La Fragua


Trompeta de Dios --------------

No robarás…

          Es el séptimo mandamiento de la Ley de Dios.  Sin embargo hoy día se le olvida con intención o sin ella, ya que muchos niños y jóvenes están creciendo con el mal ejemplo de sus padres que los llevan por esta senda de perdición. No olvidemos que el niño aprende por lo que le decimos de palabra, pero más practica lo que nos ve hacer a nosotros, aprendiendo así más rápidamente con nuestro ejemplo.  Es deplorable ver como inclusive algunos adultos se valen de los niños para cometer los robos, que ellos saben irían a prisión si fueran arrestados; y como saben que para el niño o adolescente es sólo una falta, lo usan sin ningún reparo.

            Hoy en día también vemos el lastimero estado en que se encuentran los mismos gobiernos, ya no se postulan con la recta intención de servir, sino de servirse ellos con la cuchara grande del robo y la corrupción.  Da tristeza ver como solo un puñado de servidores públicos todavía dan el ciento por uno en su gestión pública, siendo estos ahogados por el pillaje y la corrupción que practican los demás.  Esta conducta negativa y pecaminosa es el ejemplo que se le sirve al pueblo, que ya de sí va quebrantado por tanto pillaje y desamor que le arropa.

            Contra esto San Antonio María Claret nos escribió en su libro “Camino Recto” sobre los  Ayes del mal ladrón:               

           ¡Ay cristiano que me imitas en los robos!...¡Ay!  Mírame...  ¿No ves? ... Pues éstas son las penas que te aguardan si no dejas el vicio de hurtar.  No te alucines; entiéndelo de una vez para siempre: no sólo son ladrones y penan aquí conmigo los que roban en los caminos, sino también los que faltan a la buena fe en las compras y ventas, no dando lo justo o estafando, y también los usureros, los que causan daño a terceros con sus gastos y pleitos injustos, o no pagan las deudas.  ¡Ay de ti!  ¡Ay de ellos!  Pues si no os confesáis y no restituís

lo ajeno, vendréis..., ¡qué horror!..., a arder aquí conmigo...

No robarás  

 

 

Remedios para curar el vicio de Hurtar

1.     No quieras para otro lo que no quieras para ti.  Ya que a ti no te gusta que nadie codicie o te quite lo tuyo, juzga si querrá tu prójimo que tú codicies o le quites lo que es suyo.

2.     Piensa a menudo que Dios mira tus manos y tu corazón, y que los ladrones serán arrojados a la hoguera del infierno.

3.     El quitar lo ajeno engendra la pobreza, porque lo mal adquirido es causa de que se pierda lo bien adquirido; por ello vienen enfermedades, pérdidas y toda clase de males, y, por fin, y a la postre, el infierno.  Y ¿de qué sirve adquirir todo el mundo, si llevan el alma a los demonios?

4.     Haz limosnas, porque así como el quitar lo ajeno engendra pobreza, el dar limosna de lo propio es fuente de riqueza.

5.     Así pues, cada día, según tus facultades, harás alguna limosna no por vanidad o ambición, sino para socorrer las miserias de tu prójimo.  Por hacer bien no te ensalces, pero tampoco debes avergonzarte por ello; quiero decir que ni lo hagas por ser visto, ni porque te miren cuando lo hagas, dejes de hacerlo.