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=
(ΑΡΚΕΣΙΛΑΟΣ,
Arcesilas, Arcesilaus, Arkesilaos, o Arquesilas)
=
span>
=
span>

<=
/o:p>
Algunas exposiciones acerca de la filosofía de
Arcesilao de Pítana
|
COMIENZA FELI=
ZMENTE
LA "VIDA DE SÓCRATES" DE GIANNOZZO MANETTI, EN HONOR DE
ALFONSO, REY DE ARAGÓN (GIANNOZZII MANETTI PHILOSOPHI, AD ALPHON=
SUM,
ARAGONUM REGEM, INCIPIT FELICITER).
43. .... Y, a=
unque
tuviese tan valiosos y amplios conocimientos, sin embargo, siempre
confesaba que no sabía nada o, mejor, pregonaba, como si del may=
or
irónico se tratase, para decirlo más exactamente, que no
sabía nada excepto esto, que nada sabía. 44.
Arquésilas llevó después tan mal el que
Sócrates supiera solamente esto, que se atrevió a reprend=
erlo
como un profesor demasiado atrevido... (43. ... Et quamquam tanta ac tam multa cognoverit, semper tamen nihil s=
e scire
fatebatur; vel potius tanquam maximus quidam ironicus, ut expressius
dixerim, cuncta nisi hoc solum, quod nihil sciebat, se ignorare predica=
bat.
44. Id unum a Socrate scitum Arquesilas ita postea mole=
ste
tulit, ut tanquam professorem nimis audacem reprehendere ausus sit...).
|
|
Fue Carnéades a visitar a Arcesil=
ao,
enfermo de gota, y éste dijo a su visitante,
señalándose primero los pies y luego el pecho: “La =
enfermedad
no ha subido de ahí hasta aquí.”=
;
En tal frase hay más garbo que en la de Posidonio, porque Arcesi=
lao
reconoce su mal, mas no quiere que su corazón se doblegue a
él, mientras el otro se obstina en su vigor, a mi juicio, m&aacu=
te;s
verbal que esencial.
Montaigne: Ensayos completos, trad. de Jua=
n G.
Luaces, Barcelona: Ediciones Orbis, 1984, vol. 2, p. 140.
|
 =
;
|
Arcesilao. Biog. Filósofo
griego. n. en Pitana (Eolia) en 318 a. de J. C. y m. en 241 ó 23=
9. Versado
en gran número de conocimientos, pues estudió elocuencia,
matemáticas y poesía (Diógenes Laercio nos ha cons=
ervado
de él algunos epigramas), asistió en Atenas á las
explicaciones de filosofía de Teofrasto y Polemón. Fu&eac=
ute;
condiscípulo del estoico Zenón. La Academia estaba &aacut=
e;
punto de perecer cuando Arcesilao la realzó con su ingenio. (V.
Academia, párrafo VI, c.) Sus inmediatos predecesores
habían abandonado el método socrático en la
exposición de las ideas filosóficas, y Arcesilao encargaba
á sus discípulos manifestaran sus opiniones para contestar
á todas. Este método de enseñanza respondía
á la nueva orientación que imprimió á la
escuela. Rechazaba por igual el dogmatismo que hace el fondo del
platonismo, el peripatetismo, el estoicismo y el escepticismo pirronian=
o. Se
quedó en un término medio: el de lo probable y lo
verosímil en la apreciación del valor de nuestros
conocimientos. Despreciaba el fondo de todo conocimiento y sólo
atendía á la forma, tanto que el dicho de Sócrates
"Una sola cosa sé y es que no sé nada" lo
superó añadiendo que ni aun aquella única verdad d=
e la
nesciencia universal admitía. De aquí que combatiera todo
sistema de filosofía. Sobre todo dirigió los tiros de su =
fino
ingenio contra Zenón, al que acorralaba y venció en el
terreno de la dialéctica. Éste sentaba como criterio de
distinción, entre un conocimiento que encerraba verdad y uno ima=
ginario,
la representación verídica de un objeto que tuviera por b=
ase
la realidad. Tal afirmación, decía Arcesilao, es una
petición de principio, pues saber que una representación
está acorde con la realidad sólo puede hacerse en virtud =
de
otra, representación, regla de distinción entre lo
quimérico y lo real. Y ¿con qué garantía cu=
enta
la nueva representación para no ser del número de las ima=
gi-
[pág. 1292] narias? Zenón, pues, partía de =
una
base no demostrable por la dialéctica, pero ofrecida claramente =
en
la conciencia y por ella en la cuestión magna del valor del
conocimiento, en tanto que Arcesilao se quedaba sólo en lo
verosímil, único regulador del asenso del entendimiento
á los objetos de sus representaciones. Aun en esto daba
inconscientemente la razón al estoico, ya que lo verosímil
supone lo efectivamente verdadero ([pág. 1293] =
Enciclopedia
Universal Ilustrada Europeo-Americana,=
Madrid: Espasa-Calpe, 1980, vol. 5, pp. 1292-1293).
|
 =
;
Artículo acerca de la
Academia platónica, en el mismo Diccionario Enciclopédic=
o...,
véase:
A=
cademia
en el Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano / 1887
|
Desde la época de Arcesilao, quinto presid=
ente
de la escuela (año 241 a. de Cristo) hasta la de Carnéades
(año 129 a. de C.), la Academia se preocupó principalment=
e de
realizar una crítica destructiva contra el sensacionalismo
dogmático de los estoicos. De ahí la tradición, tan
antigua como que se origina (p. 12) en el siglo anterior a
Jesucristo, de que Arcesilao y sus seguidores (la llamada Nueva Academi=
a)
no fueron sino escépticos o "académicos" en el
sentido en que Hume adoptó el nombre. Esto no es totalmente verd=
ad.
