La Fragua


Así era su vida------

Apostolado Mariano

          Además de sus prédicas, sus obras caritativas y los encargos de la Reina, el Arzobispo Claret ejerció los trabajos apostólicos necesarios.  Continuó con sus colegas la operación de la Editorial Religiosa, publicando obras buenas y necesarias, bien imprimidas, a precio moderado.  Fue la mayor editorial católica en España durante la época en que la prensa seglar, dominada por los liberales, atacaba ferozmente la Fe.  Solamente el 25% de la población podía leer, y el Arzobispo Claret vio necesidad de tomar una contra- ofensiva.

          La Editorial publicó cuatro millones de ejemplares de sus folletos y libros desde su fundación hasta 1866.  El Arzobispo Claret buscó buenos autores, donó libros y muchas obras, de acuerdo a las necesidades de su apostolado.  Entre las más importantes de sus 120 obras escritas estaba un catecismo castellano y un manual para seminarios.

          La Santísima Virgen le ordenó una vez: "¡Antonio, escribe!" Cinco veces oyó la voz de Jesús o de la Virgen, diciéndole que había escrito bien.  La historia deja constancia también del éxito de las obras del Arzobispo Claret, ya que los españoles dan testimonio de su fe, sobre la cual influyeron en gran parte los escritos y publicaciones de San Antonio María Claret, hombre prodigiosamente activo, que con sus millares de sermones de una extraordinaria calidad popular, re-cristianizó a toda Cataluña.

          En 1856, proyectó la Academia de San Miguel, y la estableció con gran éxito.  El objeto de la Academia fue congregar a los escritores y artistas católicos, asistiéndolos en procurar la inspiración de Dios para sus obras.  Los miembros prometían tratar de revelar la gloria de Dios en sus obras, y promover el beneficio moral del público.  El Arzobispo Claret atrajo un grupo de personas ricas e influyentes para patrocinar esta importante causa apostólica.  Hoy en día se considera la Academia de San Miguel como precursora de la Acción Católica moderna.

          El Arzobispo Claret consideró siempre que las congregaciones religiosas habían sido víctimas de persecución durante las revoluciones del siglo XIX, y como creía que constituían una fuerza poderosa de la Iglesia Militante, las ayudaba desde su lugar en la corte.  Ayudó a los Capuchinos, los Dominicos y Vicentinos, en parte los Benedictinos, Jesuitas, Redentoristas y Pasionistas.

          Ayudó también a los conventos de monjas, algunos cuyas fundadoras había aconsejado, como la Madre Joaquina de Vedruna de Más, quien fundó en Vich la orden de las hermanas Carmelitas de la Caridad.  El Arzobispo Claret fue Padre espiritual de esta institución y su propia hermana tomó el hábito allí.

          Dio asistencia también a Micaela Desmaisieres, Vizcondesa de Jobalán, que envió al Arzobispo Claret la constitución de las Adoratrices del Bendito Sacramento, congregación que quería fundar.  El Arzobispo Claret fue director espiritual de esta orden y dio ejercicios espirituales a las religiosas y niñas abandonadas que protegían.  Sor Desmaisieres fue canonizada por el Papa Pio XI el 4 de marzo de 1934.  La Madre Joaquina Vedruna fue canonizada por el Papa Juan XXIII.  Obtuvo el reconocimiento de su propia congregación, los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, tanto del gobierno español como de la Santa Sede.  De Roma obtuvo el derecho para su congregación de celebrar la fiesta del Inmaculado Corazón de María.