comida de bebé,
etapa dos", dijo Grissel.
La familia también tiene la necesidad de un
coche doble para poder sacar a Alondra y a su hermanito Isaac a las citas
médicas.
Pero más que nada, Alondra necesita ayuda económica
para poder conseguir los medicamentos que la mantienen con vida.
El cuadro médico de Alondra podría traumatizar
a cualquiera, pero para sus padres, es una bendición. Y gracias
a las terapias, la niña ha ido desarrollándose.
"Está más activa. Ya se vira boca abajo
y está empezando a decir mamá. Cada vez que lo dice, me emociono",
dijo Grissell.
"Pero también dice 'baba' que es papá
porque las nenas son de papá", dijo José Luis, quien considera
a Alondra como su razón de vivir.
Para detalles sobre cómo
ayudar a esta familia: escriba a suenodenavidad@elnuevodia.com,
oSr.
Víctor Soto. Tel. 593-1454 (vecino), 752-1453 (vecino), 752-5293
(papá Alondra), 635-2227 (papá Alondra).
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