Cuando se formó una escuela genuinamente escéptica en los
siglos ya más conocidos de nuestra era, sus miembros insisten en
rehusar el escepticismo de la Academia. Es cierto que, durante los sigl=
os primero
y segundo después de Cristo, hubo una intensa corriente de
platonismo popular que defendió las principales enseñanzas
positivas de Platón con las modificaciones introducidas en un
sentido aristotélico. Comprobamos esto en el llamado Timeo Lo=
cro,
el comentario fragmentario recientemente descubierto sobre el Teeteto, =
los
extensos textos que se encuentran en Eusebio pertenecientes a Át=
ico,
platónico del siglo segundo; la Introducción al Platon=
ismo
de Alcinoo, los ensayos de Plutarco y los discursos de Máximo de
Tiro, obras todas de este período. Es difícil comprender =
la
persistencia de esta tradición y la versación de un hombre
como Plutarco con las exégesis platónicas de
Xenócrates y Crantor, si (p. 13) creyéramos que la
Academia se había convertido en el hogar del escepticismo desde =
el
año 250 a. de C. Tal vez sea Cicerón quien nos revele la
realidad, en su Académica. En los primeros años del
siglo anterior a Jesucristo había el deliberado propósito=
de
interpretar el Estoicismo en sentido platónico, así como =
los
estoicos eminentes del mismo período, Panecio y Posidionio, trat=
aban
de interpretar a Platón en forma estoica. Antíoco de
Ascalón declaraba que Platón y Sócrates habí=
;an
enseñado las mismas doctrinas que Zenón, el fundador del
Estoicismo, aunque utilizando un lenguaje diferente, y que la
polémica de Arcesilao era por este motivo un alejamiento del
verdadero espíritu de la Academia. El jefe, en aquel entonces, d=
e la
Academia, Filón de Larissa, replicó negando que se hubiera
producido jamás un cambio real en la doctrina de la escuela;
Cicerón nos dice que la controversia causó gran
sensación.
Puesto que Platón negó siempre la
posibilidad de establecer una ciencia que se basara únicamente e=
n la
percepción de los sentidos, Filón estaba en lo justo y An=
tíoco
se equivocó en muchos aspectos; posiblemente Filón
tenía (p. 14) también razón al negar que al=
guna
vez se hubiera producido algún cambio material en las
enseñanzas de la Academia. Las afirmaciones de Antíoco er=
an
solamente un indicio del espíritu ecléctico de los tiempo=
s,
que se manifestaba igualmente en el platonismo de los estoicos Panecio y
Posidonio. También es muy probable que Arcesilao y sus sucesores=
no
continuaron consagrándose, como los primitivos académicos=
, a
las matemáticas y las ciencias físicas; pero esto no es s=
ino
una simple consecuencia de la separación entre
"filosofía" y "ciencia positiva", que tuvo l=
ugar
en el siglo tercero a. de C. En bien o en mal, los grandes institutos
alejandrinos para el fomento de las ciencias independientemente de las
escuelas filosóficas, divorciaron filosofía de las
matemáticas y cosmología y redujeron la metafísica
simplemente a la "epistemología" (p. 15 [Alfred
Edward Taylor: El platonismo y su influencia, trad. de Lu=
is
Farré, Buenos Aires: Editorial Nova, 1946, pp=
.
12, 13, 14, 15]).
|

|
V. -- La Nueva
Academia del siglo III: ARCESILAO
La =
cadena
de oro de los dirigentes de la Academia, después de
Jenócrates, Polemón y Crates, se continúa con
Arcesilao de Pitana (Eólida), quien dirigió la escuela de=
sde
el 268 al 241, fecha en que murió, a los 75 años de edad.=
De
él parte un nuevo impulso, y la corriente de ideas que cre&oacut=
e; permanecerá
viva hasta la mitad del siglo I antes de nuestra era, en que se transfo=
ma y
extingue. Esta es la época de la nueva Academia.
Se
distingue ésta, ante todo, por una reacción muy viva cont=
ra
los nuevos dogmatismos, contra esas concepciones de conjunto del univer=
so
que se presentan como condición de la sabiduría, contra l=
as
pretendidas certezas de que han nacido. El académico no es, como=
los
que acabamos de estudiar, un hombre que se retire en soledad
desdeñosa e indiferente; es combativo; ataca y persigue al
adversario; lejos de dejar caer la dialéctica, se sirve de ella
continuamente para derribar el dogmatismo.
Para
comprender bien su doctrina nos haría falta conocer mejor hasta
qué punto el medio de la Academia, con sus tradiciones,
permanecía diferente de las nuevas escuelas dogmáticas. C=
uando
el joven Arcesilao, después de haber seguido, a poco de desembar=
car
en Atenas, el curso de Teofrasto, entró en contacto con Crates y
Polemón, creyó, nos dice, ver en "estos seres divino=
s,
el resta de esa antigua humanidad hecha de una raza de oro". La lu=
cha
entre Arcesilao y Zenón es también forcejeo entre dos
espíritus diferentes. De parte de Arcesilao, es el espíri=
tu
de la cultura sofística y humana. Instruído en
matemáticas y en música, leyendo diariamente a Homero,
familiarizado con Píndaro, adquirió, gracias a sus felices
aptitudes y a esta educación, tal facilidad de palabra y arte de
persuadir, que muy pronto se vió escuchado por numerosos alumnos=
. Nada del estilo calmoso y abarrotado de palabras
técnicas de los estoicos; nada tampoco de su gravedad un poco
pesada: Arcesilao es un bromista acerbo y temible. Su concepción=
de
la enseñanza debía ser muy diferente de la estoica. Los
estoicos son infatigables polígrafos que fijan su dogma en
fórmulas escritas; Arcesilao es un infatigable luchador que acom=
oda
de mil maneras la discusión a la ocasión que se ofre- [pág.
