Reproducción
El sistema reproductor de los dragones de Komodo es interno, es decir, que a simple vista no podemos identificar su sexo. Se tenía conocimiento acerca de la reproducción asexual en estos reptiles, pero no fue hasta mayo del 2006 que se confirma la partenogénesis en dos hembras cautivas en zoológicos ingleses. En su hábitat natural no es sino durante el verano, normalmente entre los meses de julio a agosto que los machos luchan entre sí por ganar una hembra.
Cuando se aparean, una sola copulación basta para lograr la fecundación. Una vez las hembras ponen sus huevos, tienen que protegerlos de sus semejantes, por tal razón, construye túneles bajo la arena que confunden a cualquier depredador. Son alrededor de 15 a 30 huevos aproximadamente que se incuban en un período de 8 a 9 meses rompiendo en los meses de marzo o abril.
El huevo de dragón de Komodo mide 8.6cm de largo, de diámetro 5.9cm y pesa 105gm. Los huevos están protegidos por un cascarón muy duro, que se va suavizando a través del tiempo para permitir que los dragones recién nacidos sean capaces de abrirlo de manera más fácil.
Una vez nacen tienen que arrastrarse hacia el árbol más cercano, donde se alimentarán de lagartijos, huevos, ratas, culebras e insectos hasta alcanzar su madurez,[1] esto para prevenir ser comidos por otros dragones. Estos jóvenes presentan una piel colorida, lo cual les ayuda grandemente a camuflarse. Miden entre 28-55cm y el peso promedio es de 80.3gm.