519] ce, un improvisador. También debía apreciar la
palabra viva por encima del escrito mudo. Al igual que Sócrates y
Pirrón, no dejó nada escrito. Por otra parte,
políticamente su actitud es muy distinta de la de los grandes
estoicos; si se abstiene, como ellos, de política activa en la
ciudad, no muestra la misma afición que ellos hacia los poderes
nacientes. Personaje notable en la ciudad por su fortuna personal y por=
su
enseñanza, se aparta de los ofrecimientos que le hace el protect=
or
de los estoicos, Antígono Gonatas, y no tiene relaciones persona=
les
sino con Ecumeno, rey de Pérgamo, sin que se vea en él tr=
aza
alguna del cosmopolitismo estoico.
Est=
as
circunstancias pueden servir para comprender las resistencias que
encontró en él la pública pretensión de cer=
teza
que hacían los estoicos, pretensión que desentona tanto d=
e la
acostumbrada modestia de los filósofos griegos. Todo el
espíritu crítico y analista de los griegos se revuelve, en
él, contra la síntesis definitiva que querían impo=
ner
los estoicos. No sólo les opone Arcesilao el dicho de
Sócrates ("sólo sé que no sé nada"=
;),
sino que encuentra en todos los filósofos la misma hostilidad al
dogmatismo: Empédocles, Anaxágoras, Demócrito,
Heráclito, Jenófanes, Parménides y Platón. =
También
encuentra en la línea de estos antepasados al epicúreo
Colotes, como vimos anteriormente. Hasta con sus adversarios está=
; de
acuerdo para apuntar en el pensamiento griego una tradición
antidogmática.=
&qu=
ot;Por
delante, Platón; por detrás, Pirrón; en el medio,
Diodoro", tal es el retrato compuesto que Aristón da de
Arcesilao. Su manera es la manera libre y regocijada de Platón; =
su
conclusión es la de Pirrón: que el sabio debe suspender su
juicio; pero su método es el del megárico Diodoro: la
dialéctica. El compendio preciso que Sexto Empírico ha
conservado de su discusión acerca de la teoría de la cert=
eza
en Zenón nos muestra, en efecto, el empleo de la dialécti=
ca
en el sentido más preciso de la palabra. Arcesilao no introduce ninguna afirmación, =
sino
que utiliza únicamente las hechas por sus adversarios. Coloc&aac=
ute;ndose
en la hipótesis de los estoicos, es como los refuta.
Los
estoicos distinguen entre la ciencia, comprensión inquebrantable,
que no pertenece sino al sabio, y la opinión, asentimiento
débil, perteneciente al malo, y de la que el sabio está
completamente exento. Entre la ciencia y la opinión se encuentra=
la
comprensión o percepción, asentimiento a una
representación comprensiva; esta percepción, que [p&aa=
cute;g.
520] es cierta, pertenecía al sabio o al malo indistintament=
e. Pero,
según los mismos estoicos, tal comprensión o
percepción es imposible porque, o bien pertenecerá al sab=
io,
y será ciencia, o bien al malo, y será opinión, ya=
que
el malo debe equivocarse siempre. Por otra parte, su definición =
de
la percepción está en contradicción con su
definición del asentimiento porque defienden la percepción
como asentimiento a una representación y, en cambio, dicen que n=
o se
puede dar más que a un discurso y a un juicio. Finalmente, su
definición de la representación comprensiva es una
representación de tal modo verdadera que no pueda convertirse en
falsa, está en contradicción con numerosos hechos que los
estoicos son los primeros en reconocer y exponer en detalle; de donde
resulta que no hay ninguna representación con pretensiones de
verdadera a la cual no se asemje tanto una representación recono=
cida
como falsa, que sea imposible distinguirlas. Sobre este último p=
unto
corre la argumentación escéptica que se transmitirá
casi invariable hasta la primera Meditación de Descartes.=
Conocemos
por Cicerón y San Agustín=
el=
detalle
de esta argumentación que, sin duda, no es totalmente de Arcesil=
ao,
a saber: los errores de los sentidos, los sueños, la embriaguez,=
la
locura, engendran representaciones falsas indiferenciables, para el que=
las
tiene, de las verdaderas. Ha de admitirse que hay, aun en estado normal,
representacines indiscernibles entre sí, por ejemplo: las de uno=
y
otro huevo; siendo una broma habitual, para probarle al sabio que
también él opinaba, procurar que confundiese a los dos
hermosos gemelos.=
Finalmente,
el sorites o argumento del montón quiere mostrar que hay dos ser=
ies
de representaciones de un mismo objeto, tales que no podemos distinguir
precisamente el límite a partir del cual una representació=
;n
ya no es comprensiva: ¿cuántos granos hay que añadir a un grano de
trigo para formar un montón? Con este ejemplo familiar parece ha=
ber
querido mostrar Arcesilao la continuidad perfecta que hay entre la verd=
ad y
el error. =
o:p>
De
aquí deducimos que el sabio estoico se verá obligado a
admitir que tendrá opiniones o habrá de suspender todo
juicio, y, como no admite la primera alternativa, porque el error, la
ligereza y la temeridad son extraños al sabio, sólo le qu=
eda
la segunda.<=
/o:p>
Con=
ocemos
las consecuencias que Pirrón saca de esta abstención: la
inactividad completa, de la que Aristón no podía salir si=
no
arbitrariamente. Y esta consecuencia fundamenta una objeción
presentada muy pronto (como se ve por el ejemplo de Colotes) a Arcesila=
o:
la vida prác- [pág. 521] tica es imposible
según estos principios. Arcesilao, que no es contemplativo ni
solitario, repudia esta consecuencia. La felicidad no existe sino graci=
as a
la prudencia, y ésta consiste en acciones rectas. Para él,
según Sexto Empírico, el fin es la suspensión del
juicio, pero nada indica que Arcesilao haga de ella la razón
positiva de la felicidad.=
Hay,
pues, un criterio o regla (kan≈n) de las acciones voluntarias, au=
nque
no haya criterio de verdad. Se sabe cuán inseparables son para el
dogmatismo estos dos criterios con cuyo enlace se fundamenta, porque es=
te
ser razonable, el hombre, no puede tener inclinación ni, por
consecuencia, acción si su inteligencia no asiente previamente. =
Arcesilao
haber admitido lo contrario: que el hombre puede actuar sin asentir; qu=
e la
acción habitual es de esta clase; y bien se sabe cuánto
habían insistido los sofistas sobre el papel del hábito. =
Pero
Arcesilao no se atiene a ello, sino busca un criterio más precis=
o en
lo que llama lo razonable (JÎ
,Ü8@(@<); "la acción recta, dice, será=
; la
que, una vez hecha, podrá defenderse por su carácter
razonable". ¿Cuál es el sentido exacto de este
misterioso criterio de la acción? No se trata, desde luego, de
semejanza, puesto que ha sido demostrado que las representaciones son t=
odas
de igual valor. Hay que observar, por otra parte, que la definici&oacut=
e;n
de la acción recta (la del sabio) es, palabra por palabra, la que
los estoicos dan a la acción conveniente, es decir: la que el mi=
smo
malo puede cumplir siguiendo las indicaciones naturales. En ella emplea=
n la
palabra eu[logon (eulogon) que Cicerón traduce por pro=
babilis.=
¿No es verosímil q=
ue
Arcesilao, siguiendo en esto la tradición de los maestros de la
Academia y, sobre todo, de Polemón, haya querido tomar como crit=
erio
las inclinaciones naturales, a las que es razonable ceder?
No
conocemos más que algún aspecto de la enseñanza de
Arcesilao, pero quedan muchos restos de su examen crítico de los
demás dogmas de los estoicos, com por ejemplo, la consecuencia
absurda que deduce de su teoría de la mezcla total. Por otra parte, ciertos textos n=
os lo
muestran dispuesto a admitir la teoría de las cosas indiferentes,
pues sostenía, como ellos, la indiferencia al dolor y a la muert=
e. "La
muerte no es un mal sino en nuestra opinión; cuando está
ahí, no hace ningún mal; ausente y esperada es como hace
mal." Para mostrar que la pobreza no era en sí ni buena ni
mala, hacía notar que se presentaba a veces como un bien y a vec=
es
como un mal.=
Esta enseñanza debí=
;a,
según la ense- [pág. 522] ñanza
sofística, dejar amplio margen al virtuosismo. Arcesilao critica=
ba
toda tesis, cualquiera que fuese, y acostumbraba a sostener el pro y el
contra en cada cuestión, no para demostrar la falsedad de la tes=
is,
sino para mostrar la necesidad de buscar más adelante. Pero la f=
orma
literaria que más le gustaba era el diálogo. Según
Cicerón, él fue el primero en volver a usar el tradicional
diálogo filosófico que persiste, a través de
Carneades, hasta el mismo Cicerón, para ser tomado de nuevo por
Plutarco. Es ésta la forma más contraria a la nueva
enseñanza dogmática, lo que bastaría para indicar =
su
radical oposición de espíritu a las enseñanzas
dominantes.=
En =
estas
condiciones no hay razón alguna para creer que Arcesilao reserva=
ra
para sus discípulos una enseñanza dogmática secreta
que no ofrecía sino a los mejor dotados y que hurtaba al
público, "por temor --dice Diocles de Cnido-- de los
partidarios de Teodoro el ateo y de Bión el sofista". Este =
dato
tendencioso de Diocles, que es quizá, uno de sus
contemporáneos, ha sido reproducido hasta la saciedad por autores
posteriores como Cicerón, Sexto Empírico y San
Agustín, quienes, sin duda, habrían visto con agrado que =
la
enseñanza platónica se continuase sin menguas en la Acade=
mia2
(Émile Bréhier: Historia de la filosofía=
,
trad. de Demetrio Núñez, Buenos Aires: Editorial
Sudamericana, 5ta ed.: 1962, vol. I).
|
|
9. Tras los moralistas, Arcesilao, primer jefe de=
la
Academia Media, vuelve a la dialéctica. Esboza el probabilismo, =
cuya
influencia corre hasta el siglo I. El probabilismo es la última
respuesta platónica, la reacción --ya un tanto enfermiza--
que, en nombre de la flexibilidad humanística, se propone contra=
las
rigideces y los dogmatismos abstencionistas e individualistas que se han
venido acumulando. El platónico es siempre un combatiente, un
partícipe de la sociedad. Pero Platón luchaba contra los
sofistas, y los derrotaba con sus mismas armas, por ser el mejor
dialéctico. Ahora han aparecido otras armas que parecen reducir =
el
efecto de la dialéctica. La demostración intelectual puede
poco en contra de las atracciones sentimentales. De aquí que el
probabilismo tenga mucho de transacción entre el ya inevitable
escepticismo teórico y lo que hoy llamaríamos la raz&oacu=
te;n
práctica. Arcesilao había llegado a la Academia con una
revoltura de origen: militante bajo Teofrasto en la escuela
peripatética, se convirtió al platonismo por influencia de
Polemón y de Crántor. Aristón de Quíos dijo=
de
él que era un Platón por delante, un Pirrón por
detrás, y por en medio, un Diodoro (el dialéctico megaren=
se).
Sus maestros representaron todavía el poder, entre la
oposición de las nuevas escuelas. Ahora el poder estaba represen=
tado
por éstas, y a Arcesilao le correspondía el ataque
crítico. Una anécdota puede dar idea de su encono con- [<=
b>pág.
59] tra los que se soñaban poseedores de la verdad absoluta,
hijos ingratos de la sabiduría. Preguntado sobre la causa de que=
los
partidarios de otras confesiones se convirtiesen el epicureísmo y
nunca a la inversa, contestó: --Por lo mismo que los hombres pue=
den
convertirse en eunucos, pero no la recíproca. Contra las pesadec=
es
del estilo estoico, esgrimía gallardamente la vieja espada de su
estirpe: la ágil pulcritud, la facilidad y la verba. No
escribió una línea, prefería la improvisació=
;n,
y movilizaba para ella todas las tradiciones antidogmáticas de
Grecia. Tal vez resultaba anticuado por su escaso paladar para el
comospolitismo reinante. La matemática y la música, Homer=
o y
Píndaro, eran sus estudios familiares. Es tan humorista como buen
dialéctico. Poco propone por su cuenta, si no es la modestia
filosófica. Su ataque contra los estoicos se limita a mostrar las
conclusiones contradictorias de las hipótesis. Pero lleva el
escepticismo en el corazón, como una herida de muerte por donde =
el
viejo platonismo va desangrándose. Su sistema no es más q=
ue
un falso y provisional equilibrio: secretamente, lo minan y corroen la
indecisión, la perplejidad, de que en vano pretende huir con los
vaivenes del diálogo ([pág. 60] Alfonso Reyes: =
La
filosofía helenística, México: Fondo de
Cultura Económica, 1978, pp. 59-60).
|

|
En la misma
época de Timón, el escepticismo reapareció en otra
forma, en la Academia, cuando Arcesilao de Pitana, en Eolia (Asia Menor=
),
sucedió como escolarca a Crates de Atenas. Arcesilao nació
hacia 316/5 y murió a los setenta y cinco años en 241/0. =
Se
inició en Pitana en estudios matemáticos, junto a
Antólico a quien siguió a Sardes. Estudió
música con Janto. No parece que conociese a Pirrón. Llega=
do a
Atenas, frecuentó el Liceo, luego se unió al acadé=
mico
Crántor por medio de quien conoció a Polemón y a
Crates, a quienes admiró mucho. A la muerte de Crates, en 270, f=
ue
designado jefe de la Academia. Devolvió a la escuela el brillo q=
ue
había perdido bajo Polemón. Orador brillante, tuvo muchos
discípulos y su influencia fue grande aunque no dejó
ningún escrito, pues se dedicó enteramente a la
enseñanza oral.
Se citan de él algunos
versos.
Se consideraba fiel
discípulo de Platón, y su pretensión era restaurar=
la
tradición académica, lamentablemente interrumpida por
Espeusipo y Jenócrates. No encuentra en la obra de Platón=
el
dogmatismo introducido en ella por los escolarcas posteriores. Seg&uacu=
te;n
Arcesilao, Platón no enseñó una doctrina muerta, no
quiso imponer opiniones. El fruto de la discusión platóni=
ca
es la duda, la suspensión del juicio, la completa libertad de
espíritu, idéntica a la beatitud y que se confunde, acaso,
con el soberano bien. Pero Arcesilao no critica solamente a los
platónicos infieles a su maestro. Ataca vivamente a los estoicos,
que replicaban con violencia, y su enseñanza parece haber sido un
=
fuego graneado de sarcasmos contra todos los dogmatismos; entre sus
contemporáneos, sólo dispensaba favor a Epicuro. Es
difícil reconstruir la polémica de Arcesilao, que
recayó sobre todas las partes del estoicismo. Y más
difícil aún es representarse el contenido de su
enseñanza positiva, si que que dio alguna, como parece indicar
Cicerón.
Para los estoicos, como s=
e ha
visto, todo conocimiento proviene de un choque ejercido sobre el alma p=
or
los objetos percibidos. Así nace una representación. Algu=
nas
representaciones son comprehensivas, es decir, llevan en sí una
evidencia interna que las impone al espíritu en forma inmediata.=
Pero
el espíritu tiene la facultad de aceptar o no la
representación comprehensiva, de darle o de negarle su asentimie=
nto.
Arcesilao ataca a la vez la teoría de la representación
"comprehensiva" y la del asentimiento.
¿Por qué me=
dio,
dice, distinguiremos la representación evidente o
"comprehensiva" de la que no lo es? No existe ningún
indicio, ningún criterio seguro que permita esa distinció=
n.
Lo que es evidente para u=
no, no
lo es para otro. Un ebrio, un enfermo, un loco, un alucinado, tienen
representaciones tan evidentes, a su propio parecer, como las del hombre
sano o normal. Hércules enfurecido atravesó con sus flech=
as a
sus propios hijos, a quienes, en virtud de una representación
comprehensiva, tomó por los de su enemigo Eurístenes. Lo =
quee
algunos estoicos añaden a la representación comprehensiva=
, el
acuerdo con un conjunto, la recta razón, no (p. 357) es una garantía más sólida; =
un
loco delira sobre el conjunto tanto como sobre el detalle. No existe
evidencia inmediata; toda evidencia es el resultado de un trabajo compl=
ejo
del espíritu.
La teoría del
asentimiento no hace sino complicar inútilmente las cosas. O bie=
n el
sabio da su asentimiento a un conocimiento verdadero y en tal caso
bastaría la evidencia, el asentimiento es, pues, superfluo; o bi=
en
da a la ligera un asentimiento a una representación cuya verdad =
no
aparece y el asentimiento designa solamente un juicio arbitrario y
precipitado; no hay en ello sino una opinión, y el estoico se
contradice, porque no quiere opiniones. Mucho más aún, la
misma noción de representación comprehensiva es
inútil; el asentimiento débil se llama opinión, el
asentimiento fuerte se llama ciencia. Entre ambos, ¿cuál
puede ser el lugar de la representación comprehensiva?
Hay que superar, pues, el estoicismo. Según l=
os
estoicos, el sabio no juzga cuando no hay representaciones comprehensiv=
as. Suspende
su juicio. Pero si se no existen representaciones evidentes, está
claro que la suspensión del juicio (epoje) se recomienda =
en
todos los casos, aun frente a una pretendida evidencia. El hombre no pu=
ede
saber nada, ni aun que no sabe nada.
Esta crítica de la
lógica estoica va acompañada en Arcesilao de una apretada
discusión de la moral de Zenón y Cleantes. Zenón
objeta la doctrina de la epojé. Suspender perpetuamente el juici=
o es
condenarse a la inacción. ¿Cómo podrá decid=
irse
el escéptico? Arcesilao responde: Estará obligado a juzga=
r de
acuerdo con lo que parece razonable (eulogon), no sin exponerse =
a un
error, que tratará de reducir limitándose a realizar los
actos indispensables. Por el eulogon no disponemos jamás sino de=
una
probabilidad, y se necesita toda la vanidad estoica para transformar ese
juicio probable en una verdad asegurada. La moral se reduce a elegir con
prudencia el acto más razonable en cada situación particu=
lar.
Por ello, la distinción hecha por los estoicos entre lo convenie=
nte,
lo que puede ser justificado razonablemente y el resultado de un
asentimiento, entre el kathekon y la katorthoma, no tiene
sentido. Lo que enfáticamente se denomina una acción rect=
a,
no es otra cosa que una acción que está de acuerdo con la
prudencia, o la más razonable en un caso dado.
Arcesilao parece haber
restaurado así una especie de equivalente probabilista del
dogmatismo. Cicerón afirma que poseía una enseñanza
positiva que reservaba para los iniciados. Sin duda era un platonismo
más o menos suavizado y reducido a una prudencia práctica
bastante chata (p. 358 [Albert Rivaud: <=
span
lang=3DES-TRAD style=3D'font-family:BOOKMAN;mso-ansi-language:ES-TRAD'>=
Historia
de la filosofía. Desde los orígenes hasta el escolasticis=
mo, t=
rad. de
Ángela Romera Vera y Marta Elena Samatán,=
Buenos
Aires: Editorial Kapelusz, 1962, vol 1, pp. 357-=
358]).
|

|
=
2.1
Arcesilao. Nacido en Pitanea (Eolia), h. 316/5-241/40, antes de pas=
ar a
la Academia había escuchado las lecciones de Teofrasto en el Lic=
eo. En
la Academia asistió a las enseñanzas de Crantor,
Polemón y Crates. En el 268/4 sucedió, como escolarca, a
Crates. Con su dirección llevó a la Academia a un cierto
esplendor.=
o:p>
=
Al
parecer, no escribió textos filosóficos. Para acercarnos =
a su
pensamiento hay que recurrir a D. Laercio, Filodemo de Gadara,
Cicerón (Acad. post.), Sexto Empírico (Hyp. Pyr=
r.;
Math.) y a Suidas. Arcesilao encandilaba a la juventud con sus
discursos encedidos y de hábil elocuencia. Con él se
inició el enfrentamiento de los académicos contra los
estoicos; enfrentamiento que sería el pan nuestro de cada d&iacu=
te;a
durante aproximadamente dos siglos. En particular, refuta la teor&iacut=
e;a
del conocimiento de Zenón. [pág. 544]
=
Si
damos crédito a Cicerón, Arcesilao se inspiraba --al menos
"metodológicamente"-- en Sócrates: "Ante t=
odo,
Arcesilao comenzó (pues ha sido esencialmente socrático)
--dice Cicerón-- no a manifestar cuál era su propia
opinión, sino a disputar en contra de la opinión que
expresaba cada uno" (De orat. III, 18, 67). Y en Acad.,
dice: "Arcesilao negaba, por lo tanto, la existencia de alguna cosa
que pudiera saberse: ni aun aquella única que Sócrates se
había dejado (el saber que no sabía nada). Y consecuentem=
ente
con estas consideraciones, obraba de tal modo, discutiendo contra las
opiniones de todos, que hacía cambiar de opinión a muchos=
, de
manera que demostrando que se hallan equilibradas las razones en sentido
contrario sobre los mismos argumentos, se lograba obtener más
fácilmente la suspensión del asentimiento por ambas
partes" (I, 45).
=
Con
Arcesilao se puede decir que se filtra en la Academia el escepticismo;
espíritu éste al que coadyuva no poco el propio dogmatismo
mostrado por los estoicos contemporáneos, pues la postura de
intransigencia para con semejante dogmatismo le hace caer a él, =
por
contra, por la pendiente del escepticismo, si bien moderado. Se trata d=
e un
escepticismo en el que salen a colación aspectos
gnoseológicos, pues en teoría del conocimiento no s&oacut=
e;lo
se opone al platonismo anterior y a los peripatéticos, sino
también al escepticismo pirrónico, y, por supuesto, a los
estoicos: de Zenón ataca la teoría de la fantasía
cataléptica, argumentando Arcesilao que, contra la afirmaci&oacu=
te;n
de Zenón de que se da cierta modalidad de representaciones por
sí mismas evidentes y por ello válidas para que en ellas =
se
sustenten otras representaciones, no se puede demostrar por nosotros la
correspondencia --que Zenón da por existente-- entre una
representación y lo representado; o, lo que es lo mismo, la
correspondencia entre la realidad y el pensamiento.
=
"Arcesilao
--escribe G. Fraile-- no tiene relación directa con el esceptici=
smo,
sino que (su escepticismo) responde al desarrollo dentre del platonismo=
. Platón,
como su maestro Sócrates, había hecho un amplio uso de la
dialéctica en su lucha contra los sofistas. Además, si
profesaba una actitud de certeza absoluta respecto a la existencia del
mundo superior de las Ideas, abrió el camino al escepticismo al =
no
conceder valor de conocimientos verdaderos y ciertos a las percepciones=
de
los sentidos". Hay que reconocer que Arcesilao se cuida de no caer ne el
escepticismo extremado cuando admite un criterio de verdad --aunque
ciertamente un tanto vago para la vida práctica: lo "raz=
onable"
o verosímil. Está, pues, en contra de un criterio de
conocimiento de evidencia absoluta e [pág. 545]
incuestionable. Por admitir precisamente esta digamos forma de conocimi=
ento
menguada, se diferencia el escepticismo académico de Arcesilao d=
el
escepticismo pirrónico o escepticismo antiguo.
=
Por el
uso de la dialéctica, llega a la conclusión, derrotista, =
de
que, ni a través de los sentidos ni por la razón, podemos
conocer la esencia de las cosas. Por los sentidos únicamente nos=
es
dado extraer representaciones subjetivas; y como quiera que la
razón, para elaborar sus juicios, se ha de valer de lo aportado =
por
los sentidos, tampoco ella merece confianza absoluta.
=
Desde
este escepticismo en materia gnoseológica, ¿qué
esperanzas quedan para dilucidar la objetividad en una acción mo=
ral?
Rigurosamente, ninguna, responde Arcesilao. Para obrar, habremos de
atenernos simplemente a lo que aparece como más sensato o plausi=
ble
("según aquello que puede decirse razonablemete"). &qu=
ot;Pero
como después de esto era necesario indagar también en la
conducta de la vida, que no puede darse sin un criterio de verdad, del =
cual
también la felicidad, es decir el fin de la vida, pueda obtener =
la
confianza, indecisa antes, dice Arcesilao que quien suspende el juicio
sobre todo, regulará elecciones, repudios y acciones en general =
con
el criterio de lo plausible, y procediendo de acuerdo a este criterio
obrará rectamente, pues por medio de la prudencia se logra la
felicidad, y la prudencia se halla involucrada en el dominio de las
acciones rectas, y la acción recta es aquella que, realizada, ti=
ene
una justificación plausible. Quien se atiene a lo plausible, pue=
s,
obrará rectamente y será feliz" (Sexto Empíri=
co, A.
M. VII, 158). Aun con esta cuatela, no podemos evitar el error; por
eso, lo más acertado será reducir al mínimo las
acciones de signo moral; practicar la suspensión del juicio o epojé.
A
Arcesilao le sucedieron como escolarcas: Lacides de Cirene, Telecles,
Evandros, Hegesinos de Pérgamo; probablemente cercanos todos ell=
os,
en lo que a orientación doctrinal se refiere, a Arcesilao. A
Hegesinos le sucedió Carnéades ([pág. 546]
Jesús Álvarez Calle: La Filosofía en Grecia y e=
n el
Imperio Romano, Madrid, 1988).
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a) Arcesilao
Según Arcesilao (12) la actitud fundamental del sabio en lo moral es la ¦B@PZ, la suspensión del juicio. En es=
to,
como en todo se mueve dentro de los supuestos y conceptualizaciones de =
los
estoicos con cuyo dogmatismo constantemente polemiza. Según
Cicerón (13) "Zenón declaraba fuera de la verda=
d y
de la sabiduría, el error, la precipitación, la ignoranci=
a,
el prejuicio, la conjetura, en suma, todo lo que es extraño a un
asentimiento firme y constante". Ahora bien, como el asentimiento es volun- [p&aac=
ute;g.
233] tario, el sabio no debe darlo sino a las representaciones
comprensivas, que son la base del conocimiento absolutamente cierto. Se=
ría
indigno del sabio dar un asentimiento a cosas que no lo merecen y
tendría que pasar por la vergüenza de desdecirse. Es precis=
o,
pues, abstenerse respecto de las cosas que no ofrecen esa garantí=
;a
de total certeza. En todo esto está conforme Arcesilao (14). Pero como Arcesilao ha rechazado la doctrina =
de
las representaciones catalépticas o comprensivas, para él=
nada hay cierto, nada sabemos, =
ni
siquiera que no sabemos nada, por tanto, hay que extender la epoj&eacut=
e; a
todo, y quedarnos en ella como única posible actitud honrada y
digna. Por eso dice Sexto Empírico que para Arcesilao "el f=
in
es la abstención del juicio, a la cual, según nosotros, h=
ay
que añadir la impertubabilidad, y dice que son bienes las
abstenciones particulares; males, los asentimientos particulares... que=
la
abstención del juicio es lo bueno; el asentimiento, lo malo"=
; (15).
Algunos historiadores modernos=
(16) creen que estos textos atribuyen a Arcesilao un
dogmatismo embozado poco conforme con la actitud escéptica
totalmente negativa del
fundador de la Academia Media. A mi entender cabe una interpretaci&oacu=
te;n
de acuerdo con su posición. Pero de la universalidad de la
epojé surge la gran dificultad que salía al paso de todo
escéptico. A la duda total del entendimiento parece que ha de se=
guir
la total indecisión de la voluntad, y que el escéptico, c=
omo
hombre, ha de permanecer totalmente inactivo por carecer de criterio
justificado para la acción. Sin embargo, Arcesilao sale de la
dificultad aprovechando los elementos mismos que los estoicos le dan en=
la
discusión, y encuentra la solución en el recurso a lo
razonable. Hay a este propósito un texto concreto de Sexto
Empírico: "Después de esto era preciso ocuparse de lo
que respecta a la conducta de la vida, la cual exige no carecer de un
crite- [pág. 234] rio en el cual se funde nuestra confian=
za
relativa a la consecución de la felicidad.
"Arcesilao declara a este
respecto, que el que suspende universalmente su aentimiento podrá=
;,
no obstante, tener una regla para lo que quiera escoger o lo que quiera
evitar y, en general, para sus acciones, recurriendo a lo razonable (=
span>JÎ ,Ü8@(@<) procediendo, según es=
te
criterio, obrará bien; en efecto, la felicidad se obtiene con la
prudencia, y la prudencia se ejercita en las acciones rectas; ahora bie=
n,
acción recta es aquella que una vez llevada a cabo, se justifica
como razonable, aquél, pues, que recurre a lo razonable
obrará rectamente y conseguirá la felicidad" (17).
Según los crític=
os
más recientes, esta doctrina de lo razonable (JÎ ,Ü8@(@<) --paralela, aunque no
idéntica a la de lo probable (JÎ
B42"<`<) de Carneades--
no es doctrina positiva de Arcesilao, sino más bien una especie =
de
argumento ad hominem que utiliza en su crítica negativa de las
doctrinas estoicas. En efecto, tenía que basarse en la verdad ci=
erta
y se lograba cuando el sabio procedía de acuerdo con el logos
universal, admitían una especie de moral secundaria, que se daba=
en
el hombre común y aun a veces en el mismo sabio --cuando no era
posible en un criterio inmediato de acción que puede ser, cuando=
la
vida apremia, la misma conveniencia fundada en el mecanismo de los
impulsos, necesidades e instintos. A este criterio inmediato llamaban l=
os
estoicos lo razonable (es decir, lo que parece mejor). Arcesilao sostie=
ne
que, al negar toda certeza y proclamar la abstención universal, =
no
por eso está obligado a la inacción, sino que tambi&eacut=
e;n
era admitido por los estoicos cuando no podían conseguir la cert=
eza.
Plutarco, en un pasaje de su obra Adversus Colotem (18) confirma esto al atribuir a los académi=
cos
la afirmación de que para obrar no es necesario el asentimiento,=
y
basta el deseo institivo cuando dice que son tres los movimientos [pág. 23=
5]
del ánimo: la representación, el deseo y el juicio o
asentimiento. Y que los dos primeros son imprescindibles para la
acción, pero no el tercero ([pág. 236] Manuel
Mindán Manero: "El fundamento de la conducta en el esceptic=
ismo
griego", Revista de Filosofía. Madrid: Consejo Super=
ior
de Investigaciones Científicas, vol. XV (1956), pp. 227-242).
12 Nació en Pita=
na
(Eólida) en el año 315 y murió de escolarca de la
Academia hacia 240 a. C.
13
Cic. Varr. XI, 42.
14. "Arcesilao opi=
na, de
acuerdo con Zenón, que la más alta virtud del sabio consi=
ste
en guardarse de toda sorpresa y en evitar el engaño". Ci=
c. Lucull. XX. "Nada hay
más vergonzoso, según Arcesilao, que anteponer nuestro
asentimiento y aprobación a la percepción y al
conocimiento". Cic. Varr., 12.
15.
Sext. Emp. H. P. I, 232-233.
16
Credano, Robin, Dal Pra.
17
Sexto Emp. Adv. Math. VII, 158.
18 Plutarco, Adv. Col. XXVI, 5-8.
|
Enlace con otra Pá=
gina
dedicada al
"Tenebroso y giboso, que entre oscuridad celaba sus conceptos"<=
/span>
h=
ttp://www1.uprh.edu/rsoto/arkesilaos.htm

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